Actualidad
Spanish Chinese (Traditional) English French German Italian Portuguese Russian

Guerra de Libia. El triunfo relativo de la tecnología

Por Julio Maíz Sanz

El conflicto de Libia se subdivide en dos guerras, la civil y la campaña que realizan un total de 17 países contra el régimen del coronel Gadafi. Estamos ante unos combates en dos velocidades, en el que contrasta el uso de sistemas de defensa de última tecnología que emplean naciones como Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, con las columnas de vehículos todo terreno comerciales dotados de ametralladoras y cañones ligeros, que emplean principalmente los rebeldes libios y últimamente los leales al dictador.

La guerra de Libia comenzó con una rebelión de parte de la población contra el régimen del dictador Gadafi, que lleva en el Gobierno desde 1969. Este conflicto se inició con una serie de protestas y manifestaciones duramente reprimidas, entre enero y febrero de este año, que pasó a ser una guerra civil, tras lograr los rebeldes tomar el control del Este del país. Así, éstos controlan la denominada región de Cirenaica, más algunas ciudades del Oeste, mientras que la Tripolitania, región donde está la capital, Trípoli, es el feudo de Gadafi. Pronto los entusiastas rebeldes se hicieron presentes en todas las TV del mundo. Las columnas de éstos se han distinguido sobre todo por un claro derroche de optimismo y una desorganización clamorosa, propia de las milicias republicanas del inicio de la Guerra Civil española.


Respecto a su armamento, se observa que se basa en los fusiles de asalto AK-47 de 7,62 mm. y, en menor medida, los más modernos AKM de 5,56 mm., las ametralladoras PKM, los lanzagranadas RPG-7V y algunas ocasiones se han visto los misiles antiaéreos portátiles SA-7. En lo que respecta a su armamento colectivo, se puede ver toda la gama de ametralladoras pesadas de diseño ruso DsHK de 12,7 mm. y Kpvt de 14,5, que, al igual que los cañones ligeros de 23 mm. (ya sean en montajes simples, dobles o cuádruples), son montados en las cajas de una amplia gama de vehículos todo terreno y camiones ligeros comerciales. Igualmente disponen de sistemas de lanzacohetes de diferentes modelos, sobre todo los chinos del Tipo-63 MRL de 107 mm. y, en menor medida, los BM-21 de 122, montados en vehículos comerciales mayoritariamente.

Estamos, pues, ante una fuerza que, a pesar de algunos éxitos iniciales, no fue capaz de hacer frente a las fuerzas regulares del Ejército de Libia. Este, tras un primer momento de sorpresa, fue activado por los leales a Gadafi, incluyendo el liderazgo de uno de los hijos de Gadafi, recuperando la iniciativa en los combates. La posterior intervención de los modernos aviones occidentales logró en breve la superioridad aérea y castigar duramente al Ejército libio, aunque, como en otros conflictos actuales, el moderno potencial aéreo, aunque decisivo para que las huestes de Gadafi no consiguieran una victoria cantada, no han logrado acabar con éstas. Solo una intervención terrestre, no prevista ni deseada por Occidente, podría poner fin al régimen, dado que parece que los rebeldes, por si solos, no parecen lograrlo.
Las Fuerzas Armadas libias, tras pasar un largo periodo de ostracismo durante el largo embargo internacional que se extendió de 1988 a 2004, estaban en un periodo de franca recuperación tras el fin de éste. Así, el nuevo material estaba empezando a dotar a éstas, que iba incrementando progresivamente su fuerza, aunque, sobre todo en lo referente a la aviación, la anunciada intención de comprar  aviones de última generación como los Sukhoi Su-30 y Su-35 rusos y los Rafale galos no llegó a cerrarse. En el momento de empezar la guerra, el Ejército de Tierra alineaba unos 50.000 efectivos, que habrían sufrido un gran número de deserciones y que obligó al régimen a contratar mercenarios.
El material se compone de una importante masa de carros de combate, estimada en unos 1.900, de los que buena parte estaban almacenados, debido a la falta de repuestos por el referido bloqueo. Los más modernos son 181 T-72, que estaban en proceso de modernización con asistencia rusa. Igualmente, alinea un buen número de anticuados T-62 y T-55. Respecto a vehículos de combate de Infantería (VCI) y transportes blindados, se emplean los rusos BMP-1 y BMD-1 y los de ruedas BTR-50/60 y BRDM-2, del mismo origen, así como los brasileños EE-9 Cascavel y EE-11 Urutu, y los checos-polacos OT-64 Skot.
La Artillería está formada por unas 2.400 piezas de origen ruso, de las que 444 serían  autopropulsados de 122 mm., 2S1 y los 2S3 de origen ruso, los eslovacos M-77 Dana, algunos M-109 estadounidenses y los italianos VCA-155 Palmaria. Habría unas 650 piezas remolcadas y, sobre todo, se ven los lanzacohetes, que en número de 830 van desde los mencionados chinos Tipo-63 a los BM-21 Grad rusos. Reseñamos la presencia en el arsenal de, en teoría, unos 400 misiles tierra-tierra, Scud-B y Frog-7, aunque esta amenaza no se ha materializado, por lo que su disponibilidad real es más que dudosa. Respecto a los antiaéreos, que podrían haber sido uno de los principales handicap para las operaciones aéreas de la coalición internacional, los libios cuentan, al más puro estilo soviético, de un Mando de Defensa Aérea independiente con cañones antiaéreos, además de misiles en lanzadores fijos SA-2, SA-3 y SA-5 y los sitos en plataformas móviles SA-6 y SA-8B. 
El Ejército cuenta con misiles antiaéreos, transportados en plataformas móviles, del modelo galo Crotale y los rusos SA-9/13, además de los ya comentados portátiles SA-7. Además, se utilizan cañones de diversos calibres, entre los que destacarían los autopropulsados ZSU-23-4. En 2009, Libia encargó a Rusia cuatro baterías de misiles de largo alcance SA-300, de la variante PMU-2, por un importe de 1,8 miles de millones de dólares, pero hasta la fecha no habían sido entregados. De estar en servicio este material, que tiene un radio de acción de 195 km., hubieran complicado bastante el ataque aliado.

La resolución
La alarma producida en Occidente por las acciones de represión del coronel Gadafi, llevaron a la Comunidad Internacional, encabezada por Francia y Gran Bretaña, a crear una corriente de opinión favorable a intervenir militarmente. Así, y con los rebeldes a punto de perder su principal bastión, Bengasi, el 17 de marzo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución que autorizaba imponer una zona de exclusión aérea sobre Libia y preveía la posibilidad de realizar una operación militar para defender a la población. El día 19 de marzo se ponía en marcha la Odyssey Dawn (odisea del amanecer), según designación estadounidense, en la que participan, hasta la fecha, 17 países activamente, incluidos Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Italia, España y Dinamarca. El 27 de marzo, la OTAN asumió oficialmente el mando de la operación militar de la coalición en Libia.
Las acciones comenzaron con una primera intervención de 19 cazabombarderos del Armée de l’Air galos, que empezaron a volar sobre Libia, imponiendo la exclusión aérea e incluso atacando y destruyendo varios blindados del Ejército de Gadafi que se acercaban a Bengasi. Es de destacar la previsión y protagonismo de la Francia de Sarkozy, que desplazó previamente algunos de sus aviones a la Base de Solenzara (Córcega). Desde ésta salieron parte de los Mirage 2000 y Rafale, que iniciaron la Operación Harmattan. Mientras, Estados Unidos comenzaban el conflicto, como lo llevan haciendo desde hace veinte años, mediante el lanzamiento de 112 misiles de crucero Tomahawk, sobre los radares y diversos sistemas  de las defensas antiaéreas libias. Los navíos encargados de esta misión fueron los submarinos USS Florida y el británico HMS Triumph y los destructores USS Barry (DDG 52) y USS Scout (DDG-55), del tipo Arleigh Burke. 
Estados Unidos ha designado la operación como Odyssey Dawn, asumiendo en aquellos primeros momentos la coordinación de todas las operaciones de la Alianza el almirante Samuel J. Locklear, utilizando como buque insignia el USS Mount Whitney. Posteriormente, el mando de la coalición sería asumido por el AFRICOM y la OTAN, como luego veremos. La participación naval norteamericana se completaba con la participación del buque anfibio con plataforma para helicópteros y dique LHD (Landing Helicoper Deck) 3 USS Kearsarge, y el navío anfibio con plataforma y muelle LPD (Landing Plataform Deck) 15 USS Ponce. Entre ambos están embarcada la 26º Marine Expeditionary Force (MEU), o Fuerza Expedicionaria de los Marines. El segundo día de operaciones empezaron a intervenir los bombarderos furtivos (stealth) B-2 de la USAF, volando directamente desde su base de Whiteman, sita en Missouri. Un largo viaje en el que son vitales las operaciones de reabastecimiento en vuelo de los aviones cisternas.
La guerra de Libia ha supuesto la primera experiencia bélica de una serie de nuevos sistemas de defensa. El primero de estos es el avión de ataque electrónico AEA (Airborne Electronic Attack) Boeing EA-18G, basado en el biplaza F/A-18F Super Hornet. El nuevo aparato porta los sistemas de localización e interceptación de las emisiones de radiofrecuencias contrarias, análisis y bloqueo ALQ-99 y 218, mientras que los misiles antirradar de alta velocidad AGM-88 HARM (High-speed Anti-Radiation Missile) le sirven para destruir los sensores enemigos. La US Navy, que opera estos costosos aviones, procedió a trasladar cinco desplegados en Irak a la base italiana de Aviano para las operaciones sobre Libia. 
Es de destacar que, prácticamente desde la Guerra de Kosovo de 1999, los aparatos de los Estados Unidos y sus aliados no combaten contra unas fuerzas armadas convencionales. En 2003 se enfrentaron a las Fuerzas Armadas de Sadam Hussein, que estaban muy  tocadas tras doce años de embargo, exclusión aérea y continuos ataques, por lo que su capacidad de defensa antiaérea fue nula, dado que la mayoría de sus sistemas habían sido destruidos previamente. Las operaciones de apoyo a las fuerzas aliadas incursas en operaciones de guerra asimétrica han sido la principal labor de las aeronaves de los países occidentales, principalmente desde el 11-S.
Para Francia también está significando una más que interesante oportunidad para probar sus sistemas de defensa aérea. Los cazabombarderos Dassault Rafale, tanto en su versión naval como convencional, son uno de los grandes protagonistas de la guerra, aunque no es su debut operacional en combate, que ocurrió sobre Afganistán, pero sí significa la primera campaña contra un enemigo convencional. Entre los sistemas que equipan al cazabombardero es de destacar, en su versión más moderna, la F-3, las barquillas de reconocimiento de nueva generación Reco NG y de designación de blancos Damocles.
La noche del 23 al 24 de mayo significó para ambos servicios aéreos galos, el Armée de l’Air y la Aéronavale, su primera operación real de disparo de los misiles crucero SCALP EG, otro sistema que ha debutado en el conflicto. En esta misión de lanzamiento participaron dos Rafale y dos Mirage 2000, que partieron de la base corsa de Solenzara, y dos de la Aéronavale, que fueron catapultados desde el portaviones Charles de Gaulle, que iniciaron un ataque contra una base aérea de la Fuerza Aérea de Libia sita a 250 km. de la costa. El alcance del ingenio, de 500 km. permitió a los aviones galos lanzarlos contra el objetivo sin necesidad ni siquiera de sobrevolar Libia. El referido misil crucero fue desarrollado por MBDA, participada por EADS, y fue cofinanciado por Gran Bretaña, que también lo opera con el nombre de Storm Shadow desde los cazabombarderos de la RAF. Es de reseñar que éstos ya los emplearon durante las operaciones bélicas de la Alianza que derrotó al dictador iraquí Sadam Hussein en 2003.
La RAF ha desplegado en la base de la Aeronautica Militare de Gioia di Colle, sita en el Sur de Italia, al 906º Ala Expedicionaria, que reúne ocho Tornado GR.4 y diez Eurofighter. Los británicos también han enviado sus aviones de apoyo, encuadrados en el 907º Ala Expedicionaria, en la base Royal Air Force de Akrotiri, en la isla de Chipre. Este Ala está equipado con  un sistema aerotransportado de alerta temprana y control Airborne Warning Air Control System (AWACS) Sentry, un aparato de inteligencia Nimrod R1, un avión con radar Sentinel R1 y un cisterna VC10.

Participación española
El Gobierno español se sumó enseguida a esta guerra, poniendo a disposición una serie de medios. El mismo día 19 salieron de Torrejón de Ardoz cuatro EF-18A del Ala 12. Esta fuerza, que está bajo el mando del teniente coronel Luis Villar, siendo denominada como destacamento Argos, ha sido desplegada en la base italiana de Decimomannu, sita en la isla de Cerdeña. Desde allí, los aviones hacen patrullas de control aéreo CAP (Control Air Patrol), según informa el Ministerio de Defensa, aunque en las fotos se puede apreciar que van equipados con designadores de blancos terrestres Northrop Grumman Litening, por lo que podrían hacer perfectamente ataques a objetivos terrestres. Se trata, además, ante una misión para la que los pilotos españoles están más que preparados. 
Hasta el día 29 de marzo, la coalición les había encomendado trece misiones de patrulla aérea de combate y siete de reabastecimiento en vuelo con el Boeing 707 del 47 Grupo Mixto que les acompaña, que han supuesto unas 90 horas de vuelo de los cazas y unas 41 del cisterna. Desde la misma base italiana opera el biturbina CN-235 (D.4) VIGMA (Vigilancia Marítima),  que participa en la misión de embargo de armas a Libia. Este avión es unos de los asignados al Ala 48, cuyos aparatos de ala fija tienen como sede la Base Aérea de Getafe. Respecto al dispositivo naval, destinado a participar en el cumplimiento del embargo de armas a Libia, está formado por la fragata F-104 Méndez Núñez, una de las eficaces F-100, de la 31ª Escuadrilla de Escoltas con Base en Ferrol,  y el submarino S-74 Tramontana, que partió de Cartagena (Murcia) para unirse al dispositivo naval.
La unidad de mando que  dirigió inicialmente la estrategia de las operaciones aliadas en Libia, fue el denominado Africa Command (AFRICOM) de Estados Unidos, creado el 1 de octubre de 2008, siendo su responsabilidad las operaciones que realice esa nación en África, menos Egipto, que está asignado al Mando Central (CENCOM). El actual comandante del AFRICOM, el general de cuatro estrellas Carter F. Ham, de 59 años de edad, que se había hecho cargo del puesto solo tres semanas antes de la guerra, pasó a gestionar la importante cantidad de medios y de tan distintos países asignados a la misión. Se ha de tener en cuenta que no tiene unidades militares propias, y hasta ahora se ocupaba extender la influencia de los Estados Unidos en el Continente Negro, formando y entrenando a las fuerzas armadas de varios de sus países, siendo una de las principales misiones la lucha contra el terrorismo en el  territorio africano.
Actualmente, el Mando tiene su Cuartel General en Stuttgart (Alemania) y está dotado con 1.300 empleados, de los que la mitad son militares y el resto funcionarios civiles. Después de una serie de desacuerdos, el Mando de la operación se trasladó a la OTAN, recayendo en el teniente general Charles Bouchard. Este militar de la Fuerza Aérea canadiense dirige desde finales de marzo el mando de la operación, en su condición de Allied Joint Force Command Naples (JFC Naples), lo que vendría a significar jefe del Mando Aliado de la OTAN en Nápoles (Italia). Es de destacar la gran confianza que tiene Estados Unidos en este teniente general, ya que antes ocupó el puesto de jefe segundo del Mando de Defensa Aerospacial de América del Norte, o North American Aerospace Defense Command (NORAD).
Desde los primeros momentos, los cazabombarderos de la USAF realizaron salidas contra blancos en Libia y las unidades encargadas de la misión fueron sus aparatos de combate en Europa (USAFE), los F-16C con base en Spangdahlem (Alemania) y Aviano (Italia) y los tres escuadrones equipados con F-15C/D y F-15E asentados en la base en RAF de Lakenheath (Reino Unido), de los que una decena de los últimos estarían participando en las operaciones. Esta importante fuerza ha adelantado parte de sus aparatos a las bases italianas de Sigonella (Sicilia) y Aviano, apoyados por los cisternas KC-135 Stratotanker, del 100 ARW (Air Refuelling Wing), que se han desplegado en la Base de la USAFE de Spangdahlem, tras trasladarse desde su sede permanente de RAF Midenhall (Reino Unido).
Para este vital servicio de reabastecimiento se han trasladado más cisternas desde Estados Unidos, volviendo a utilizar como base de despliegue la española de Morón de la Frontera (Sevilla). A tierras andaluzas han ido llegando un gran número de cisternas, cifrado por algunas fuentes en 22 KC-10A y  KC-135R. Estos últimos pertenecen al 171º Ala de Reabastecimiento Aéreo (ARW) de la Air National Guard (Guardia Aérea Nacional), con base en Pittsburgh (Pennsylvania); el 151st ARW, de Salt Lake City (Utah); y el 22st ARW con base en  McConnell (Kansas); mientras que los KC-10A pertenecen al 60th Air Mobility Wing (AMW), o Ala de Movilidad Aérea, y al 349th AMW, de Travis (California).
Un poco más al Suroeste, en Rota (Cádiz), llegan los grandes transportes de Air Mobility Command (AMC) C-17 y C-5 desde bases de los Estados Unidos, en mucho mayor número de lo que es el relativamente alto tráfico habitual que allí llegan. El uso de estas bases es vital para la USAF y todas las grandes operaciones en Oriente Medio, desde la crisis árabe-israelí de 1973, han servido como escala intermedia entre Estados Unidos y la citada convulsa región. Durante está operación también habría de resaltar la presencia en Rota de dos  aviones conjuntos de vigilancia y designación de blancos y sistema radar Joint STARS (Joint Surveillance Target Attack Radar System) E-8C de la USAF.
Desde Estados Unidos han realizado puntuales operaciones bombarderos B-1B y B-2, habiendo llegado a Europa diversas variantes de Hercules, incluidos los cañoneros AC-130U, aparatos AWACS E-3, RC-135 y seis activos A-10 Thunderbolt de ataque. Respecto a helicópteros, dos HH-60 Pave Hawk están desplegados en el USS Ponce para realizar desde allí misiones CSAR.
En lo referente al campo de misiones de reconocimiento, resalta la presencia de un veteranísimo U-2, que ya en la crisis de Cuba de 1962 estaban presentes, y un moderno Unmanned Aerial Vehicle (UAV) Global Hawk. La US Navy utiliza los P-3C y EP-3E desplegados en Rota y Sigonella y los citados EA-18G Growler. Los miembros del USMC, despliegan casi todos sus medios en el LHD USS Kearsarge, con la clásica dotación de cazabombarderos Harrier, helicópteros CH-53E y los nuevos convertibles V-22 Osprey. Les acompaña en las operaciones un KC-130J Hercules cisterna, basado muy posiblemente en Sigonella.

Se incorporan otros aparatos y países
La acción de la USAF y los demás aliados ha acabado ya con la capacidad organizada de lucha de la Fuerza Aérea de Libia, que estaba equipada antes de la guerra con unos 374 aviones, al menos teóricamente, dado que muchos estarían almacenados, mayoritariamente de fabricación rusa, cazas MiG-21/23, de ataque Su-22/24, Soko J-21 y G-2 fabricados en la extinta Yugoslavia. Respecto a aparatos occidentales, destacaban los Mirage F1 galos. La flota de combate se completa con unos 24 helicópteros de ataque Mil Mi-24/25 y 35. Ya se empezaron a disgregar al principio de la guerra civil, tras hacerse los rebeldes con una pequeña parte de esta. Además, al obligar a las fuerzas aéreas a atacar a los opositores, algunos aparatos desertaron a Malta y al menos 17 pilotos fueron condenados a muerte y asesinados en Trípoli, por no obedecer órdenes de bombardear a la población civil.
La coalición alinea en la operación una fuerza de unos 350 aviones, la mayoría de la OTAN, aunque participan aparatos, como los Gripen suecos, y, por primera vez en una operación de este tipo, aviones de combate de países árabes. Así, el día 24 se incorporaban seis cazabombarderos F-16E y seis cazas Mirage 2000-9EAD de la Fuerza Aérea de los Emiratos Árabes Unidos. Los aparatos árabes destacados en Decimomannu, pronto empezaron sus acciones sobre las zonas occidentales de Libia. Mientras, en el Mediterráneo Occidental, en otra de las grandes islas del Mare Nostrum, Creta, llegaban más cazas árabes, en este caso de Catar. En total seis Mirage 2000-5EDA, apoyados por uno de los transportes C-17 de su Fuerza Aérea, que operan desde la base aérea de Suda. Los cazas hacen patrullas CAP conjuntas con los Mirage 2000-5 galos, también basados allí, junto a un Transall C-160G Gabriel de inteligencia y guerra electrónica. La colaboración entre galos y cataries es antigua. Así, además de la formación inicial en el pilotaje de Mirage 2000-5, se realizan muy a menudo maniobras entre ambas fuerzas aéreas.
Otra de las fuerzas aéreas que aportan aparatos a la coalición es la de Suecia. Aquí estamos también ante una novedad, al menos al referirnos al componente aéreo, ya que el Ejército de Tierra de ese país está presente desde hace años en Afganistán. Intervienen con ocho de sus cazas JAS-39 Gripen desde primeros de abril, aunque sólo en misiones CAP, y apoyan la operación con un avión de alerta temprana y control AEW&C (Airborne Early Warning and Control) Saab 340, la pequeña opción sueca a los grandes Boeing E-3 Sentry AWACS de la OTAN, que monitorizan continuamente las operaciones aéreas sobre Libia. También han enviado varios transportes C-130 para apoyar el despliegue de sus cazabombarderos.    
La guerra de Libia ha sido testigo también de la primera misión de búsqueda y rescate de combate CSAR (Combat Search and Rescue). El 22 de marzo, un cazabombardero biplaza F-15E de la USAFE se estrellaba sobre la zona de Libia controlada por los rebeldes, que ha sido la única baja de la coalición hasta la fecha de cerrar este artículo. Los pilotos, según se eyectaban, daban su posición, poniendo en marcha la operación. Rápidamente, del LHD USS Kearsarge salía una fuerza del US Marine Corps, formada por efectivos del 26 MEU, a bordo de dos de los rápidos Bell-Boeing V-22 Osprey, dos helicópteros Sikorsky CH-53 Sea Stallion y la protección de dos cazabombarderos AV-8B Harrier II. Nada más llegar a la zona de operaciones lanzaron dos bombas de 227 kg. cerca de la zona de rescate para intimidar a los rebeldes que se acercaban a auxiliar a los pilotos, causando, según algunas fuentes varios heridos.
Posteriormente, los pilotos fueron rescatados sin más incidencias, y trasladados al USS Kearsarge. El concurso del Osprey es vital para este tipo de misiones, ya que combina su respetable velocidad máxima de 565 km/h. con la capacidad de toma de los helicópteros, lo que permite llegar muy rápido al lugar donde están los pilotos y aterrizar, o hacer un estacionario, en cualquier lugar. También se confirmaron poco después de este rescate los casos de fuego amigo, cuyo incidente más grave se produciría el día 2 de abril, cuando cazabombarderos aliados bombardearon una columna rebelde, matando al menos a diez de éstos. Un caso desgraciadamente típico, y más cuando los bombardeados van continuamente disparando imprudentemente al aire sus armas, circunstancia que confundió con fuego antiaéreo a los aviones de la OTAN.

PIES DE FOTOS SEGÚN APARECEN EN EL ARTICULO

El destructor estadounidense USS "Barry" (DDG 52) lanzando un misil crucero “Tomahawk” durante la operación “Odyssey Dawn” (foto  US Navy).

Un cazabombardero F-15E del 492nd Fighter Squadron listo para iniciar un vuelo nocturno. Actualmente, para minimizar las bajas, la mayoría de los ataques se hacen por la noche (foto  USAF).

Dos “Super Etendard” modernizados a bordo del portaaviones galo “Charles de Gaulle”. La participación francesa en el conflicto está siendo muy activa (foto Marine Nationale).

Desde el buque insignia de la VI Flota de los Estados Unidos, el de mando USS “Mount Whitney” (LCC/JCC 20), se coordinan las operaciones contra la Libia de Gadafi. En la imagen se le puede ver con el volcán Etna de Sicilia al fondo (foto  US Navy).

Los EA-18G “Growler” de la US Navy han debutado en combate en las operaciones contra la Libia de Gadafi (foto US Navy).

V-22 “Osprey” del USMC despegando desde el LHD USS “Kearsarge”. Estas aeronaves convertibles protagonizaron el rescate de dos pilotos de un F-15E de la USAF que cayó sobre Libia (foto US Navy).

El almirante Samuel J. Locklear III,  a la derecha, y el general  Carter F. Ham a bordo del USS “Mount Whitney”. Estos dos militares estadounidenses tuvieron el mando inicialmente de las operaciones de los efectivos militares de la coalición (foto US Navy).

Un aparato cisterna galo C-135 del Armée de l’Air reabasteciendo a un “Rafale” (foto Armée de l’Air).

El Ejército del Aire ha aportado a la misión un CN-235 de patrulla naval, un D.4 VIGMA según designación oficial (foto Ministerio de Defensa).

España contribuye con uno de sus submarinos del tipo S-70, el “Tramontana”, que da idea de la importancia de mantener los buques de esta serie en condiciones operativas hasta la llegada de los S-80 (foto OTAN).

El Ejército del Aire ha desplegado uno de sus cisternas Boeing 707 en la base italiana de Decimomannu (foto Julio Maíz).

Rumanía, aunque de una forma modesta, siempre participa muy activamente en las coaliciones internacionales, en este caso incorporando la fragata “Regele Ferdinand”
(foto BAE Systems).

Los Emiratos Árabes Unidos aportan a la coalición seis F-16E Bloque 60, como el de la foto, y otros tantos “Mirage 2000” (foto USAF).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Copyright © Grupo Edefa S.A. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.