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El auge del “offset” indirecto

Todos somos conscientes de que las inversiones militares presentan grandes dificultades de entendimiento por el conjunto de la sociedad, que visualiza otras prioridades para dedicar los recursos públicos. En el caso de la defensa y la seguridad es muy difícil tener una percepción de inseguridad que impulse socialmente las compras militares y, a menudo, cuando ya se tiene esa percepción, es demasiado tarde. Muchos países han utilizado el offset como un mecanismo para justificar inversiones militares y, sobre todo, para contribuir al desarrollo económico, industrial y tecnológico de una nación y esto es tanto aplicable a los países desarrollados como, sobre todo, a aquéllos que carecen de una infraestructura industrial potente para acomodarse al offset directo.

 

Si analizamos la evolución histórica de los países que han venido desarrollando políticas de offset en las últimas décadas, se puede observar una tendencia natural desde la preeminencia del indirecto a una casi concentración de las prioridades en el directo. Las razones son variadas, pero sin duda la principal es la creciente necesidad de garantizar el soporte a los sistemas adquiridos. Todos somos conscientes de que el mantenimiento de un sistema genera un coste a las arcas públicas que excede el valor de compra, y en algunos casos lo duplica. La escasez presupuestaria para defensa en muchos países desarrollados ha llevado a este proceso de transferencia del offset desde el indirecto al directo.

 

En la actualidad, y una vez que muchos países, especialmente europeos y algunos emergentes como Turquía, Corea o Singapur, están reclamando una participación o, más bien, contenido local, los gobiernos impulsan a las empresas para que alcancen acuerdos de coproducción o subcontratación con firmas locales. Sin embargo, este tipo de acuerdos exige una total confianza de las fuerzas armadas en la industria nacional para asegurar que no se producirán alteraciones o problemas en la ejecución del contrato principal. Además, dificulta mucho la aplicación de penalidades por incumplimiento, ya que nos encontraríamos con problemas mayores en la propia ejecución del contrato principal.

 

El offset indirecto presenta varios significativos inconvenientes para las partes afectadas. Para las fuerzas armadas y agencias militares en ese ámbito, porque les obliga a tratar con un contenido de offset que desconocen y para el cual necesitan un gran conocimiento de la economía y la industria civil. Para la otra parte presenta un doble problema, pues debe buscar a un sponsor o a una tercera persona que tenga el conocimiento, el producto o la necesidad para cumplir y tiene que pagar por ello un precio. Mientras que permanezca el offset en el ámbito de las capacidades del obligor, tiene un coste interno, pero no implica un cash out. En el caso de tener que pagar a un tercero impactará sobre la cuenta de resultados del programa.

 

Teniendo en cuenta estas circunstancias, también hay que decir que el offset indirecto abre un abanico de oportunidades mucho mayor. Su principal beneficio es que permite adquirir determinados activos o capacidades que no están en el mercado. Es decir, por muchos recursos que puedan disponer, nadie está dispuesto a vender determinadas actividades o capacidades o a menudo es que simplemente no están en el mercado. En los últimos años hemos visto en los grandes importadores de sistemas de armas un regreso al offset civil, lo que está relacionado con la complejidad de los sistemas que se adquieren. Es evidente que la tecnología de los países más desarrollados avanza mucho más deprisa que la capacidad industrial de los que están en desarrollo.

 

De esta manera, para las naciones de Oriente Medio que adquieren cazas de última generación, pensar en adquirir determinadas capacidades industriales o relacionadas con el software resulta imposible, dada la carencia de suficiente conocimiento al interior del país. Así, muchas naciones para sus principales adquisiciones están generando grandes proyectos de offset, que resulten emblemáticos y generen suficientes externalidades para la asignación de fuertes multiplicadores; que es el principal incentivo que tienen las empresas para apostar por un offset de mayor calidad.

 

En la reciente conferencia de otoño de la Asociación Global de Cooperación Industrial celebrada en San Diego se ha puesto de manifiesto esta nueva realidad. Por una parte, cada año más de diez países se incorporan al club de los que requieren compensaciones industriales, económicas o tecnológicas por sus compras gubernamentales. Esto es especialmente significativo en el caso de África. Sin embargo, debemos admitir que son muchos los que, ante la eventualidad de grandes compras militares, incluyendo a naciones desarrolladas, están regresando al offset indirecto. El caso de Malasia, intenta recuperar posiciones perdidas en el mercado del aceite de palma y el de India promoviendo las exportaciones de capacidades industriales y de ingeniería.

 

En la conferencia, asimismo, se expusieron las políticas de países dentro de la Unión Europea que no renuncian, ni mucho menos, a exigir compensaciones económicas por las compras militares, argumentando el interés que supone disponer de capacidades industriales asociadas a la seguridad y defensa del país. En definitiva, el offset indirecto está en auge de nuevo, lo que supone un reto para los países compradores y, sobre todo, para las compañías proveedoras, que deben ser mucho más imaginativas a la hora de elaborar sus propuestas para ser adjudicatarias de los contratos y no resultar penalizadas.

 

Por Enrique Navarro

Presidente MQGloNet


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