Un letal enfrentamiento armado en las inmediaciones de la localidad de Ñequeta puso de manifiesto el incremento de la violencia táctica empleada por el crimen organizado transfronterizo en Bolivia. La agresión, perpetrada durante una operación de interdicción ejecutada por el Comando Estratégico Operacional de Lucha Contra el Contrabando (CEO-LCC), se saldó con la pérdida en acto de servicio del Sargento Segundo Abraham Gutiérrez Mamani, operador de la fuerza conjunta que recibió un impacto de proyectil en la cabeza mientras procedía al registro de un convoy de carga ilegal.
El viceministro de Lucha Contra el Contrabando, José Maurice Castro, remitió el informe oficial al Ministerio de Defensa detallando que el incidente se originó cuando patrullas de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) "Andina", con sus grupos de tarea "Macaya" y "Sajama", interceptaron tres camiones tipo F-12 dedicados al comercio ilícito. De acuerdo con el reporte del Mayor de Caballería Wilson Arenas Iturri, jefe de la operación, los ocupantes de los vehículos reaccionaron con fuego real aprovechando las complejas condiciones meteorológicas y geográficas del sector, caracterizadas por vientos fuertes, nula luminosidad y densa polvareda, hostigando a la patrulla antes de darse a la fuga tras herir de gravedad al efectivo, quien falleció durante su evacuación médica de emergencia.
Asimismo, las pesquisas iniciales coordinadas por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y el asesor jurídico de la institución, Gerardo Hugo Zeballos Ocampo, confirmaron la aprehensión de cuatro civiles vinculados al grupo agresor, quienes fueron puestos a disposición del Ministerio Público de Oruro para iniciar las investigaciones criminales y la autopsia de ley en la morgue judicial. El mando político-militar ratificó que se coordinan las acciones legales pertinentes para formalizar la denuncia penal por el asesinato del sargento, cuyos restos serán trasladados a la ciudad de Santa Cruz para recibir los honores fúnebres correspondientes.
Finalmente, este trágico suceso evidencia que los vectores del contrabando en la frontera occidental han mutado de la evasión fiscal tradicional hacia estructuras operativas de alta hostilidad militarizada, capaces de emplear armamento de fuego para retener sus activos logísticos ilegales. El sacrificio del sargento Gutiérrez Mamani obliga a replantear el nivel de letalidad y las reglas de empeñamiento en el terreno, confirmando que la seguridad fronteriza ya no enfrenta a simples comerciantes informales, sino a redes delictivas organizadas con alta capacidad de fuego.
En la primera línea de la soberanía nacional, la contención del crimen transfronterizo ha dejado de ser un mero control de aforo aduanero para convertirse en un escenario de combate asimétrico, donde el resguardo de la integridad territorial exige el sacrificio supremo de los efectivos uniformados frente a la violencia desmedida de las economías ilegales. (Marcela V. Carol)





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