En una reciente entrevista en el programa Full Avante de Radio Naval de la Armada de Chile, Elizabeth Zapata, directora ejecutiva del Comité de Construcción Naval y directora de Desarrollo Tecnológico de CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), detalló los avances y desafíos de la Política Nacional de Construcción Naval 2025-2040. Esta iniciativa busca posicionar a Chile como referente en el Cono Sur en materia de industria naval.
Zapata, ingeniera civil química de la Universidad de Concepción con un magíster en Gestión Tecnológica y más de 22 años en CORFO, enfatizó que el Comité actúa como un punto de encuentro entre el sector público, privado y la academia la llamada “triple hélice” para implementar esta política de Estado. “No es solo un desafío de la Armada, sino de todo el país”, señaló.
Un objetivo ambicioso pero viable
El gran objetivo es alcanzar la construcción 100% nacional de las unidades de superficie requeridas por la Armada, incluyendo las complejas fragatas. Zapata recordó que ya se ha avanzado con proyectos como el Rompehielos Almirante Viel y los actuales buques multipropósito del Proyecto Escotillón IV, el LSD Magallanes, que se encuentra en fase avanzada de construcción en ASMAR Talcahuano, y el LSD Rapa Nui, cuyo nombre fue confirmado por el comandante en jefe, almirante Fernando Cabrera, durante el Mes del Mar 2026.
Según estudios presentados, entre ellos uno de la Universidad Católica, la construcción de fragatas en Chile es viable económicamente. No solo por el retorno en impuestos y empleo, sino principalmente por la transferencia de conocimiento que implican estos “sistemas dentro de sistemas”. “Tenemos las capacidades base y las ganas. Solo nos falta un salto para cerrar las brechas”, afirmó Zapata.
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Ciclo de vida de una fragata (Infografía Universidad Católica)
Las cinco brechas prioritarias
El Comité identificó cinco brechas principales que la Hoja de Ruta documento con unas 30 iniciativas cuya entrega está prevista para mayo de 2026 busca abordar de manera prioritaria. La primera tiene que ver con el capital humano, donde se requiere más ingenieros navales, arquitectos, soldadores especializados en aluminio y una formación que integre una mirada sistémica entre diseñadores y constructores.
La segunda brecha es la de financiamiento, con la necesidad de contar con garantías estatales más robustas que permitan dar continuidad a inversiones de gran envergadura. La tercera se refiere a la normativa y estándares, especialmente para cumplir con las exigencias del ámbito de la defensa.
Además, se identificaron brechas en sustentabilidad, que incluye alternativas energéticas frente a riesgos geopolíticos, y en innovación y manufactura avanzada, donde se busca impulsar tecnologías como impresión 3D, robótica y manufactura aditiva.
Ventajas competitivas de Chile
Frente a otros países de la región como Colombia, Zapata destacó dos ventajas clave: un capital humano más calificado y una mayor estabilidad política y fiscal que atrae inversiones. A esto se suma la geografía chilena, con una fuerte vocación marítima natural, y el potencial de industrias auxiliares como la pesquera, la eólica marina y la conectividad austral, que refuerzan el caso nacional.
Colaboración público-privada en marcha
Ejemplos concretos de esta colaboración incluyen proyectos conjuntos entre ASMAR y empresas privadas como ASENAV que fabrica barcazas LCM para los buques multipropósito y desarrolla soluciones híbridas diésel-eléctricas de tecnología nacional. Zapata valoró estas alianzas: “La señal clara de una política de Estado genera confianza para que los privados inviertan y conozcan este mercado”.
La construcción naval genera alrededor del 30% de empleo directo por embarcación, más un importante efecto multiplicador en industrias aledañas.
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Secuencia de construcción naval en Chile (Infografía Universidad Católica)
Hacia 2040
La Hoja de Ruta representa uno de los instrumentos más importantes de la Política Nacional de Construcción Naval, ya que no se trata de un documento elaborado en Santiago desde un escritorio, sino de un trabajo de co-construcción real con todos los actores del sector. Astilleros públicos y privados, proveedores, universidades, centros tecnológicos y trabajadores de las regiones participaron activamente en su elaboración, entregando su visión sobre las brechas existentes y las soluciones posibles.
Este documento contiene cerca de 30 iniciativas concretas que abordan las brechas identificadas en capital humano, financiamiento, estándares, sustentabilidad e innovación. Cada iniciativa cuenta con responsables definidos, plazos orientativos y mecanismos de financiamiento, lo que permite transformar las buenas intenciones en acciones medibles y progresivas. “Es una carta de navegación”, explicó Elizabeth Zapata, “que nos permite focalizar esfuerzos y recursos tanto del Estado como del sector privado y la academia para cerrar las brechas que hoy nos separan de construir el 100% de nuestras naves en Chile”.
El horizonte 2040 no es solo una meta temporal, sino un compromiso de largo aliento para alcanzar la autonomía estratégica en construcción naval. Se busca no solamente fabricar buques complejos como fragatas en territorio nacional, sino también desarrollar una industria naval competitiva que genere empleo de calidad, fomente la innovación y fortalezca los encadenamientos productivos en regiones como el Biobío, Los Lagos y Magallanes.
Con el Plan Nacional Continuo de Construcción Naval de la Armada como pilar y el Comité de Corfo impulsando la coordinación público-privada, Chile avanza de manera concreta hacia una mayor soberanía marítima y posiciona al sector naval como un verdadero motor de desarrollo productivo sostenible para las próximas décadas. (Luis Andres Lautaro)






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