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La artillería en las Fuerzas Armadas de Chile: Los desconocidos afustes antiaéreos de SOGECO

Las dificultades políticas en la década de los setenta y ochenta, sumado a los numerosos embargos impuestos a Chile por sus históricos proveedores y complicaciones vecinales que hubo que enfrentar, generaron una serie de requerimientos en sus Fuerzas Armadas. Muchos de ellos fueron encarados por la naciente e ingeniosa industria privada nacional, que enfrentó y proveyó de novedosos y muy necesarios sistemas de armas. Entre las empresas destacó SOGECO (Sociedad General de Comercio), que afrontó el proyecto para equipar a la Fuerza Aérea de Chile (FACh) y al Ejército de afustes de cañones antiaéreos.

La génesis de la artillería antiaérea de la FACh se remonta al año 1931, cuando la Compañía de Defensa evoluciona al Grupo de Defensa Antiaérea y es equipada con una heterogénea variedad de ametralladoras recuperadas de aviones dados de baja. Entre ellas se desplegaron sobre afustes casi artesanales modelos de Lewis y Vickers Mk 1, siendo estos el embrión de las capacidades antiaéreas de la institución. Con el inicio de la II Guerra Mundial y la entrada de Estados Unidos el 7 de diciembre de 1941, Chile mantiene la neutralidad, pero también se evidencian una serie de falencias en las Fuerzas Armadas nacionales.

Efectivamente, Chile rompería relaciones con los países del Eje el 20 de enero de 1943 y con Japón solo el 11 de abril de 1945, es decir, algo más de cuatro meses antes de terminada la guerra en el Pacífico. En este contexto, y más allá de las carencias de material moderno de las Fuerzas Armadas de Chile, fue Estados Unidos el que comprobó las penurias locales, destacando y priorizando tres puertos, Tocopilla, Antofagasta y Chañaral, en el Norte del país, desde donde, de 1942 a 1944, se embarcó entre un 25 y 50 por ciento del cobre usado por la maquinaria bélica estadunidense.

Si bien una amenaza directa a esos puertos resulta hoy inviable, en ese entonces la Administración de Washington le dio cierto grado de prioridad, beneficiándose en una primera instancia la Armada y la Fuerza Aérea. Es así como para la defensa de costa se recibe la versión estadunidense M1917 del Puteaux Canon de 155 Grande Puissance Filloux y a la FACh lo que sería la primera partida de material antiaéreo moderno y normado. El lote de material nuevo llegó por vía marítima en septiembre de 1943, estando compuesta por una batería de 4 piezas M3 de 76,2 mm. de 50 calibres, desarrollado a finales de la década de los años veinte y en franca retirada en la Fuerzas Armadas estadounidenses. Tenían un alcance efectivo de algo más de 6.000 m. y una cadencia de 25 tiros/min.

Bastante más teóricamente efectivas eran las 24 piezas Browning M1-A2 de 37 mm. de fabricación prebélica, que formaron 6 baterías antiaéreas. Tenían un alcance de unos 3.000 m. y una cadencia de 120 disparos/min., operando en conjunto a una central de tiro predictora M-1. Completaban la transferencia unas 46 ametralladoras Browning Modelo 1917 (M2) sobre afustes, enfriadas por agua y alimentadas con cinta de tela en calibre 12,7x99, con cadencia de 450 disparos/min.

Este material llegó, además, con un número significativo de camionetas tractoras 4x4 Ford GTB. Con este no modernísimo material, la Fuerza Aérea mantendría una capacidad antiaérea creíble por lo menos quince años más, cuando, por diversas razones, el material quedó obsoleto. Es así como a mediados de la década de los cincuenta la FACh formuló un requerimiento sobre nuevas piezas antiaéreas, en una etapa en que los presupuestos eran exiguos y las prioridades por la Fuerzas Armadas secundarias. Es en 1957 que la Fuerza Aérea negocia con la empresa helvética Hispano Suiza la adquisición de un lote de ejemplares del 820A/639 de 20 mm. en montajes triples.

Estas piezas ligeras serían remolcadas inicialmente por vehículos Land Rover. La nueva versión desarrollada por Hispano Suiza, era el reemplazo natural del anterior mundialmente difuso HS404 prebélico. La munición de 20x139 mm. tenía una velocidad inicial de 1.100 m/seg., un alcance efectivo antiaéreo de entre 1.500 y 2.000 m. y una cadencia por cañón de 1.000 tiros/min., lo que permitía con los tres una buena densidad de disparo. Era, además, bastante liviano, lo que permitía desplazamientos y emplazamientos fáciles.

Entre sus falencias estaban la alimentación mediante tambores de 60 tiros y una mira de retícula. Durante década y media, los 820A/639 fueron los sistemas antiaéreos más avanzados de la FACh y abrieron la puerta a otros similares. Es así como el Ejército se equipó con monotubo parecidos y, posteriormente, el Cuerpo de Infantería de Marina con el ILa-5TG. Sin embargo, en 1974, cuando Chile tuvo que enfrentar un potencial conflicto vecinal, tan solo 1 ejemplar de 20 se encontraba operativo y el embargo Suizo impedía la compra de repuestos.

El proyecto “Grúa” de  SOGECO

Fue por efecto de esta instancia que la Fuerza Aérea tomó contacto con FAMAE (Fábricas y Maestranzas del Ejército), en un principio para el desarrollo de un afuste para ametralladoras Browning de 12,7 mm. (.50). La empresa estatal no mostró interés, por lo que la FACh se dirigió a SOGECO, que ya proveía de material al Comando Logístico de la Institución. En efecto, la firma nacional era fabricante de carros de transporte y alza bombas, afrontando el diseño y producción de afustes simples y dobles de ametralladoras Browning de 12,7 mm. y un afuste con cuatro de estas del mismo calibre, obtenidas de los aviones dados de baja. Este afuste estaba montado sobre un carro Coloso de cuatro ruedas T-20XE, también fabricado por la propia SOGECO.

foto: Del HS Suiza 820A/639 en primer plano, SOGECO desarrolló el SOG-2, en segundo, para el Ejército de Chile (foto Cristián Marambio).

El montaje denominado Soga o matamoscas, producido en unos 100 ejemplares, resultó ser extremadamente básico y de difícil operación, pero fue el embrión para proyectos mucho más avanzados. Siempre en 1974, el Alto Mando de la FACh logra adquirir un lote de 100 cañones usados de Hispano Suiza en la República Dominicana, que habían sido retirados de los De Havilland Vampire, dados de baja por esa Fuerza Aérea en octubre de 1974. La Fuerza Aérea del país caribeño había adquirido un primer lote usado de 25 ejemplares suecos J28A (F.1) en 1955 y un segundo lote de 17 J28B (FB.50) en 1957. Cabe considerar que los últimos Vampire chilenos se dieron de baja en marzo de 1981, operando en el Grupo N° 8.

Es en 1975 que la SOGECO enfrentó, bajo el proyecto Grúa, el reto de desarrollar un montaje antiaéreo doble utilizando los cañones usados adquiridos en la República Dominicana, que estrictamente eran la versión británica del Hispano Suiza 404, denominada Mk5 y fabricada por BSA (Birmingham Small Arms). Estos tubos utilizaban munición de 20x110 mm. Resulta interesante destacar una directiva interna de la Fuerza Aérea de 1974, que indica que en esa fecha existía un stock de 25.000 tiros de 20x110 mm. para Vampire, 100.000 de 20x139 antiaéreos y 800.000 de 12,7 (0.50).

Las primeras pruebas del SOG-1 se realizaron en la Base Aérea de Colina en 1975. SOGECO adaptó 2 cañones aeronáuticos sin freno de boca o de gases, desarrollando el conjunto completo del cajón de mecanismos y la alimentación en cajas laterales y por tambor. En las pruebas iniciales, las piezas tuvieron problemas de atascamiento, por lo que hubo que modificar el sistema de alimentación. Además, al no tener freno para amortiguar el retroceso, la pieza tenía la tendencia a rotar al disparar. Para el movimiento en elevación y azimut se adoptó un motor de dos tiempos de la estadounidense Winsconsin, que SOGECO representaba y que vendía a sus clientes del área agrícola.

Con la incorporación de un técnico suizo al proyecto se logró solucionar los problemas de precisión, sobre todo cuando el desplazamiento angular del blanco era mínimo, específicamente con blancos en acercamiento o alejamiento de la pieza. Para mejorar el montaje en sus nuevas variantes, se inició el desarrollo para incorporar a las piezas  (al SOG-1 no se alcanzó a adoptar) un variador fabricado por ASMAR (Astilleros y Maestranzas de la Armada) Talcahuano, que permitía regular el torque para mejorar la precisión de la puntería a baja velocidad angular.

Ejército

Entre las pruebas realizadas, también se ensayó la instalación de una mira Mk6 de Hawker Hunter con resultados negativos. El desarrollo del SOG-1 dio paso a un requerimiento del Ejército, iniciándose el proyecto del SOG-2, que implicó la concreción de un montaje bitubo utilizando los cañones de los HS820A/639 monotubo. Para ello, SOGECO implementó la misma ingeniería del SOG-1, modificando el sistema de alimentación, adaptando cargadores laterales con mayor capacidad de munición.

Dentro de las mejoras en el SOG-2 se incorporó un carenado que permitía el transporte de munición. A diferencia del SOG-1, la versión del Ejército fue adoptada en número menor, siendo desplegado en las baterías antiaéreas junto a los HS820A/639 originales y, años después de su introducción, a los TCM-20, sistema israelí que justamente, también adoptó cañones HS404 aeronáuticos cortos a funciones antiaéreas, modificándose torretas estadounidenses Maxon M45.

La disponibilidad de las piezas 820A/639 de 20 mm. provenientes de los montajes triples dados de baja del inventario de la FACh dio paso al desarrollo del SOG-3, la versión más avanzada que concretó SOGECO. Esta pieza tuvo dos etapas de desarrollo, en las cuales se aplicaron las enseñanzas dejadas por los sistemas anteriores. Para realizar el SOG-3 se procedió a retirar uno de los cañones, quedando el sistema como bitubo. Dentro de su desa­rrollo posteriormente se les incorporó un avanzado carenado de protección del artillero y, a partir de 1983, una mira GSA (Gunsight Surface to Air) del fabricante ingles Ferranti, que también fueron adoptadas por los SOG-2 del Ejército.

Este sistema con mira fue exhibido en la FIDA (Feria Internacional del Aire) celebrada en Santiago de Chile 1984. Cabe recordar que, a efectos comerciales, los SOG-2 fueron ofrecidos por la empresa FAMIL hasta inicios de los años noventa. Durante 1978, un número significativo de piezas SOG fueron desplegadas al Teatro de Operaciones Austral, siendo en el caso de la FACh remolcadas por camiones UNIMOG 404 de fabricación alemana y ENGESA EE-15 brasileños. En los ochenta, SOGECO comercializó abiertamente el SOG-3 como una eficaz pieza contra ataques de aviones a baja y muy baja altura. Dentro de las especificaciones resaltaban dos piezas Oërlikon de 20 mm. con cadencia conjunta de 2.100 disparos/min. Cabe aclarar que Hispano Suiza había sido adquirida en 1970 por Oerlikon-Bührle.

El SOG-3 permitía la modalidad de tiro a tiro normal, rápido, ráfagas limitadas e ilimitadas e incluía una mira con visor óptico de Ferranti. Además, las piezas podían ser integradas a radares portátiles Elta EL/M-2016, que habían sido incorporados en la FACh y Ejército a partir de 1979. A inicios de 1981, a las baterías de SOG de la FACh se le agregaron los misiles portátiles (MANPADS) Shorts Blowpipe. A partir de 1991, las SOG de la FACh fueron integradas al sistema Mygale, compuesto de vehículos Peugeot P-4 con lanzadores cuádruples de mísiles Mistral asociados al sistema de guiado y seguimiento con casco Aspic-Daldo y radares TRS-2620 Gerfaut.

Los SOG-1 y SOG-3 fueron retirados del servicio en la Fuerza Aérea en 1997 tras servir en las bases de Los Cóndores, Cerro Moreno, Colina, El Tepual y Chabunco. Tras una digna carrera, las piezas se fueron de baja cuando los tubos originales, fabricados por BSA e Hispano Suiza, cumplían cincuenta y cuarenta años, respectivamente. Para su reemplazo, la FACh adquirió de segunda mano en Estados Unidos un lote de M-167 remolcados y M-163 autopropulsados. Los montajes SOG fueron un claro ejemplo de la capacidad innovadora y tecnológica de la industria de defensa chilena de la década de los ochenta.

Nota del autor: Dedicado a la memoria de Juan Roberto Concha, gerente general de SOGECO y gran impulsor de la piezas SOG.

 


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