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El plan de renovación de las Fuerzas Armadas rusas y su armamento

La permanente modernización del ejército ruso, una tarea a la que lleva dedicado varios años Vladimir Putin, se completará con un nuevo programa de armamento para la próxima década recientemente firmado por el presidente. La activa participación de las Fuerzas Armadas rusas en la guerra civil de Siria ha servido para probar unas armas que el líder quiere que sean las más efectivas y precisas. Con anterioridad, Putin había puesto un énfasis especial en equipar a las tropas de tierra, mar y aire con armas de alta precisión y equipos de ataque no pilotados, así como un equipamiento individual para los militares con los sistemas más modernos en inteligencia, comunicación y guerra electrónica.

La primera experiencia de combate con este tipo de armas de alta precisión y gran alcance usadas desde tierra y mar ha resultado positiva, señaló Putin en una comparecencia en el Ministerio de Defensa de Moscú, refiriéndose a los misiles de crucero Kalibr y X-101, empleadas por las fuerzas rusas en Siria.

El trabajo militar en Siria ha demostrado que el armamento y equipo rusos son de los mejores del mundo. Se distinguen por la sencillez en su funcionamiento, fiabilidad y capacidad de combate, en comparación con sus análogos de otros países, señaló el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, el general Valeri Guerasímov. Forman parte del ambicioso programa estatal de armamento 2018-27 (GPV-2027). Según el viceprimer ministro, Dimitri Rogozin, el objetivo de Moscú es que en el 2020 el 70 por ciento de las tropas de tierra y la Armada estén equipadas con armamento y tecnología modernos. El viceministro de Defensa, Yuri Borísov, ha apuntado que el GPB-2027 contempla aportar a las Fuerzas Armadas rusas modernos portaaviones, fabricar superarmas, así como proveer al ejército de armamento basadas en nuevos principios físicos.

Modernizar las Fuerzas Armadas, incluido su equipamiento, es totalmente necesario, porque hubo un largo periodo de tiempo en el que no se invirtió en este aspecto, señaló Iván Timoféiev, director de programas del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales, que asegura que no es nada extraordinario, ya que es algo que ya han hecho Estados Unidos y los países europeos. Víktor Bóndarev, presidente de la Comisión de Defensa y Seguridad del Consejo de la Federación declaró queno se puede esperar de nosotros una escalada de las tensiones. Rusia quiere centrarse en un fortalecimiento constante de la capacidad defensiva del país. Las relaciones entre Rusia y los países occidentales, especialmente con Estados Unidos, llevan varios años en su nivel más bajo desde que se desintegró la URSS.

Desde el 2014, los conflictos armados en el este de Ucrania y Siria, así como las sanciones contra Rusia por la anexión de la península de Crimea han marcado esta relación. El coste del nuevo programa de armamento supondrá unos 283.000 millones de euros, un poco menos que el anterior de 2010 y que los expertos han calculado en 293.000 millones. El Gobierno ruso no quiere entrar en una carrera armamentística, porque eso significa un enorme gasto y su interés es evitarlo, explica Iván Timofeiev. El Gobierno ruso tiene que moverse entre dos extremos: uno le deja vulnerable ante una amenaza militar y el otro supone un gasto excesivo de recursos para reaccionar a una amenaza militar y tiene que encontrar una fórmula óptima para mantener el equilibrio entre ambos.

Entre otros encargos, el nuevo programa de armamento para la próxima década contempla comprar misiles de crucero lanzados desde el aire y misiles balísticos para submarinos. Se comprarán más aviones como los que han hecho la campaña de Siria, como aviones de combate Su-30CM, Su-35 y Su-34, así como cazas de quinta generación Su-57, 24 cazas MiG-35 y 10 bombarderos supersónicos Tu-160M2. El Ejército recibirá nuevos sistemas de defensa aérea, carros de combate T-90 y T-14, vehículos acorazados de infantería Kurganets-25 y blindados Boomerang. Algunos observadores apuntan aquí que en Moscú entienden que no se puede sostener eternamente una modernización constante o una carrera armamentística y tarde o temprano parte de la industria militar tendrá que reconvertirse.

Según sostiene Oleg Igntov, director de Análisis Político en el Centro sobre Coyuntura Política de Moscú: “La industria militar rusa está orientada a la exportación, siendo la segunda del mundo. Se espera que las sanciones americanas golpeen fuerte en el sector de Defensa. Las consecuencias no se sentirán de inmediato, pero sí en los próximos dos o tres años, ya que es posible que muchos importadores de armas rusos, como el principal, que es India, se nieguen a firmar nuevos contratos”. La idea de diversificar la industria militar no es nueva y Putin ya la propuso en 2016. Para 2025 el sector debería aumentar su producción de alta tecnología para uso civil, hasta alcanzar un 30 por ciento y en 2030 un 50. Al Gobierno le interesa mostrar que, con ese riesgo de caída de las exportaciones, el Estado mantiene su apoyo a la industria militar y que las fábricas contarán con contratos a largo plazo.

Fotografía: MiG-35


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