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La aparición de los Cazaminas

Desde que en la batalla de Mobile, durante la guerra de Secesión norteamericana, un buque de guerra sucumbió por primera vez en la Historia víctima de una mina submarina, mucho ha proliferado el empleo de este arma y aumentado su influencia en el desarrollo de los conflictos.

En efecto, cualquier buen conocedor de la Historia Naval recordará que fue una mina la causante de la pérdida del primer buque de guerra hundido en la PGM, un crucero británico, o también, durante el mismo conflicto, el vital papel que los jardines del diablo desempeñaron en la salvaguarda de la Flota de Alta Mar alemana en su mortal juego del gato y el ratón con la Flota británica.
En la SGM, el papel de las minas fue también destacadísimo. Un enorme porcentaje de los buques hundidos en el Mediterráneo, en las aguas costeras del Reino Unido y en los archipiélagos del Pacífico desaparecieron víctimas de la acción del arma insidiosa por excelencia.

Foto: Vista de la hélice del sistema de propulsión auxiliar Riva Calzoni de los “Lerici

Naturalmente, a medida que se fue extendiendo la amenaza también progresaron las medidas destinadas a contrarrestarla. Así, aunque al comenzar la SGM los dos bandos sólo contaban con pesqueros y remolcadores burdamente adaptados a misiones de dragado mecánico, al entrar en escena las primeras minas de influencia (acústicas magnéticas, etc.) hubo de recurrirse inmediatamente al diseño de buques específicamente preparados para la peligrosa tarea de neutralizarlas.
Terminado aquel gran conflicto, todos parecieron olvidarse del enemigo silencioso y, por ello, durante la guerra de Corea, una flota anfibia aliada debió permanecer anclada durante diez días delante de su objetivo a la espera de que llegaran unos humildes dragaminas que barrieran el escuálido campo de minas con el que inesperadamente se había tropezado.
Olvidada pronto tan desagradable lección, las dos grandes potencias navales de Occidente, EE.UU. y el Reino Unido, procedieron a repartir sus numerosos dragaminas entre amigos y aliados sin instrumentar planes para sustituir a los buques transferidos.
Este cuadro se mantuvo más o menos invariable hasta los primeros años sesenta, en que los británicos pusieron en servicio un sonar capaz de localizar objetos tan pequeños como una mina, aunque ésta se encontrase posada en el fondo - Del maridaje entre las tradicionales dragas y este nuevo sonar nació un nuevo tipo de barco: el cazaminas.

EL CONCEPTO
La aparición del cazaminas se encuentra íntimamente ligada al desarrollo de la amenaza. En un principio, cuando sólo existían minas de contacto, un dragaminas era simplemente un barco de pequeño calado capaz de arrastrar una draga mecánica. Cuando en la SGM aparecieron las minas de influencia, el dragaminas debió añadir a su compacidad las características de discreción acústica y magnetismo.

Foto: El vehículo submarino filicontrolado para neutralización de minas “MIN” realizado  por Riva Calzoni con destino a los  cazaminas clase “Lerici” encargados  por la “Marina Militare “italiana.

Luego, a mediados de los años cincuenta, comenzaron a aparecer nuevas minas que gozaban de tal sensibilidad en sus mecanismos, que ya ni el más pequeño y silencioso buque de madera podía aspirar a aproximarse sin arriesgarse a provocar su mortal detonación. Igualmente, las operaciones de dragado habían de efectuarse de una forma totalmente aleatoria en zonas donde simplemente se sospechaba la existencia de minas, obteniéndose de esta forma economías de medios, ya que la distribución del esfuerzo generalmente no coincidiría con la distribución real de la amenaza. Por fin, y por si fuera poco, se planteaba el problema de que no existía ningún método práctico de efectuar un barrido que neutralizase las minas dotadas con espoletas de presión.
En tales condiciones se abrió paso la idea de que el concepto de dragado o barrido comenzaba a estar anticuado, urgiendo por tanto encontrarle un sustitutivo.
La solución se le ocurrió a los ingleses, quienes sugirieron que para evitar que el buque se tuviese que acercar a distancia crítica de las minas, la tripulación habría de conocer la localización de aquellas. Semejante conocimiento imponía la instalación a bordo de un sensor apropiado y, al mismo tiempo, como el barrido seguiría siendo muy arriesgado, se hacía indispensable disponer de un medio de limpieza al que las minas fueran insensibles.
La solución ideada por los británicos no pudo ser ni más lógica ni más sencilla. Tomaron un pequeño pero eficaz dragaminas de madera de la clase Ton y le instalaron un sonar de alta frecuencia que, pese a un muy reducido alcance, ofrecía una precisión previamente inalcanzada. Como medio de limpieza adoptaron el único instrumento lo suficientemente silencioso, amagnético y compacto como para acercarse a una mina sin hacerla explosionar: el buceador de combate.

Y LOS PRIMEROS CAZAMINAS
La conversión en cazaminas de quince de los 118 Ton británicos fue imitada —tras un breve período de vigilancia— por la mayoría de las Armadas de la OTAN. Así, los estadounidenses instalaron un sonar calable SQQ-14 en buena parte de sus MSO Active-Agile-Acme transfiriendo muchos de ellos a Armadas aliadas. De los cazas norteamericanos hay que señalar que, en principio, sólo aceptaron de la idea británica la instalación del sonar, ya que consideraban, con razón, que el nuevo método de limpieza resultaba infinitamente más lento, por lo que los MSO conservaron intocada toda su parafernalia de rastras de barrido. Como ya incluso entonces era costumbre, la postura de la US Navy fue tomada como dogma inalterable por las Marinas de la OTAN que, salvo naturalmente la Royal Navy, siguieron depositando más confianza en las acciones de barrido que en las de cazado.

Foto: Cazaminas francés M6 41 “Eridan”, cabeza de la serie de 45 unidades construida por Bélgica, Francia y Holanda.

Aparte de los norteamericanos y los británicos, los únicos dragaminas que fueron reconvertidos en cazaminas en el resto del mundo fueron diez de los dieciocho Lindau alemanes que, a causa del tradicional rigor teutón, constituyen la única clase de conversos a los que se les ha desmontado hasta el último de los instrumentos de barrido.
Las experiencias recogidas por las distintas Armadas aliadas con sus flamantes cazaminas MSO y Ton demostraron que si bien la utilidad del sonar era indiscutible, tanto los métodos de barrido como los de cazado no se podían considerar satisfactorios de ninguna manera. En efecto, en campos muy densamente minados, aun con la preciosa ayuda del sonar, el barrido convencional comportaba un extraordinario riesgo para el cazaminas, ya que podría quedar atrapado en un tendido en el que las minas estuvieran demasiado concentradas como para poder pasar entre ellas. En el mismo sentido, la destrucción de las minas por medio de buceadores demostró ser un proceso extraordinariamente lento y engorroso; especialmente en aguas muy frías o con mal tiempo, resultando además totalmente impracticable para neutralizar ingenios fondeados a grandes profundidades.

Por tales razones, bien pronto se empezó a considerar la necesidad de construir un buque especialmente diseñado para el cazado y equipado por tanto con sistemas especialmente adecuados para cumplir semejante misión.
Las características que habrían de reunir los nuevos cazaminas eran, en resumen, las siguientes:
* Maniobrabilidad muy acentuada para permitir una navegación segura por zonas densamente minadas.
* Máxima amagneticidad y discreción acústica.
* Sónares de alta precisión y resolución.
* Equipos especializados de cazado y/o barrido.
Los primeros cazaminas diseñados como tales que entraron en servicio fueron los cinco buques de la clase Circe de la Marine Nationale francesa.

Foto: El “pez” remolcable busca minas DTCN “Sorel” durante las pruebas del sistema de calado/izado y remolque instalado a bordo del buque de experimentación A- 784 “L ‘Agénais “.

Estos barcos, el primero de los cuales fue entregado en 1972, están dedicados por completo al cazado, ya que no cuentan con ningún equipo de barrido. Para maximizar su seguridad fueron fabricados - en madera y dotados de una maquinaria especialmente silenciosa, que impulsa un árbol convencional para la navegación de crucero, así como dos pequeñas hélices montadas en las palas de los timones que le confieren una extraordinaria maniobrabilidad.
La experiencia ganada con la construcción y servicio de los Circe permitió a los franceses cooperar eficazmente con las Armadas belga y holandesa en la puesta a punto de los cazaminas Tripartite (1), que en un número total de cuarenta y cinco comenzaron a prestar servicio. Los Tripartite están fabricados en un conglomerado de vidrio, poliéster y resinas sinteticas y cuentan con dos motores eléctricos auxiliares que impulsan dos pequeñas hélices vectorizables que les permitirán desplazarse con seguridad por zonas minadas. A diferencia de los Circe los Tripartite montan además una rastra de dragado polivalente.

(1) Esta es la designación general de este modelo, dado que el programa es desarrollado conjuntamente por tres naciones. En Francia formarán la clase Eridan, de 15 unidades, de las que tres se hallan ya en servicio. En Holanda, la clase Alkmaar, también de 15 barcos, y en Bélgica, aún sin designación conocida, otros quince.

Ligeramente anteriores a los Tripartite son los Brecon británicos, que se caracterizan por ser los más voluminosos, 615 Tm., y por constituir la primera serie de buques occidentales construidos en fibra de vidrio. Equipados tanto para la caza como para el rastreo, los nuevos Hunters británicos deben resultar inferiores en maniobrabilidad a sus coetáneos dado su tamaño y su carencia de propulsores vectorizables.
Los siguientes cazaminas occidentales son los Lerici italianos, y los M-343 alemanes. Los primeros están realizados en fibra de vidrio y cuentan, como ya viene siendo usual, con dos propulsores orientables, que en este caso son de tipo escamoteable y controlables remotamente desde el puente. Como medio de detección estos barcos cuentan con un sonar calable norteamericano SQQ-14 modernizado por la industria italiana. Como medios de neutralización, los Lerici despliegan una rastra convencional Oropesa, dos vehículos submarinos MIN y un equipo de seis buzos, para cuyo socorro se ha incluido una cámara de descompresión en el equipo normalizado del barco.

Foto: Un aspecto de los trabajos de construcción en los talleres de la DTCN de Lorient del primero de los cazaminas “Tripartite”.

En cuanto a los M-343 presentan, sin duda, el más original proyecto de cazaminas. Ello se debe a que, a diferencia de todos sus similares, están destinados a operar en zonas sometidas a una fuerte amenaza enemiga. Por ello, los M-343 son muy rápidos (25 nudos), están fuertemente armados (dirección de tiro WM-20, cañones 40/70 y misiles ASMD) y capaces no sólo de limpiar campos de minas sino también de sembrarlos, ya que están equipados a tal efecto con dos trenes de tendido. Seguramente por la misma razón, los M-343 están hechos no en materiales blandos sino en una nueva aleación de acero amagnético que combina una elevada robustez con un absoluta discreción magnética.

CONCLUSIONES

Si hay alguna conclusión que se pueda destacar como evidente es que los cazaminas fueron llamados a sustituir cada vez en mayor proporción a los tradicionales dragaminas. En efecto, el progresivo grado de complejidad de la amenaza planteada por las nuevas minas inteligentes hace inevitable recurrir a unas contramedidas caracterizadas por una creciente complejidad tecnológica. No es posible ya responder a una amenaza correspondiente a la era de la cibernética con unas soluciones basadas en la tecnología y en las tácticas de la SGM.

Foto: El “Eridan” durante sus pruebas de mar y tácticas cómo prototipo de la serie “Tripartite cuyos buenos resultados permitieron poner en producción los 44 barcos restantes.

Revista Defensa nº 70, febrero 1984
 


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