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La crisis en el mundo árabe y la hipocresía de Occidente

Como si faltara poco para complicar el ya difícil panorama de la realidad árabe, los movimientos de protesta se expanden a gran velocidad y turbulentamente. Iniciados mediáticamente en Túnez por un tal Mohammed Bouazizi, vendedor callejero que se inmoló frente a la tiranía, las protestas ya se llevaron por delante al tunecino Zine Ben Alí y al egipcio Hosni Mubarak. Hoy,  una guerra civil sacude la Libia de Muammar Kadafi y tiene en ascuas al régimen de Bahrein, al de Siria y a Yemen.


Años de una real política diplomática creada para preservar la estabilidad de la región y cuidar los recursos energéticos, sin importar la calidad moral de los regímenes mientras preservaran el petróleo, están hoy en proceso de dudas y críticas, que muestra, además,
las carencias de las potencias mundiales para controlar la situación. Europa no tiene los recursos económicos y militares para impedir que fulanos como el líder libio capturen a ciudadanos occidentales, cierren los grifos de los oleoductos o instiguen a un aluvión inmigratorio que ponga en jaque al viejo continente.

De la misma forma que Marruecos es importante para Madrid, lo es Argelia para París, Libia para Roma, Omán para Londres y Jordania para Tel Aviv o Berlín,  y sobre todos ellos sobrevuelan los intereses de Washington. La adopción de una política de sanciones –que incluyen embargos de armas y depósitos bancarios- de manera común a todo aquel régimen que vulnere los derechos humanos fue propiciada por Nicolás Sarkozy, que tomando posiciones para los próximos comicios, adoptó una postura especialmente firme con el líder de Trípoli, aunque no así con otros regímenes déspotas pero más cercanos a los intereses galos.


Su par británico, David Cameron, está intentando distanciarse de la política de Tony Blair y sus pactos con tiranos, no solamente para hacer negocios, sino para buscar apoyos en la “guerra contra el terror”, entre esos mismos déspotas que también  temen a los radicales extremistas. El jefe conservador realizó una visita a Omán, Qatar, Kuwait y Egipto para explicar la política del gobierno inglés y propició cierta disculpa por el modo que tiene su país de considerar a los pueblos árabes como poco aptos para mantener un régimen democrático, como si fuera fácil hacerlo para gentes que nunca conocieron los modos habituales en Occidente. Fue el primer político europeo que visitó la plaza Tahrir en El Cairo, que fue el centro de los tumultos que condujeron la salida de Mubarak.

Más allá de las disculpas y buenas palabras, Cameron estaba acompañando en gira por muchos representantes de fábricas de armamento (Inglaterra vende armamentos por 25.000 millones de dólares anuales), lo que provocó el sarcasmo del periodismo londinense, conocedor  de que varias de las más fastuosas mansiones y castillos en suelo británico son propiedad de jerarcas árabes, como la familia real de Bahrein, de Arabia Saudita y del mismo Kadafi.

La Casa Blanca y las alfombras mágicas

Mientras observa con preocupación la andanada de rebeliones en el Oriente Medio, Washington enfrenta una situación seria: que los presidentes árabes sean derrocados y los jeques de las monarquías sigan en pie. En el mapa de operaciones del hoy que se extiende desde Irán hasta Marruecos, dos presidentes son historia: Hosni Mubarak en la tierra de las Pirámides y Zine El Abidine Ben Alí en Túnez, otro que está en la cuerda floja es el presidente de Yemen, Alí Abdullah Saleh, un pícaro autoritario que manipuló eficazmente a las facciones de su país durante varias décadas para perpetuarse.

Además la situación crea un problema mayor para los Estados Unidos, que recibió el apoyo del gobierno en las operaciones terroristas y que ahora anuncia elecciones a las cuales no se prestará. Por el momento, en Bahrein, el rey Hamad Ben Isa al-Khalifa logra sobrellevar la crisis aunque con una brutal represión, pero sigue teniendo el apoyo de los estadounidenses, cuyo gigantesco asentamiento militar podría correr riesgos si cayera el rey.

La Casa Blanca cree que el rey Abdullah de Arabia Saudita conservará su trono, al igual que los emires del Golfo Pérsico, que todavía no tuvieron insurrecciones populares o castrenses. Abdullah II, de Jordania está moviéndose con gran pericia para conservar el poder, aunque está alerta ante una población palestina que puede traerle problemas.

Obama hizo llegar claramente sus mensajes diplomáticos a los monarcas y casa reales, aún a los que encabezan las administraciones más represivas: a la realeza árabe EEUU ofrece respaldo y seguridad, pero conserva un distanciamiento con los presidentes autocráticos que luchan por la sobrevivencia. Algunos de los jeques árabes han ejercido el poder tan duramente como los presidentes, pero pueden mantenerse por encima de la turba y del gobierno. Ya sabemos que los presidentes árabes creen que fueron elegidos democráticamente, aunque casi todos los procesos eleccionarios han sido fraudulentos, la pantalla de legitimidad desaparece cuando las sociedades estallan por el descontento.

Consideremos que estos presidentes gobiernan naciones muy pobladas, que no tienen las riquezas petrolíferas de los reyes del Golfo, lo que permitiría calmar a la población con mejoras salariales y reducciones en los impuestos, no olvidemos que en los últimos tiempos los terribles aumentos en los cereales, en especial el trigo, elemento esencial en la alimentación del pueblo árabe, daña la economía y los bolsillos.

Astutamente, los reyes de Jordania y de Arabia tomaron medidas que favorecen a la población y con ello controlan la situación. Un caso paradigmático es Libia, en donde encontramos al coronel Muammar Kadafi, que no es presidente ni es rey y que llegó a la catástrofe con una celeridad sorprendente.  Mientras que en Egipto el mismo Obama habló con Mubarak, ningún funcionario de la Casa Blanca se comunicó con el líder libio.Sendero sin retorno

Observando los gestos de Kadafi entre las ruinas de la casa en donde murió su hija por las bombas de la USAF y enterarnos de las fiestas de su primogénito en una sofisticada isla caribeña con la cimbreante cantante Beyoncé, nos muestra un escenario tan espeluznante y bizarro que confunde y nos hace pensar en que esto es un acápite Ceausescu de la primavera árabe.

Uno podría suponer que los árabes estarían hartos de tiranos que manejan a su gusto a los países y toman los ingresos de los pozos de oro negro como dinero de su dinastía familiar. Es evidente que no se trata del Panarabismo, socialismo o del Islam, esto es más complejo, mucho más complejo.


Dependiendo de los líderes tribales

Muammar Kadafi ha podido mantenerse en el poder por tanto tiempo en buena medida gracias a su habilidad para manipular a los jefes de las tribus, que son los centros de poder de Libia, una nación plenamente conservadora.

Contrastando con sus nuevos vecinos egipcios y tunecinos, donde las estructuras castrenses fueron las que decidieron, finalmente, el resultado de estos movimientos, en Libia serán las cúpulas del poder tribal las que definirán el destino del país. El líder libio siempre confió en su cercana tribu Qathathfa para cubrir puestos en el estado y fuerzas militares que les garantizaron la seguridad y permanencia en el poder. Solo una de estas tribus, la Warfalla, tiene un millón de miembros, en una nación de seis millones de habitantes.
Cierta discriminación en cuanto al reparto de favores, siempre para las tribus cercanas a Trípoli, generó  históricamente un evidente resquemor en las tribus de las regiones orientales –donde están las mayores reservas petrolíferas-. No olvidemos que la creación de Libia en 1951 fue bastante artificiosa y respondió a otros intereses internacionales, las provincias de ese momento, la Cirenaica, donde se encuentra Bengasi y la Tripolitana, hoy Trípoli, no tenían casi nada en común, existiendo problemas desde ese entonces.

En Túnez y en Egipto, los ejércitos fueron las fuerza política superior que simplificaron las salida de Ben Alí y Hosni Mubarak, en parte debido a que esas mismas fuerzas militares no realizaron una represión clara, en Libia la situación fue distinta ya que las lealtades son escasas y la mezcla de alianzas dificulta la cohesión.

Kadafi ha mantenido a su propia gente en puestos vitales y concentrado las redes tribales en Trípoli, a las cuales se favoreció con inversiones, muy superiores a las desarrolladas en otros lugares como Bengasi y Ajdabiya, estas últimas menos confiables. Recordemos las tribus de importancia en el país:
En la capital: Warfalla, Al Zintan, Al Rijban.
Cirenaica: Drasa, Al barasa, Al Majabra, Al Fawakhir.
Syrte: Al Riyyab, Al Guwaid, Al Haraba.
Fezzan: Al Hutman, Tuareg.
Al Kufra: Tibbu, Al Zuwayya.


Aunque el sistema de vida pastoril se redujo en Libia por la creciente urbanización creada por la economía del petróleo, la estructura de poder tradicional sigue en pie y conforma un conglomerado de importancia y gran peligro.


Una de las familias más ricas del planeta

El mundo financiero estima que la familia Kadafi es una de las más ricas del planeta. Un clan de parientes, en cuyo centro se encuentran los ocho hijos del líder libio, forma el primer círculo de poder, el más íntimo. ¿Cuánto han acumulado en estos cuarenta y un años de poder absoluto?

Revelan derroches excéntricos y multimillonarios, que dan una idea de la corrupción del poder absoluto. Por ejemplo, los conciertos de las divas estadounidenses Beyoncé Knowles y Mariah carey, pagados un millón de dólares cada uno. En la isla caribeña San Bartolomé, en 2009, Salif al Islam Kadafi, segundo hijo del líder, pagó el millón a Carey para que cantara solamente un tema en una fiesta privada.

En Italia, país en el que hay fuertes inversiones libias, los hijos y el mismo coronel han desarrollado proyectos en dos estaciones termales y de aguas minerales en Antrodoco y Fiuggi.Según The Guardian, las “calurosas relaciones personales” entre Kadafi y el premier italiano Berlusconi los ha convertido también en socios personales a través de la Quinta Communications, una sociedad de producción y distribución cinematográfica con sede en París, que tiene incluso una participación accionaria importante en un canal tunecino.

Todos los hijos varones del líder están en Libia junto a su padre, quien los convocó para “luchar hasta el final”, según algunos testimonios. Saif al Islam, de 38 años, que habló en medio de la crisis, podría ser sucesor de su padre, pero ¿será así tras los ataques recientes? También tiene acceso a los ingresos del petróleo a través de la sociedad de energía de su grupo “One-Nine”.
Muhammad, el hijo mayor, de 40 años, nació de la primera mujer de Kadafi, Fátima. Sus intereses están sobre todo concentrados en el mundo de las telecomunicaciones.
El principal adversario de las ambiciones de Saif es Mutassim, de 36 años, tercer hijo de Kadafi, coronel del ejército y consejero de la seguridad nacional. También es militar Khamis, comandante de la temida unidad de elite.

El especialista en football es Saadi, que llevó los dineros oficiales libios a la Juventus, la sociedad de Turín de la familia Agnelli, propietaria del emporio Fiat.
Otro hijo es Hannibal, de 35 años, que fue acusado de maltratar junto con su mujer a una empleda doméstica en Suiza. La controversia derivó en un serio choque diplomático entre el estado helvético y Libia.

El más pequeño de los hijos varones es Saif al-Arab, que era estudiante en Alemania. Hace cinco años le fue secuestrada su Ferraro y la policía encontró un fusil de asalto y municiones en su interior…otro incidente diplomático. Aisha, la única hija, de 33 años, fue uno de los miembros del colegio de abogados que defendió al líder iraquí Saddam Hussein en el proceso que culminó con su condena a muerte. Ella es la mujer del general Hamid, que dirige otro cuerpo de elite en la zona de Bengazi, al Noreste del país.


El líder libio ha alargado los privilegios familiares, aunque naturalmente en menor medida, a los miembros que dirigen la tribu de la cual ha tomado el nombre de la familia: el clan Qadhdhafi.  Las luchas tribales proponen un futuro de divisiones y enfrentamientos que se prolongarán más allá de la guerra civil y de toda acción militar extranjera.


¿Se repite Yugoslavia?

El presidente de los Estados Unidos Barack Obama, había  advertido directamente al líder libio que su país no excluiría ninguna variante de solución a la crisis que afronta Libia, tanto política como militar. La oposición no logró realizar una revolución en Libia rápida y con pocas pérdidas. Por eso, la perspectiva es forzar al dirigente Kadafi a huir del país, empleando la diplomacia extranjera primero, las sanciones internacionales, y ahora con los métodos militares.

Lo que ocurre ahora en Libia hace recordar a los acontecimientos en Yugoslavia a partir de los bombardeos del 24 de marzo de 1999. No sólo el mes y los métodos coinciden, es que las herramientas, incluidos los buques, son los mismos. Sólo quedaba esperar la introducción la finalmente  aprobada creación de una zona de exclusión aérea, como lo hicieron con Yugoslavia a principio de la guerra.

La Corte Penal Internacional (CPI) abrió una investigación contra Kadafi y sus hijos por presuntos crímenes de lesa humanidad. Formalmente tiene razón: el Consejo de Seguridad de la ONU sancionó la investigación ya el 26 de febrero. Como Libia no está entre los firmantes del Estatuto de Roma de la CPI, una investigación de este tipo sólo la puede sancionar el Consejo de Seguridad.

La historia con la CPI es bastante curiosa. La resolución sobre su institución fue firmada por todos los quince países miembros del Consejo de Seguridad, incluidos tres miembros permanentes, EE.UU., Rusia y China. Sin embargo, Rusia y los Estados Unidos se negaron a ratificar el Estatuto de la Corte y a reconocer su jurisdicción, por lo cual jurídicamente no son miembros.

Rusia, EE.UU. no reconocen la potestad de la Corte para juzgar a los ciudadanos como está estipulado por el estatuto. Y China no reconoce la Corte como tal. EE.UU. incluso insistió en que la resolución estipulara que sus ciudadanos no están sometidos a ningún tipo de jurisdicción de la Corte. Por ejemplo, en el caso de que desembarquen en Libia con una intervención humanitaria o militar. Su postura resulta totalmente hipócrita: juzgamos a todos pero a nosotros no nos juzga nadie.

Desde la primera semana de febrero, a las orillas de Libia, avanzaban fuerzas de EE.UU y la OTAN. Cruzaron el canal de Suez llegando al Golfo de Syrte, la nave de asalto anfibia y portahelicópteros USS Kearsage, el navío de apoyo USS Ponce y el portaaviones USS Enterprise a la cabeza. Este se encuentra en la parte Norte del Mar Rojo, como para alcanzar Libia con facilidad.

Solamente Rusia y China se pronunciaron contra la intervención militar. Los demás miembros del Consejo de Seguridad dijeron “estar  listos para cualquier eventualidad”, reconociendo que para la intervención hacía falta la sanción de la ONU.


En este sentido la situación recuerda a Yugoslavia, a los bombardeos que  la OTAN denominó “Operación Fuerza Aliada” y EE.UU. “Operación Yunque Noble”. En la primavera de 1999 Rusia y China lograron bloquear, a pesar de todo, la resolución de la ONU  que autorizó la acción bélica contra Yugoslavia. Pero la OTAN empezó los bombardeos sin sanción alguna, violando la Carta de la ONU, guiándose por su propia carta.

Esta fue interpretada para aquel caso de tal manera que desde entonces la Alianza puede valerse de ella para cualquier intervención a su antojo. Yugoslavia no había agredido a ningún estado de la OTAN, ni representaba amenaza para ninguno de sus miembros. La situación de Obama se presentaba diferente. Continúa con dos guerras y no tenía porqué empezar una tercera. Pero Obama se enfrentará a un problema nada menos grave que el kosovar: el aumento de precios de petróleo ya amenaza al saneamiento económico lo que reducirá sus posibilidades de reelección el año próximo y esto sí que es un argumento serio.

La concentración de buques de combate a orillas de Libia fue una demostración de fuerza, pero para desencadenar una guerra se necesitan causas…o pretextos. La guerra de Afganistán tuvo una causa seria, el 11-S, a George W. Bush no le quedó otra opción que intervenir. La guerra de Irak no tuvo una causa honesta, pero tuvo un pretexto: la supuesta fabricación de armas de destrucción masiva por parte del gobierno de Saddam Hussein.

Los medios anunciaban que las fuerzas de Kadafi estaban recuperando el control sobre las ciudades rebeldes, causando centenares de víctimas. Esta violencia sirvió de motivo para la intervención, y ya los republicanos en el congreso estaban exigiendo intervenir sin reservas.Los preparativos que se observaban en el Mar Mediterráneo no eran sólo un nuevo emplazamiento de la US NAVY por si acaso. En un momento determinado, la preparación acarrea inevitablemente acciones activas.

El USS Kearsarge actuó en 1999 a orillas de la antigua Yugoslavia, desembarcando a las primeras tropas de los EE.UU en el territorio de Kosovo. Asimismo, participó en las operaciones contra Yugoslavia el USS Ponce. Y el submarino nuclear USS Scranton. Los submarinos de este tipo están armados con misiles crucero y, lo más importante, están equipados especialmente para operaciones de desembarco secretas en territorio adversario.

Los bombardeos de Yugoslavia de 1999 fueron realizados no sólo desde el portaaviones USS Roosevelt, sino también desde las bases en Italia y Francia, desde portaaviones franceses e ingleses, que, con similitud escalofriante, se encontraban más cerca de Libia que de Yugoslavia en aquel entonces. rancia ha comenzado el combate, habrá que seguir las acciones minuto a minuto para estar al tanto de este complicado ovillo, cuya punta está en poder de unos pocos.


Malvinas, la ayuda de Libia.

Corría la contienda por las islas del Atlántico Sur y la Argentina necesitaba ayuda en equipos y repuestos. Comisiones de oficiales recorrían el mundo con valijas repletas de dólares, intentando obtener repuestos para aviones de combate e incluso los deseados misiles Exocet. Daría para una nota extensa las peripecias sufridas por estos hombres que, desesperadamente e ingenuamente, debían conseguir armamentos vitales para la lucha, cayendo en más de una oportunidad en manos y trampas de los servicios de inteligencia europeos, que por supuesto concluía con la incautación del dinero y la silenciosa devolución de los oficiales a Buenos Aires en el primer avión, con las manos vacías…
Muchas fortunas comenzaron con esos dineros y hasta organizaciones religiosas intervinieron en estas secretas operaciones, pero eso es otro capitulo implícito y espinoso de la Guerra. De más está decir que los precios de todo lo que deseaba la Argentina, subían minuto a minuto, a medida que las acciones bélicas se encarnizaban, pero hubo un país, diametralmente distinto a la Argentina, que ayudó con material de guerra en foma gratuita y efectiva.

En los años ´70s los dos países habían establecido negocios comerciales –petróleo y derivados- y coincidían en algunos aspectos de política exterior, pero los militares argentinos y el gobierno libio estaban en las antípodas en aspectos religiosos y de política general. Pero la necesidad tiene cara de hereje y los ofrecimientos del líder libio fueron aceptados por la cúpula castrense argentina y varios Boeing 707 de la Fuerza Aérea realizaron vuelos de transporte, llevando desde Trípoli quince misiles aire-aire Matra 530 con cabezal IR, cinco con sistema radar, veinte misiles Matra 550 Magic, veinte lanzadores portátiles  SAM-7 con sesenta misiles, repuestos para aviones Mirage, cincuenta ametralladoras pesadas calibre 12,7mm M2 con cincuenta mil proyectiles, 10.000 minas antipersonales y antitanques, veinte morteros de 60 y 81mm con tres mil tiros, explosivos e iluminantes, más otra cantidad de elementos varios.

En otros vuelos de aviones privados llegarían misiles Exocet MM-38, pero en la versión mar-mar, que no era la buscada por los argentinos, sino la AM-39 lanzada desde avión o helicóptero que recién entraba en servicio y que solamente cinco ejemplares habían sido provistos a la Aviación Naval, la que los usó eficientemente en la guerra.
Por estos elementos Libia recibió –por insistencia argentina- algunos cargamentos de frutasm verduras y algunos caballos “purasangre” como gesto de agradecimiento. Según Trípoli, la Guerra de Malvinas era un combate contra el mal y debía ayudar al país sudamericano, para los argentinos era una mínima ayuda gratuita, a diferencia de otras naciones que dieron una mano, pero a un costo elevado. Un hecho anecdótico, de una guerra en el confín del mundo.


Luis Piñeiro


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