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El rastreo, arma clave para las unidades de Operaciones Especiales

En su corta existencia las fuerzas de Operaciones Especiales—“guerrilleros”, como familiarmente los conocen algunos o “boinas verdes” según los distinguen otros—, han sacado de su letargo algunas modalidades de instrucción que no eran objeto, en sus programas de adiestramiento, de la atención que se merecían, y otras de las que se había oído hablar pero que no formaban parte de los mismos.

Entre estas últimas, y por citar solo dos, quiero mencionar la supervivencia y el rastreo. Sobre la primera se han escrito de un tiempo a esta parte un buen número de artículos y libros; sobre la segunda —más importante desde un punto de vista militar, aunque mucho menos comercial—, apenas existe documentación, limitándose a algún artículo escrito por los estudiosos del tema que, afortunadamente, los hay.
A poco que nos detengamos a pensar sobre el tema que nos ocupa —el rastreo—, es fácil comprender que la preocupación sobre el rastro solo afecta a aquellas unidades que actúan en la retaguardia enemiga o en una zona propia ocupada por el adversario, y para las cuales es cuestión de vida o muerte no delatar su presencia. Cuando los alemanes invadieron Noruega, durante la Segunda Guerra Mundial, no tuvieron que enfrentarse —con posterioridad a la ocupación— a ningún movimiento de resistencia ya que al estar el terreno nevado durante muchos meses al año hubiera sido muy fácil seguir la huella dejada por los esquís.
No era éste el problema al que se enfrentaban las guerrillas del SWAPO y del ANC que operaban en las fronteras de Áfria del Sur antes del cambio político que terminó con el apartheid. En aquel entonces, los guerrilleros tenían enfrente a los Comandos de Exploración Sudafricanos, reconocidos como una de las mejores fuerzas de élite del mundo, cuyos equipos de rastreadores supieron aprovecharse de las extraordinarias facultades de los indígenas zulúes para seguir el rastro de sus presas hasta el terreno pedregoso y capaces de detectar, por el olfato y a varios kilómetros de distancia, el olor a humo o la humedad proveniente de una fuente.
Mandos del Ejército español que estuvieron destinados en las tropas Nómadas del Sáhara, todavía recuerdan la impresión que les causaban los guías nativos al ser capaces de averiguar, por el olfato, la presencia de los pozos a dos y tres kilómetros de distancia.

Adelantándome un poco al desarrollo del tema hago un inciso para explicar que los citados Comandos Sudafricanos se organizaban en patrullas de cinco o seis hombres: un rastreador, un navegante, un radio, un experto en explosivos y un sanitario.
Aquí, en España, las Unidades de Operaciones Especiales (UOE’s), sin llegar a constituir patrullas como la citada sudafricana, sí incluyeron en sus programas de instrucción las medidas adecuadas para evitar a los dos principales chivatos capaces de delatar su presencia: el rastro y el mal uso de las transmisiones que permite a los escuchas de Guerra Electrónica situar sobre el terreno la fuente de la transmisión.

foto: Muy a menudo los soldados olvidan borrar todas las huellas tras alimentarse, dándole así una pista inmejorable a los rastreadores.

Por el contrario, cuando las UOE’s actuaron como contraguerrillas siempre supieron sacar provecho a sus conocimientos sobre rastreo para localizar a la partida enemiga. No así en lo que se refiere a las transmisiones por carecer de los medios técnicos necesarios para ello.
Por citar un ejemplo, basta remontarse a la década de los 70, en la Sierra de Gata (Cáceres). La Compañía de Operaciones Especiales nº 12 (COE 12), intervenía en unas maniobras como contraguerrilla. El día D, las unidades participantes ocuparon sus campamentos en las zonas asignadas y, sin pérdida de tiempo, la COE enlazó con los numerosos simpatizantes y amigos de los pueblos de la zona (algunos lo eran por haber servido en la COE siendo otros conocidos de nuestras prácticas de campo mensuales). La finalidad era activar la red de información, vital en esta clase de guerra, aunque en el caso que nos ocupa no pasará de ser un simple ejercicio.
Esa misma tarde tuvimos noticias de que la guerrilla estuvo acampada cerca del pueblo..., y el día D-1, después de hacer acopio de provisiones, lo había abandonado. Al pelotón de la COE designado para ello, le fue fácil llegar al sitio exacto donde estuvo instalada la guerrilla y en el que una zanja con basura —latas, plásticos, cartones de raciones...—, era testigo incuestionable de su permanencia en la zona.
Aprovechando que el tiempo había sido lluvioso y que como consecuencia el terreno estaba embarrado, no hubo dificultad para localizar las huellas que traicionaban la marcha de la sección que actuaba de guerrilla. A pesar de no contar con especialistas en rastreo, con paciencia se pudo seguir el rastro, utilizando además nuestra experiencia en estos casos y el sentido común.
La guerrilla había elegido la zona por las facilidades que ofrecía para la ocultación y, cargada como iba con toda la impedimenta, no se molestó en poner demasiada distancia entre el pueblo y su refugio. Era lógico pensar que no se alejaría demasiado de un arroyo, escasos en este terreno, y que, ante la posibilidad de que se repitieran las lluvias, buscara un cobertizo.
Al llegar a la zona sospechosa, la COE destacó varias patrullas, dos de las cuales siguieron los márgenes del arroyo que discurría en la dirección en la que se habían retirado. La progresión fue muy lenta, deteniéndose con frecuencia a escuchar y tratar de no perder el rastro. Cuando empezaba a oscurecer, se localizó a un guerrillero que llenaba varias cantimploras en el arroyo. A la una de la madrugada, la guerrilla fue cercada y capturada.
Desgraciadamente, y a pesar de la evidencia, no se extrajeron enseñanzas. Durante años, la COE no volvió a actuar como contraguerrilla y las numerosas veces que lo hizo como guerrilla nunca experimentó la sensación de que su rastro pudiera ser aprovechado por el contrario. Como consecuencia, ni unos ni otros leían en el terreno y guerrilleros y contraguerrilleros se movían por él como un analfabeto por una biblioteca.

foto: Coloquio en plena selva. Sólo una fuerza muy bien aleccionada es capaz de no dejar huellas tras de sí

EN ACCION

Según el diccionario ideológico de la lengua española, rastrear es buscar una cosa siguiendo su rastro, o bien, averiguar por conjeturas o señales, siendo rastro, huella o indicio que deja una cosa.
Desde la más remota antigüedad, el hombre-cazador ha buscado sus presas siguiendo el rastro de las mismas. Más tarde, se alió con el perro para que éste, dotado de olfato y oído muy superiores al suyo, le facilitara la tarea, sin perder por ello esta habilidad que el diario contacto con la naturaleza y su necesidad de supervivencia le obligaban a ejercer continuamente. Hoy en día, hay que buscar entre las sociedades primitivas, que todavía perduran, hombres capaces de aprovechar sus sentidos hasta un extremo que causan la admiración de aquellos provenientes de la civilización y que toman contacto con ellos como expusimos anteriormente. Todavía conservo vivido el recuerdo de la escena de la película española “Los santos inocentes”, en la que uno de los humildes protagonistas de la misma —¡qué extraordinaria interpretación de Francisco Rabal y Alfredo Landa!—, se echa al suelo delante de los invitados de su señorito y a gatas, utilizando el olfato, es capaz de seguir un rastro. ¿Exageración?, no lo sé, pero recordemos lo dicho de los zulúes y saharauis. Personalmente pienso, como muchos, que la realidad supera a la fantasía y que no hay exageración en ello.

foto: Miembros de un Comando de Exploración del Ejército sudafricano, en Namibia, durante la guerra irregular que  ensangrentó ese país durante más de veinte años.

Aunque reconozcamos la práctica imposibilidad de llegar al nivel al que antes me refería, sí se puede, con constancia e instrucción, mejorar las condiciones de cualquier individuo para seguir un rastro. En el caso de tratar de formar especialistas, éstos tienen que poseer unas facultades difíciles de encontrar reunidas en un solo individuo.
El especialista debe ser paciente para progresar lentamente, sin ruidos y con seguridad, observando los indicios disponibles e interpretándolos, evitando una velocidad de progresión que le haga olvidar las debidas precauciones y pasar por alto señales importantes, perder la pista o ser emboscado por el enemigo. Debe tener la capacidad y el deseo de continuar con su misión aunque los indicios sean escasos y las condiciones meteorológicas y del terreno se tornen difíciles. Si perdiera la pista, tendrá la determinación y la perseverancia necesarias para encontrarla de nuevo. Ha de desarrollar una observación minuciosa, fijándose en detalles que no son obvios a primera vista, y complementándola con sus sentidos del olfato y del oído, así como con un sexto sentido que le permita intuir los pasos dados por el perseguido. No ha de faltarle un profundo conocimiento de la naturaleza, en general, y del terreno en que se mueve, en particular, poseerá una buena memoria e inteligencia y estará físicamente bien preparado.
Como complemento de todo lo anterior, el especialista no podrá interpretar adecuadamente los indicios que encuentre a no ser que posea un buen conocimiento del enemigo, sus hábitos, armamento, equipo, material y nivel de instrucción.
La información que el especialista puede deducir del examen de una huella resulta casi increíble para el profano. Datos como el número de individuos, peso que transportan, grado de fatiga, si es tropa bien entrenada o no, etc., quedan impresos sobre el terreno. Y es que en el rastreo, el especialista se plantea una serie de cuestiones. En concreto, éstas: ¿Cuántos hombres constituyen la unidad?. ¿Cuál es su nivel de instrucción?. ¿Cómo están equipados?. ¿Cuál es su estado físico?. ¿Cuál el moral?. ¿Son conscientes de que están siendo seguidos?.
Para responder a tales interrogantes, el rastreador pone el énfasis en los siguientes factores: Huellas (pisadas). Señales o marcas. Residuos. Condiciones meteorológicas. Enmascaramiento.
La combinación de estos factores influye en la mayor o menor facilidad para el rastreo.

foto: Policías territoriales en el Sáhara español. Los nativos de este lugar tienen una habilidad excepcional como rastreadores.

HUELLAS (PISADAS)

Las huellas o pisadas pueden indicar: Dirección y cadencia del movimiento (pisada profunda y gran distancia entre las mismas significa marcha rápida; pisada profunda en la punta y máxima distancia, carrera). Altos (los altos para descansar son indicadores por un cúmulo de huellas sin patrón fijo ni dirección). Número de hombres. Existen varios métodos para deducir esto último: Médoto de caja (figura 1). Se parte de una huella clave (huella en la que se distinguen perfectamente las dos pisadas del individuo), buscando además alguna marca de identificación de la misma que permita más adelante volver a dar con ella si hiciera falta. A continuación se dibuja una línea a través del talón de una de las pisadas clave y transversal al movimiento, así como una línea paralela a la anterior a través de la punta de la otra pisada clave, completando la caja con dos líneas que señalan los bordes del itinerario. Contando el número de pisadas completas en el interior de la caja —sólo se cuenta una de las dos pisadas clave—, deduciremos el número de individuos. Si fuera posible, conviene repetir la operación en otro lugar. Cualquier persona al andar normalmente habrá pisado por lo menos una vez dentro de la caja. Este método es preciso para contar hasta dieciocho personas.
-Método de la caja de un metro (figura 2). Cuando es imposible distinguir una huella clave, se trazan dos líneas separadas un metro, en sentido transversal a la dirección del movimiento, y otras dos en los bordes del itinerario. El número de hombres será el de huellas que resulten en el interior de la caja dividido por dos.
-Método experimental. No se pueden distinguir huellas claras pero sí indicios del paso de hombres. En este caso hay que recurrir a la experiencia del rastreador para hacer una valoración.
-Carga transportada. Su peso determina pisadas muy profundas, cortas y espaciadas en anchura, interrumpidas o arrastradas.
-Sexo de los rastreados: MUJER. Huella pequeña, zancada corta, puntas hacia dentro. HOMBRE. Huella más grande, zancada más larga, puntas hacia el frente o ligeramente hacia fuera.

foto: La sangre deja muchos rastros y, según su color, puede averiguarse de cuándo data.

-Consciencia del rastreado de ser seguido. El rastreado trata de esconder las pisadas; pisadas irregulares. Si marcha hacia atrás sus pisadas serán cortas, profundas en la punta e irregulares.
-Calidad del equipo. Si la huella fue dejada por una persona con calzado de suela gastada o rota, eso indicaría falta de equipo adecuado.
-En algunos casos, puede ser importante fotografiar o dibujar el tipo de huellas, lo que permitiría localizar en otros lugares a los mismos individuos.

SEÑALES O MARCAS

Indicios del movimiento son también: ramas rotas, cepellones de hierba o musgo, hierba aplastada, huecos dejados por piedras al ser desplazadas (las piedras o troncos que han sido removidas presentan una señal de humedad en la parte que estaba en contacto con la tierra), hojas arrancadas,  restos de ropa (cuando existan arbustos o matas espinosas es fácil enganchar la ropa en ellos), barro depositado por el calzado, agua turbia en charcos o terreno húmedo al pisar en ellos (las partículas se sedimentan en una hora, aproximadamente).
Cuando una columna que transporta cargas pesadas se detiene para descansar, las cargas, al ser depositadas en el suelo, dejan una marca muy visible, sobre todo en terreno húmedo, hierba o demás vegetación rastrera.
Al amanecer, el roce contra la maleza hace desaparecer las gotas de rocío depositadas en las hojas.
En los prados se puede observar claramente un cambio de tonalidad en la zona que ha sido pisada.

La huída apresurada de pájaros o animales delata normalmente la presencia de personas, así como la parte superior de matorrales o arbustos altos al moverse en un día sin viento. Las arañas construyen con frecuencia sus telas atravesadas en sendas o pequeños claros; una tela destruida es un claro indicio del paso de una persona o animal.
El cruce de un río se deduce, además de por las pisadas dejadas en los puntos de entrada y salida, por las piedras desplazadas en el cauce o con manchas de barro (que perduran poco tiempo), vegetación del fondo del cauce aplastada, etc. Lo normal es que para cruzarlo se busquen orillas fáciles, tanto para la entrada como para la salida, presentando esta última el aspecto de haber sufrido los efectos de la lluvia en virtud del agua que escurre de los uniformes y equipos, con la particularidad de que la citada humedad se va desvaneciendo lentamente a lo largo del itinerario.
Una de las marcas más claras, es la sangre; su rastro se deposita en el terreno, matorrales, etc. Una herida en los pulmones provoca manchas de sangre color rosado y aspecto cremoso con burbujas. Por las manchas de sangre es posible determinarse la gravedad de la herida y el tiempo y distancia que podrá resistir quien la sufre sin recibir asistencia. La sangre también permite determinar el tiempo transcurrido; cuando es fresca tiene color rojo vivo, a continuación cambia a un rojo más oscuro y enseguida genera una costra castaño oscuro.

RESIDUOS

La existencia de desperdicios (papeles, colillas, latas, pieles de frutas, envoltorios, restos de hoguera, heces, etc.), indica que la unidad está mal instruida y poco disciplinada. Simplemente, dos colillas a un kilómetro de distancia una de otra, pueden señalar la dirección de progresión. Hay que tener en cuenta el efecto de las condiciones meteorológicas al calcular la edad de los residuos (ausencia o presencia de óxido en las latas, papeles descoloridos o convertidos en pulpa por la lluvia, etc.). Donde más residuos hay es en los altos para descansar. De ellos también puede deducirse el número de hombres, alimentación (pobre o abundante) y, como escribí anteriormente, su grado de instrucción.
Normalmente, cuando la unidad se aproxima a su campamento los hombres tienden a desperdiciar la comida dejando restos de la misma a medio consumir.

foto: La nieve es un espacio donde resulta prácticamente imposible no dejar rastro alguno.

CONDICIONES METEOROLOGICAS

Una lluvia abundante deja el terreno húmedo lo que hace que las pisadas se marquen claramente apareciendo los bordes bien recortados. A medida que éstas se secan, el aire o su propio peso hacen que las partículas del contorno caigan en el interior, redondeándose los bordes. Una lluvia ligera posterior a la pisada redondea los contornos, mientras que una lluvia fuerte podría borrarla totalmente. Se debe pues, para determinar la edad de la pisada, tener en cuenta cuándo llovió por última vez y su intensidad.
El viento también afecta a las pisadas. Después de secarlas, podrá depositar en el interior de las mismas, hojas, pajitas, pequeños palos, etc., fijándonos que no estén hundidas en la huella ya que ello probaría que fueron pisadas al producirla. Lo mismo que en el caso de la lluvia, el rastreador tendrá en cuenta cuándo hubo viento y su intensidad.
De lo anterior deducimos que, conociendo el suelo y las condiciones climatológicas de la zona, el rastreador es capaz de determinar el tiempo que llevan impresas las pisadas.
Los mejores momentos para rastrear son a media mañana o a media tarde (sol a 45º), debido a que se aprecian mejor los contrastes, y con el sol de espaldas.
La acción del viento afecta también a sonidos y olores. Si su dirección es del rastro hacia el rastreador, llevará aquéllos hacia éste. Si fuese al revés, el rastreador deberá extremar la cautela ya que el viento puede conducir hasta el enemigo los ruidos que fortuitamente produzca. En esta propagación de los sonidos influyen las corrientes térmicas verticales y las turbulencias en los obstáculos montañosos que hacen que el aire caliente ascienda y al enfriarse descienda, con la consiguiente propagación de los sonidos en una u otra dirección (figura 3).

ENMASCARAMIENTO

Aunque es prácticamente imposible no dejar algún indicio, si éste queda reducido al mínimo se conseguirá dificultar la localización, proporcionar una mínima información, hacer perder el tiempo a los perseguidores y que el rastro desaparezca antes por la acción de los agentes atmosféricos. Como resumen de los factores anteriores, algunas de las técnicas para enmascarar el rastro y confundir al rastreador, pueden ser:
-No dejar ningún tipo de huella, por insignificante que parezca, sobre todo en los altos y vivac.
-Borrar con una rama las huellas que no se haya podido impedir.

foto: Una mina ha destruido un vehículo. De inmediato empieza la persecución de quienes la pusieron y el éxito o no de su captura dependerá de lo hábiles que hayan sido eliminando cualquier señal de su paso.

-Evitar tocar nada con las manos; un buen perro rastreador lo detectará.
-Dispersarse siempre que la situación y el conocimiento del terreno lo permita, para converger posteriormente en un punto de reunión. De tener que ir juntos, pisar todos en la misma huella.
-Procurar andar por terreno duro, sin remover las piedras.
-Apartar las ramas, no romperlas.
-Andar durante la noche.
-Caminar de espaldas o, si es posible, colocarse unas suelas al revés o trapos envolviendo el calzado. En Vietnam, las Fuerzas Especiales norteamericanas disponían de una bota cuya suela simulaba la planta de un pie descalzo; las SAS rodhesianas utilizaban botas con la suela lisa. Otras Fuerzas Especiales envuelven las botas en redes.
-Recurrir a calzado igual al empleado por la población civil o por las fuerzas enemigas.
-Utilizar cursos de agua, manteniéndose en el centro de la corriente y en aguas profundas; ello obligará al perseguidor a seguir en ambas direcciones. Hacer algunas salidas falsas hasta un terreno duro y volver al río caminando hacia atrás; salir por una zona de piedras donde no queden huellas. Utilizar la misma técnica al marchar por una carretera asfaltada.
-No molestar a los animales salvajes, sobre todo pájaros, ya que éstos volarán en círculos por encima de la zona donde han sido espantados. Por el contrario, se puede tratar de localizar a los perseguidores por medio de estas señales.
-En tiempo cálido las heces atraen a las moscas, por lo que son fáciles de descubrir. Un perro adiestrado las localiza rápidamente.


-Si se usa bastón al andar, la marca de la punta sobre el suelo ayuda a los perseguidores a seguir el rastro.
-A menos que sea imprescindible, no hay que encender nunca fuego. Caso de hacerlo se utilizarán las medidas enseñadas en supervivencia para camuflarlo.
-A pesar de lo dicho en el punto anterior, si los rastreadores están próximos, cabe, como añagaza, encender una hoguera en una zona oculta y retirarse inmediatamente. Esto atraerá a los perseguidores que perderán tiempo montando el ataque.
-Lo mismo podemos decir de una granja abandonada esparciendo rastros evidentes que vayan hacia ella. Si tiene chimenea puede dejarse un fuego encendido. Los olores de la granja confundirán también a los perros.
-De disponer de alambre o cuerda pueden dejarse camuflados y cruzados en el camino a la altura del tobillo. Esto confundirá a los rastreadores al pensar que podría tratarse de una trampa explosiva y ganar así unos minutos. En el caso de disponer de alguna trampa se puede colocar después de poner antes varias simuladas.
-Cuando tenemos equipo enemigo, raciones, etc., es una buena táctica ir abandonándolo con prudencia a lo largo del rastro. Si los rastreadores no están seguros de a quién persiguen, ésto los podría confundir y llevarles a pensar que siguen los pasos de una de sus unidades.

foto: La impedimenta pesada ayuda a hacer más visible las huellas

ORGANIZACIÓN DE UNA UNIDAD DE RASTREO

Aunque la organización de una unidad de rastreo puede ser variable y no tiene por qué obedecer a reglas fijas, un modelo tipo podría ser la Patrulla de Rastreo, constituida por: Mando: oficial o suboficial. Plana Mayor: suboficial o cabo 1º; dos radios; dos conductores; dos rastreadores. Tres Escuadras de Rastreo, cada una constituida por cinco hombres, con las siguientes misiones (figura 4).
* Número 1. Rastreador Central, es el directamente responsable de seguir el rastro.
* Número 2. Jefe de Escuadra, dirige la actuación y los relevos de la Escuadra y proporciona seguridad al Central.
* Número 3. Transmisiones, lleva el aparato de radio y es responsable de la seguridad a retaguardia.
* Números 4 y 5. Proporcionan seguridad al frente y a los flancos. Como misión secundaria observan si el rastro sufre desviaciones.

INSTRUCCIÓN

Aparte de la instrucción específica de todo miembro de una UOE’s, debe prestarse una atención particular a todo lo referente al enemigo (organización, armamento, equipo, etc.), transmisiones, primeros auxilios, armamento y topografía.

EQUIPO

El equipo a transportar tiene que ser lo más ligero posible para evitar que la fatiga derivada de uno pesado distraiga la atención e impida la concentración.

foto: Un soldado alemán, en el Cáucaso, se prepara para caminar sobre nieve blanda y profunda. Sin duda que su rastreo resultaría de lo más fácil.

PROCEDIMIENTOS DE ACTUACION

— La primera medida a adoptar es aislar el área donde se sospecha que exista el rastro.
— Se bate la zona describiendo círculos hasta encontrar el rastro principal. Si surgen varios, es más recomendable seguir uno hasta el punto de reunión con los demás que continuar trazando círculos hasta deducir cuál es el principal.
— Cuando se desplacen en cuña, el rastreador central deberá ir al frente; los números 4 y 5, en los flancos; el jefe y el 3, en el centro. Cuando marchen en hilera, el 1 deberá ir en cabeza, seguido del jefe, el 3 y a continuación los 4 y 5.
— El rastreador central será relevado cada 30 minutos o cada 15 si el terreno es difícil, por ejemplo en lugares pedregosos. La sustitución se hace por el flanqueo que tiene el terreno más fácil; el central pasa a ocupar el puesto de transmisiones y éste el de flanqueo.
— La Patrulla es relevada diariamente.
— Cada cinco kilómetros debe estudiarse la dirección de huida del enemigo.
— Un procedimiento usual consiste en, una vez localizado el rastro principal y la dirección de huida, enviar por delante de la primera Escuadra de Rastreo, entre 5 y 10 kilómetros y en la misma dirección, otra Escuadra para localizar el mismo rastro. Aunque lo descubra, la primera seguirá el suyo, por si el enemigo hubiera abandonado algún armamento o material en ese trayecto. Se continuará actuando de este modo hasta contactar al enemigo.
— Cada Escuadra mantendrá informado al jefe de la Patrulla de su situación y de los indicios que localice.
— La Patrulla ha de evitar el contacto con el enemigo ya que normalmente estará en inferioridad respecto a éste.
— Una vez que la Patrulla calcule la distancia a la que puede ir por delante el enemigo, el Mando que destaca la Patrulla de Rastreo envía una fuerza helitransportada para actuar ofensivamente sobre aquél. Esta fuerza actúa normalmente empleando la técnica del yunque y martillo; una parte (yunque), bloquea el itinerario seguido por el enemigo mientras el resto (martillo), situado en la retaguardia de éste, lo empuja hacia el anterior (figura 5). Como es lógico, hay que impedir que el enemigo aperciba la maniobra ya que entonces cambiaría de dirección de huida.

foto: Una patrulla del Jemer Rojo investiga, en Neak Luong, los restos de un blindado norteamericano. Las guerrillas indochinas les llevaron siempre ventaja a los Ejércitos europeos en el rastreo.

Bibliografía

• Anotaciones del propio autor en los años de mando de la COE 12 (Plasencia, Cáceres) y del Curso de Mando de Unidades de Operaciones Especiales (Jaca, Huesca).
• Trabajo sobre “Rastreo y Contrarrastreo”, del capitán José Crespo-Francés.
• Manual “Counter Tracking Manual”, del archivo del SAS británico.
• Manual de Rastreo, del Ejército Nacional de Colombia.
• Documentación del Curso de Mando de Unidades de Operaciones Especiales.

Revista Defensa nº 240, abril 1998, Coronel José Vázquez Soler


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