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Capacidades militares: El auge de China y el declive de Europa

El próximo año se producirá un hecho que es el resultado de la revolución estratégica a la que el mundo asiste desde el comienzo de este milenio. En 2020, el PIB de China superará al de la zona euro, lo que no ocurría desde el siglo XVI y, lo que es más relevante, el área del Pacífico englobará más de la mitad de la economía mundial. Al final de siglo, la fragmentada Europa acumulará apenas el 10 por ciento del PIB (Producto Interior Bruto) mundial.

El crecimiento económico, estratégico y militar chino nos ha llevado a una situación de una amenaza muy superior a la de la Unión Soviética, que se basada en exclusiva en su fuerza militar. China hoy no es sólo la segunda potencia militar del mundo, sino que, por sus desarrollos tecnológicos y una gran capacidad inversora, comienza a rivalizar con la militar, industrial y comercial de los Estados Unidos. Pero lo preocupante para los europeos de esta situación no es una posible confrontación entre China y Estados Unidos, sino que ambos se pudieran unir para un reparto de influencia a nivel global, lo que resulta más probable.

En lo que va de siglo, la economía mundial ha crecido un 75 por ciento; frente al 82 del periodo 1980-2000 y a un 142 de 1960-80. Pero el dato significativo es que en los años sesenta y setenta el 75 por ciento de ese crecimiento se produjo en Occidente. En este siglo, el 60 por ciento del crecimiento global se ha basado en los denominados países emergentes y subdesarrollados, lo que ha llevado a reducir la pobreza a sus niveles mínimos de la historia, lo que sin duda es una excelente noticia en aras de la seguridad global.

Para las próximas dos décadas, el 80 por ciento del crecimiento se concentrará en economías emergentes y subdesarrolladas. Esto significará que el peso de la economía europea sobre el global se reducirá hasta el 10 por ciento del total mundial, cuando en 1935 era del 45 de la economía. En lo que va de siglo, las economías más pujantes entre las grandes fueron China, que multiplicó por cinco su PIB, e India e Indonesia que lo hicieron por tres. A comienzos de 2000, el peso de la economía china sobre la global era del 4,5 y hoy ya supera el 13.

Si nos centramos en las economías occidentales, las más dinámicas fueron Estados Unidos, cuyo PIB creció un 46 por ciento, Australia un 67, Canadá un 58, Corea del Sur un 94, Rusia un 81 y Reino Unido un 37. Por el contrario, Japón apenas registró un 16; Italia un 3,4, el verdadero talón de Aquiles de Europa; Francia un 25, Alemania un 26 y España un 33. El segundo dato significativo es la evolución de la población y en este caso tenemos buenas y malas noticias.

La buena es que, a partir de 2050, la población mundial comenzará a reducirse. No parece que pasaremos el listón de los 10.000 millones de terrícolas y eso sin duda supondrá un relajo sobre el medio ambiente y la explotación de recursos naturales. La contrapartida será el envejecimiento: un tercio de la población a finales de siglo tendrá más de 70 años y sólo habrá otro tercio en edad de trabajar. Esperemos que la tecnología supla esta deficiencia, aunque en esto la alegría también irá por barrios.

Aunque pensamos que las economías en desarrollo, y en especial las de África y el mundo árabe, mantienen altas tasas de natalidad, lo cierto es que pasar de los cuatro hijos a menos de dos costó en Estados Unidos 150 años; y en Filipinas apenas veinte, y esta revolución de la natalidad en África y el mundo árabe será la que nos traiga un nuevo periodo de la historia de reducción de la población, sin que haya intervenido en este caso la naturaleza.

La mala noticia es que este reparto del descenso poblacional no es uniforme, y castigará a las economías más desa­rrolladas. Mientras que Nigeria alcanzaría los 700 millones de habitantes en 2100 e India será en país más poblado en apenas dos décadas. Sólo algunos países desarrollados mantendrán crecimientos relevantes, como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia. El desierto demográfico afectará a Japón, que perderá el 40 por ciento de su población a final de siglo, pasando de 127 a 75 millones. China también perderá casi 400 millones de habitantes, un 25 por ciento, lo que unido al envejecimiento de su población traerá nuevas tensiones internas, aunque relajará las ambiciones exteriores.

En Europa, España e Italia se llevan la palma. El primero perderá 14 millones de habitantes, llegando a los niveles de 1965, e Italia disminuirá su población en 21 millones. Alemania acabará el siglo más cerca de los 70 millones de habitantes y sólo Francia y los países nórdicos mantendrán su población en los términos actuales. Muy significativa es la reducción acelerada de la natalidad de los musulmanes en Europa, que va camino de igualar a la media europea en apenas una generación.

Todos estos desequilibrios también vendrán acompañados de los nuevos posicionamientos en las capacidades militares. China gastará en Defensa en 2020 más que toda la Unión Europea y está incorporando material, como nuevos misiles nucleares hipersónicos, submarinos, portaviones, destructores y aviones de combate a un ritmo muy superior al de Estados Unidos.

Aunque el gigante norteamericano, con un gasto militar en 2020 de 760.000 millones de dólares, capitaliza más del 50 por ciento del gasto mundial militar, China se encontrará en condiciones de amenazar nuclearmente a todo el Globo y tendría una clara supremacía regional sobre sus vecinos, lo que le permitiría expandirse por las aguas del mar de China y acceder al petróleo que tanto necesita para mantener su economía y crecimiento. Si China se lanzara a una guerra convencional en Asia, Estados Unidos no tendría ninguna capacidad de victoria.

La defensa europea todavía será más irrelevante que su posicionamiento económico. Las capacidades militares están disminuyendo de forma drástica y la salida del Reino Unido dejará el liderazgo militar a Francia, que siempre ha tenido una visión muy particular de su política de defensa. Con el Brexit, la defensa europea morirá de inanición económica y política y quedará a merced de los devaneos de Rusia y Estados Unidos. En definitiva, el mundo que hemos conocido en las últimas tres generaciones ha muerto y no sabemos qué está por venir.


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