La Universidad del Aire de la Fuerza Aérea de Estados Unidos ha vuelto a poner sobre la mesa en una publicación (Strategics Horizons Volumen 2, Número 1, 2026) las preocupaciones estratégicas que genera el avance de China en infraestructuras portuarias clave de Sudamérica. El documento identifica a los puertos de Chancay (Perú), Ushuaia (Argentina) y Punta Arenas (Chile) como puntos de interés particular por su potencial para convertirse en activos de doble uso bajo influencia de Pekín.
De los tres, el de Chancay aparece como el de mayor riesgo. Operado mayoritariamente por COSCO Shipping Ports (con un 60% de participación china), el megapuerto peruano cuenta con capacidades para aguas profundas, muelles capaces de recibir buques Post-Panamax e instalaciones que, según el análisis, podrían albergar incluso unidades de gran porte de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN por sus siglas en inglés, People's Liberation Army Navy). Su ubicación estratégica cerca de rutas del Pacífico, la escasa supervisión estatal peruana reportada en algunos informes y los vínculos financieros de Lima con Pekín alimentan las alertas. Además, se menciona su conexión con proyectos ferroviarios transcontinentales que podrían redirigir flujos comerciales del Atlántico hacia el Pacífico bajo control chino.
Más al sur, el puerto de Ushuaia ocupa el segundo lugar en este ranking de preocupaciones. Su posición en el extremo austral argentino, junto al Estrecho de Magallanes y con acceso directo al Océano Austral y la Antártica, lo transforma en una puerta estratégica para el monitoreo de rutas que evitan el Canal de Panamá. La deuda soberana argentina, aunque reducida en su componente swap con China (de alrededor de 5.000 millones a unos 675 millones de dólares activos a inicios de 2026), sigue siendo un factor de apalancamiento histórico. Pekín ha actuado como prestamista de última instancia en crisis pasadas, lo que le otorga influencia persistente
Sin embargo, los cambios políticos en Buenos Aires bajo la administración Milei han frenado temporalmente las ambiciones chinas. El anuncio en 2024 de una base naval integrada con el apoyo estadounidense en Ushuaia anunciado por Javier Milei en aquel entonces, concebida como centro logístico antártico con capacidades de reparación y reabastecimiento, ha desplazado sin duda el impulso de proyectos chinos. Hasta junio de 2026, el proyecto de la Base Naval integrada avanza, con observación norteamericana en el escenario político y cooperación estratégica, pero sin compromisos financieros o concesiones formales de Estados Unidos, lo que también nivela la probabilidad de concesiones a Beijing en un enclave tan sensible. Aun así, las instalaciones existentes con calados de 7 a 11 metros y muelles de 650 metros podrían acoger buques de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN) o apoyo a operaciones antárticas, especialmente Rompehielos y buques científicos chinos que operan en temporada de verano.
Chile y Punta Arenas, atención sostenida pero sin alarma inmediata
Punta Arenas, en Chile, representa la menor amenaza inmediata entre los tres, pero su valor estratégico no pasa desapercibido. Como alternativa a Ushuaia, ofrece acceso al Estrecho de Magallanes y al Océano Austral, con instalaciones que incluyen muelles subsidiarios capaces de recibir buques de hasta 240 metros. Aunque Chile mantiene una menor vulnerabilidad a la presión externa gracias a una gestión más equilibrada de sus finanzas y alianzas, la ubicación garantiza su relevancia en los cálculos a largo plazo de Pekín. Asimismo, Chile, socio de la Franja y la Ruta desde el 2018, mantiene un acuerdo de cooperación en defensa con China desde 2011 firmado por el entonces Ministro de Defensa Andres Allamand, aunque de bajo perfil hasta la fecha.
Actualmente la defensa chilena sigue estos desarrollos geopolíticos con total atención, tal como expresó el ministro Fernando Barros en abril de 2026 ante la Comisión de Defensa de la Cámara. Respecto a la Base Naval integrada en Ushuaia con “posible” participación de Estados Unidos, descartó inquietud inmediata, subrayando que se trata de acuerdos soberanos normales entre países, aunque se monitorea su impacto en el equilibrio regional y el acceso antártico.
Paralelamente, durante la Conferencia de Defensa Sudamericana (SOUTHDEC 25) en agosto de 2025, el entonces comandante de SOUTHCOM, almirante Alvin Holsey, subrayó los riesgos asociados a proyectos de infraestructura de doble uso en la zona. Estados Unidos alertó explícitamente a Chile sobre la influencia china en el Estrecho de Magallanes, destacando riesgos de proyección de poder y uso de infraestructura dual.
Santiago responde fortaleciendo su propia presencia, modernización de muelles, la construcción del Rompehielos AGB-46 “Almirante Viel” y un Plan Estratégico Antártico 2026-2030 que refuerza la proyección nacional. Además, Chile explora oportunidades en hidrógeno verde y pesca, pero mantiene cautela ante propuestas portuarias chinas en la zona austral, donde las condiciones oceanográficas extremas (mareas de hasta 12 metros y corrientes fuertes) complican cualquier expansión.
Control portuario, deuda y uso dual
Un examen detallado revela patrones comunes. En Chancay, el control operativo chino es directo y mayoritario. En Ushuaia y Punta Arenas, predomina la gestión local, aunque con presiones para mayor acceso. El apalancamiento de deuda es más pronunciado en Perú y Argentina, mientras que Chile muestra mayor resiliencia. Respecto al uso dual, todos los puertos tienen capacidad logística que podría adaptarse a fines militares, aunque ninguno ha sido identificado formalmente como base ofrecida por el país anfitrión. La utilidad estratégica radica en su posición, Chancay como hub Pacífico-Atlántico, Ushuaia como puerta antártica y Punta Arenas como control del estrecho entre el Pacífico-Atlántico y acceso a la Antártica.
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Tabla de Chancay, Ushuaia y Punta Arenas y su potencial amenaza portuaria (STRATEGIC HORIZONS, VOL 2, N°1 2026, página 235)
En Argentina, precedentes como el radar de Neuquén bajo arrendamiento de 50 años con escasa supervisión y personal del EPL ilustran cómo Pekín aprovecha acuerdos científicos o comerciales para capacidades de doble uso, desde vigilancia satelital hasta inteligencia. Similarmente, flotas pesqueras chinas en aguas australes podrían servir de pretexto para patrullas de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN). En el caso chileno, se destaca el esfuerzo activo por fortalecer la defensa del territorio antártico, lo que indirectamente también beneficia y puede ser aprovechado en escenarios de cooperación con otros países.
Respuestas regionales.
Más allá de los puertos, el estudio aborda la estrategia china de combinar inversión comercial, préstamos y proyectos de “cooperación científica” que pueden derivar en capacidades de inteligencia o logística militar. Ejemplos como LOGINK (plataforma de inteligencia logística china). En un eventual conflicto, el control de estos nodos podría permitir retrasos en despliegues estadounidenses, preposicionamiento de material o interrupciones en cadenas de suministro. Sin embargo, los avances en Ushuaia y el permanente diálogo entre Argentina y Estados Unidos con y la vigilancia chilena en el estrecho muestran que la región no es pasiva del todo.
Para Estados Unidos y sus aliados, el desafío radica en ofrecer alternativas financieras creíbles que contrarresten a la Franja y la Ruta ofrecida por China, con el propósito de fortalecer gobernanza y monitorear exposiciones de deuda. Chile, en particular, equilibra la cooperación con Pekín en comercio y energía con una Armada activa de su soberanía austral, como demuestran sus ejercicios conjuntos y modernizaciones constantes.
En Chile, donde se valora el equilibrio entre relaciones comerciales pragmáticas y preservación de la soberanía en zonas estratégicas, estos informes se siguen con atención profesional. Si bien la presencia económica china es un hecho consolidado en la región, la vigilancia marítima, la modernización de capacidades australes y la cooperación con aliados tradicionales siguen siendo pilares para mantener el control de rutas vitales como el Estrecho de Magallanes.
El debate no es nuevo, pero la publicación de 2026 lo actualiza en un momento de crecientes tensiones geopolíticas globales. Chile, con su posición geográfica privilegiada, continúa priorizando una política de defensa soberana y multilateral que proteja sus intereses en el Pacífico, el Atlántico sur y la Antártica. (Luis Andres Lautaro)





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