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El Parlamento de Holanda aprueba la compra de los 37 cazas F-35A, que se irán incorporando entre 2019 y 2023

(defensa.com) Holanda ha dado el paso definitivo para consolidar la adquisición de los F35A  tras recibir luz verde en el Parlamento. La decisión se ratificó la pasada semana, después de que durante el mes de septiembre el Ministerio de Defensa anunciase que hasta 37 unidades del caza de quinta generación sustituirán a la flota operativa de F-16 holandeses, y que se irán entregando a partir del año 2019 y hasta 2023. Se pondría así el punto final a la polémica que la compra ha generado en la última década en este país europeo, donde surgieron muchas dudas sobre la idoneidad de adquirir estas aeronaves, siendo Holanda  participante en su programa de desarrollo junto con otros ocho países. El presupuesto que se ha presentado es de 6.000 millones de dólares (4.500 millones de euros), y comprende la adquisición de 37 aeronaves F-35A, aunque el número podría incrementarse en los próximos años. El contexto en el que Holanda formaliza esta compra tampoco es fácil, ya que se pretenden recortar 1.330 millones de euros de la partida presupuestaria destinada a Defensa.

Según explica el ministro de Defensa de Holanda, Jeanine Hennis-Plasschaert, en un documento emitido por el Gobierno, con la elección de esta aeronave las Fuerzas Armadas holandesas contarán con “el mejor avión disponible para hacer frente a los desafíos del presente y del futuro”. Por su parte, Lockheed Martin explicó (como contratista principal del proyecto) a través de un comunicado, que se sentían “orgullosos” de ser la firma que reemplazaría a los F-16, además de que los nuevos cazas “proporcionarán las mejores capacidades posibles para la seguridad nacional de Holanda”. El país ya cuenta con dos unidades de prueba del F-35 y ha comenzado con la formación en la Base Aérea de Eglin.

Holanda es uno de los países que forma parte del programa del F-35 “Joint Strike Fighter”, proyecto del avión militar más caro de la historia. Turquía, EEUU, Japón, Gran Bretaña, Australia, Dinamarca, Canadá e Italia también son socios de este programa que ya alcanza un coste que podría llegar ya casi a los 400.000 millones de dólares (unos 300.000 millones de euros), muy lejos de los 233.000 millones de dólares (173.000 millones de euros) que se presupuestaron inicialmente en 2001, y con el que se pensaban poner en marcha más de 2.000 aeronaves.


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