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La modernización de la Armada Argentina

Las dimensiones y complejidad de los escenarios marítimos y fluviales de Argentina, en los que la Fuerza Naval debe cumplir con las responsabilidades de vigilancia, exploración y control de una enorme superficie acuática, generan una gran exigencia en cuanto a la capacidad necesaria para satisfacer dichas tareas.

Se precisa el desarrollo de un grupo naval que pueda asumir las tareas de control y mando, con una moderna capacidad de defensa antisuperficie, antiaérea y antisubmarina, llevar adelante operaciones tácticas de ataque, la exploración y defensa aérea de la Flota, las operaciones y proyección a tierra del poder de la Infantería de Marina, obviamente con medios muy limitados ante la falta de un buque específico para ello. Asimismo, la institución debe atender los objetivos emanados de convenciones internacionales en lo que respecta a la búsqueda y salvamento marítimo.

Además, la presencia de más de una docena de asentamientos nacionales en el Continente blanco implica vigilar extensiones inconmensurables de mar. El compromiso logístico hacia la Antártida explica movilizar miles de toneladas de insumos y abastecimientos, trasladar a efectivos humanos y distribuir esos elementos a cada una de las bases, que esperan los suministros que mantienen el cordón umbilical con la superficie continental. Todo este panorama debe concretarse en medio de cambiantes condiciones ambientales, que afectan a todos los operativos. Para completar el escenario, algunas bases están ubicadas en sectores de difícil acceso, exigiendo particulares habilidades y procedimientos para efectivizar los abastecimientos en tiempo y forma.

Tras muchos años sin la presencia activa y determinante del rompehielos ARA Almirante Irizar,  que fue dañado por un voraz incendio que lo envió a astilleros nacionales, regresó al servicio activo por medio de un  esfuerzo de actualización de sus capacidades técnicas y operativas, en lo que se consumieron muchos millones de dólares. A la espera de nuevas y necesarias plataformas, la única entrega inminente de nuevo material es, por el momento, la de lanchas rápidas de interdicción producidas por Israel Shipyards, que prestarán en breve servicio con la Prefectura Naval Argentina.

OPV y la Flota de Mar

Hace varios ejercicios que la Fuerza pretende incorporar unos simples navíos de patrulla y vigilancia, los OPV (Offshore Patrol Vessel), pasando de adquirir el diseño de un buque para producirlo en el país, que fue confinado por un escándalo de corrupción, entrando el programa en una nebulosa interminable. Las nego­ciaciones con astilleros de diversos puntos del planeta tuvieron un correlato interesante, cuando la Administración indicó el interés sobre un proyecto francés que implica una importante inversión de casi 450 millones de dólares.

Una crisis provocada por el establecimiento de aranceles adicionales en el suministro de biodiesel argentino hacia Francia, provocada por el Gobierno galo, fue inmediatamente respondida por el presidente Macri congelando las negociaciones al respecto y la convocatoria de una licitación internacional para la provisión de estos navíos, abriendo nuevamente oportunidades a otras empresas, como la coreana Daewoo, las españolas Navantia y Astilleros Gondán y la misma gala Naval Group, para presentar sus ofertas.

foto: La FLOMAR está operando mucho más y con más días de navegación.

En la vecina Uruguay, fue preseleccionado por la Armada, tras evaluar distintas opciones para la futura modernización de su flota, el OPV 80 de Lürsssen, concebido específicamente para incorporar un conjunto versátil de capacidades que responden a las múltiples necesidades de las armadas latinoamericanas, a las que el actual escenario estratégico obliga a hacer frente. Los montos perdidos por las capturas ilegales y la depredación provocada en los mares del Sur justifican plenamente la adquisición de estos buques de patrulla, más allá de la discusión técnica sobre su real importancia y su exiguo número.

Con mucho mas movimiento que en épocas pasadas,  lo que supondría un mejor aprovechamiento actual de los escasos recursos, tan mínimos hoy como lo eran en tiempos de la anterior Administración, la FLOMAR (Flota de Mar) concluyó el año 2017 con ejercicios pocas veces vistos en los últimos lustros, incluyendo el efectivo disparo de misiles y el hundimiento de un par de antiguos cascos usados como blancos.

La ARA (Armada de la República Argentina) responde a una extraña paradoja: sus destructores de la Clase MEKO 360 y las corbetas MEKO 140 tienen sus cascos y elementos básicos en excelente estado de conservación, gracias a un buen mantenimiento en los talleres navales y su muy elevada calidad de construcción. Por ello y por el largo tiempo con escasa actividad, estos navíos se encuentran en óptimo nivel, muy superior al de los gastados cascos de sus colegas de la región. Lo mismo ocurre con los sistemas de propulsión, aunque la electrónica y elementos asociados se encuentran desfasados para los requerimientos actuales.

foto: Una bella imagen de las habituales condiciones de navegación de la FLOMAR.

El disparo de casi una decena de  misiles mar-mar MM38 y MM40 Exocet, actualizados en algunos de sus componentes por técnicos autóctonos, mas componentes renovados por la industria privada, explican que la Flota mantenga en operación a todos sus elementos, aunque cada año que pasa la vejez técnica se acentúa. La pequeña flota de 2 submarinos, 1 de la Clase TR-1700 y 1 Tipo 209 (tras la lamentable pérdida del ARA San Juan, hundido en el Atlántico tras una explosión), no responde a la importancia y necesidades estratégicas políticas del país sudamericano.

Únicamente se han recuperado las capacidades de mantenimiento y cierta modernización de algún elemento, pero está claro que es poco  y desfasado el progreso en esta materia, vital para la Defensa Nacional. Existen planes y múltiples proyectos, que incluyen sistemas de producción propia y otros con asociación de renombradas empresas internacionales, pero el tiempo transcurre sin que veamos resultados prácticos en la materia.

La Antártida

Macri ha expresado reiteradamente que la Antártida forma parte vital de los puntos estratégicos de su política exterior y que deben destinarse los fondos necesarios para la obtención de sus objetivos. Así, como primer paso en el proceso de reconversión de las Fuerzas Armadas argentinas, se ha constituido de forma permanente al Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR), cuya misión consistirá en conducir las operaciones de forma estable y continua en el Continente blanco.

La Campaña Antártica de Verano (CAV 2017-18), que concluyó el pasado mes de abril, comenzó formalmente el 18 de diciembre de 2017, cuando el aviso Estrecho de San Carlos y el transporte naval Canal de Beagle zarparon del puerto de Buenos Aires, incorporándose más tarde el rompehielos Almirante Irízar, que volvía a operar tras diez años de inactividad. En abril de 2007, cuando regresaba de la Campaña Antártica de Verano (CAV 2006-07) con 296 tripulantes a bordo, el fuego originado en sus generadores eléctricos dejaba fuera de servicio cerca del 80 por ciento del buque.


foto: Almirante Irizar de nuevo operativo

Su retorno a la Antártida, tras ser íntegramente reparado y modernizado en astilleros nacionales, permitía por fin a Argentina llevar adelante la campaña con la totalidad de medios propios. Pero  la pérdida, en un naufragio en las gélidas aguas, del buque polar Bahía Paraíso, nunca fue subsanada, marcando la necesidad perentoria de un navío de estas características, que es un imprescindible complemento del rompehielos pesado, ya que se debe transportar varios miles de toneladas de carga variada y efectivizar su desembarco en los asentamientos de las fuerzas, todo en tiempo limitado por las variables meteorológicas.

Para mantener una adecuada presencia en la Antártida se hace imprescindible la presencia de un navío de carga con características polares. No sólo hay que transportar miles de toneladas hacia la tierra blanca, sino que también hay que traer de regreso otro tanto  de residuos generados en las bases y que, por normativa del Tratado Antártico, deben evacuarse y trasladarse de regreso al punto de origen. Obviamente es una normativa que naciones pequeñas y con poco poder de decisión como ésta deben respetar, so pena de sanciones internacionales, pero que no se produce cuando una potencia lanza inadvertidamente sobre algún islote aislado en la inmensidad algunas toneladas de residuos sin que nadie los verifique.

Aunque se ha previsto presupuestariamente una importante cantidad de fondos y existe un proyecto de buque polar, se requiere, sin lugar a dudas, de un dedo ejecutor del Gobierno, puesto que las autoridades del Ministerio de Defensa (MINDEF) no han conseguido, ya sea por desidia o incapacidad, que los aprobados por los congresistas lleguen a buen puerto. La decisión estratégica de los funcionarios del MINDEF ha sido utilizar los medios propios  de las Fuerzas Armadas para efectuar la gigantesca tarea de movilizar los recursos necesarios para las dotaciones antárticas y sin utilizar el sistema de alquiler de buques extranjeros, en especial rusos, para esas misiones de carga.

Aviación Naval e Infantería de Marina

La Aviación naval pelea por su existencia. Este famoso y clave componente de la Institución  atraviesa un momento crucial por más se levantaron voces en ciertas autoridades nacionales que cuestionan su permanencia en el inventario, apelando a una equivocada idea sobre el trabajo conjunto de las Fuerzas Armadas, que excluiría al componente aeronaval. Aunque cargada de hechos heroicos y con un profesionalismo evidente, las dificultades financieras existentes han hecho pensar a algunos funcionarios del MINDEF en reducciones poco analizadas y que podrían tener resultados complicados.

La llegada de sistemas y elementos para una actualización de los simbólicos Super Etendard, aunque puede levantar el ánimo de los aeronavales, es tan solo un mero paliativo en el organigrama del componente. Se han pedido aviones del estilo Arbus DS C295,  que ya fueron  inspeccionados por la Aeronaval y resultó ampliamente positiva su presencia en la Base Comandante Espora,  por lo que se reafirmó su necesidad. El esfuerzo de los técnicos permite el regreso exitoso a la Campaña Antártica de los veteranos helicópteros Sea King y de su mayor operatividad.

foto: Los “Sea King” volvieron a la Antártida por medio del rompehielos “Irizar”.

Discreta y eficiente, la INMARA (Infantería de Marina) siempre se encuentra en un alto nivel de adiestramiento y con un espíritu envidiable, pese a las carencias. La actualización de sus medios acorazados, como los vehículos anfibios LVTP-7, gracias a empresas locales, lo mismo que los blindados 6x6 Panhard ERC, logra que se disponga de un poderoso elemento de exploración, aunque falta el buque de proyección anfibia, que es un elemento indispensable para la Fuerza. Pequeñas compras de equipos básicos, como paracaídas, lanzacohetes AT-4, equipos de sostén logístico y algún programa de actualización tecnológica de los sistemas antiaéreos RBS-70, mantienen vivo a este componente de la Institución, que se caracteriza por su eficiencia y ejecutividad.

Revista Defensa nº 482, junio 2018, Luis Piñeiro


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