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"Nuestro mayor reto es el apoyo a los estudios sobre la futura Fuerza 2035", entrevistamos al director de la DIDOM

El general de división Antonio Ruíz Benítez coordina y dirige desde el Acuartelamiento de La Merced, en Granada, la Dirección de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales (DIDOM).  Con él conversamos sobre los grandes retos de una institución que debe identificar los escenarios de actuación futura y las opciones de respuesta, siendo  su gran reto hoy el Entorno Operativo Terrestre Futuro 2035.

 La Dirección que manda tiene varias vertientes. ¿En qué centran más la actividad en la actualidad? ¿Hay alguna focalización distinta de cara a un futuro próximo?

La Dirección que tengo el honor de mandar es una de las dos que componen el MADOC. Para cumplir los cometidos que tenemos asignados, la DIDOM se articula en dos subdirecciones y once jefaturas de Adiestramiento y Doctrina de las diferentes especialidades fundamentales con que cuenta el  Ejército. Por todo ello, a esta Dirección se la conoce como El motor del cambio, ya que habilita los canales para transformar el conocimiento adquirido a través de la investigación en realidades tangibles en materia de procedimientos, organización y dotaciones. En la actualidad nuestro mayor reto es el apoyo a los estudios sobre la futura Fuerza 2035, un proyecto de todo el Ejército, dirigido por su Estado Mayor, que tiene a la Fuerza Terrestre y, en concreto, a la Brigada Rey Alfonso XIII II de La Legión, como actor principal. El reto requiere un esfuerzo añadido por parte del MADOC y de la DIDOM, ya sea en la definición del documento Entorno Operativo Terrestre Futuro 2035, como en el desarrollo de los conceptos iniciales de experimentación, en la gestión del conocimiento, empleo de la simulación, uso de los campos de maniobras y las diversas instalaciones de instrucción y adiestramiento, la investigación, las lecciones aprendidas, la organización de las unidades y la identificación de nuevos materiales y tecnologías.

¿Qué nos puede explicar de la tarea que desempeña en ese ámbito la investigación? ¿El tema de lecciones aprendidas quedaría englobado en ese espacio concreto de actividad?

La investigación, plenamente relacionada con la prospectiva, es uno de los campos más complicados y, a la vez, más interesantes en los que se mueve la DIDOM. Nuestra Dirección, en base a la investigación, puede arrojar luz, tanto en la identificación de escenarios de actuación futura, como en el desarrollo de opciones de respuesta. Mediante el denominado Ciclo de Análisis a Largo Plazo del ET (CALPE), se articulan, en el ámbito de la investigación en el Ejército, estudios a medio y largo plazo, que, convenientemente compilados y estructurados, se presentan en documentos periódicos. En ese objetivo cobran especial importancia las aportaciones que nos proporcionan nuestros oficiales de enlace destacados en diferentes países de nuestro entorno y el denominado grupo de expertos del MADOC, compuesto por distintos profesores del mundo académico y universitario, así como los diversos programas de investigación que, en el marco del proyecto de colaboración entre el MADOC y la Universidad de Granada, se plasman en el Programa Anual Director de Investigación de la DIDOM. Esta labor de prospectiva contrasta con el procedimiento de lecciones aprendidas, cuya atención se centra en las experiencias extraídas de la instrucción y el adiestramiento diarios y la preparación para las operaciones exteriores. Su misión fundamental trata de convertir la experiencia del Ejército en conocimiento útil para mejorar el rendimiento, reproducir los éxitos y reducir la posibilidad de que se repitan los errores del pasado. Es un proceso que consideramos francamente interesante.

No tenemos una percepción clara de la importancia actual de lo relacionado con la doctrina. ¿Qué nos podría adelantar a ese respecto? ¿Se plantean cambios en algún área del Ejército en un plazo breve? ¿Hay algún área que cobre hoy más actualidad?

La Doctrina constituye uno de los núcleos tradicionales de la DIDOM. Los necesarios cambios en el Ejército, que se identifican mediante el proceso de investigación y de lecciones aprendidas, no se consolidan hasta que no se modifica el cuerpo doctrinal. El ET cuenta hoy con un extraordinario bagaje doctrinal reflejado en el Cuerpo Doctrinal Específico Terrestre, compuesto por las publicaciones doctrinales (PD) y los conceptos derivados (CODE), que desarrollan los principios, conceptos, procedimientos y directrices para el empleo de las Fuerzas Terrestres en operaciones militares, siendo la DIDOM la responsable de la elaboración de estas publicaciones. Para hacernos idea del volumen de trabajo que esto conlleva, debemos saber que actualmente se encuentran en vigor más de 180 publicaciones doctrinales específicas del Ejército, que se agrupan según unos criterios de ordenación, constituyendo el denominado Mapa Lógico Doctrinal, y que están sujetas a un periodo de revisión y racionalización trienal. Además, la DIDOM a través de sus analistas, forma parte del Comité de Doctrina Conjunta (COEDOC) y participa también en los diferentes grupos de estudio y trabajo para la revisión y ratificación de la Doctrina Combinada en el marco de la OTAN y UE. Finalmente, y a fin de poder afrontar con oportunidad y eficacia los cambios derivados de los entornos emergentes, tales como la información, la ciberdefensa, la guerra híbrida o, entre otros, el liderazgo, desarrollamos conceptos derivados que conforman una solución temporal transitoria y que en un futuro próximo se pueden consolidar doctrinalmente.

¿Nos puede dar alguna explicación de hacia dónde se pretende avanzar en investigaciones sobre materiales en el Ejército?

 A pesar de que el desa­rrollo de los programas de armamento y material y su adquisición están centralizados a nivel del Ministerio de Defensa, la DIDOM tiene un importante papel en los procesos de experimentación y obtención de materiales en el ámbito interno del Ejército, ya que es la responsable de la inspección e investigación de los requisitos operativos del armamento y material de las unidades, así como de participar en la identificación de nuevas necesidades en estas materias. También lidera, con el apoyo de las unidades, la experimentación de medios. El entorno operativo futuro estará caracterizado por la complejidad, la inestabilidad, la incertidumbre y la omnipresencia de la información. La velocidad con la que se producirán los cambios y la multiplicidad de actores en un mundo global e interconectado difuminará la distinción entre las situaciones de paz y de guerra e incluso la atribución de acciones y la identificación de los adversarios y sus verdaderas intenciones.

En los escenarios futuros, las fuerzas terrestres deberán reaccionar más rápido, ser más modulares, tecnológicas, autónomas e interoperables con todos los socios y aliados con los que desempeñen sus misiones, configurando un nuevo carácter a sus organizaciones operativas. Su organización, sus procedimientos y sus medios deberán adaptarse a los nuevos retos, aprovechando todas las oportunidades que favorecen las nuevas tecnologías, pero sin olvidar que el factor humano seguirá siendo el único facilitador de la transformación y que se exigirán mayores cualidades y preparación. La tecnología será protagonista de los retos a los que se enfrentarán las fuerzas terrestres y parte de la incertidumbre de la evolución del entorno, por lo que será fundamental la investigación, experimentación y seguimiento en estrecho contacto con la industria de defensa, para hacer un adecuado uso de aquellas tecnologías que supongan mejorar las capacidades militares, evitar la sorpresa y todo ello con la perfecta integración del factor humano.

En los ejércitos de referencia, y por ende en el nuestro, la tendencia común es el cambio, catalizado por las nuevas amenazas híbridas, la revolución tecnológica y los emergentes espacios de batalla, como el espacio o el ciberespacio, todo ello para adaptarse al nuevo panorama global. En este sentido, los carros de combate recuperan protagonismo, junto a los vehículos de combate de Infantería, que están sufriendo un profundo proceso de renovación. Esta renovación busca la integración y el equilibrio, conjugando alta movilidad, protección y letalidad, con el menor peso y coste posible, de tal manera que asegure una adecuada capacidad de maniobra a la fuerza.

 ¿En qué trabajan para hacer que el combatiente español sea más versátil y efectivo, como demandan las futuras misiones? 

A pesar de la evolución de los escenarios, la doctrina, el armamento, el material y las tácticas, técnicas y procedimientos, el factor humano seguirá siendo un recurso crítico y el elemento fundamental de los ejércitos. Nuestros soldados, sus valores, su sólida formación moral y su preparación técnica serán una referencia para nuestra sociedad y un factor multiplicador de su resiliencia. En el campo de los materiales y el equipo del combatiente la tendencia generalizada es la incorporación de las nuevas tecnologías, desarrollando e imple­mentando subsistemas con la filosofía integral de mejorar la protección y la capacidad de combate del soldado, basados en arquitecturas abiertas e interoperables. En el horizonte de 2035, las interacciones entre las personas y las máquinas podrán haber alcanzado cotas insospechadas y permitirán a ambos trabajar conjuntamente. Sin embargo, a pesar de los vertiginosos avances tecnológicos que ya se están produciendo, no se prevé que la mente humana, su creatividad, imaginación y capacidad para adaptarse rápida y eficazmente a funciones muy diversas, pueda ser sustituida por ningún sistema. Todo lo dicho permite afirmar que los militares deberán tener, no sólo una elevada formación tecnológica, sino también una amplia formación humanística, que les proporcione entendimiento y empatía con la diversidad cultural y una personalidad resiliente, construida sobre valores humanos sólidos, que guíen siempre sus decisiones y sustenten el sacrificio al que se han comprometido.

 Octavio Díez Cámara

 


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