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Siria y las líneas rojas

Siria es el tablero en el que Occidente, el gran enemigo del yihadismo, bombardea intereses de un dictador que libra una batalla contra ese mismo enemigo, el Estado Islámico, apoyado por una Rusia con la que Estados Unidos y Europa viven una segunda guerra fría, esa misma Rusia a la que se acusa de injerencia en favor de la elección del actual presidente de Estados Unidos, al que el ex director del FBI, destituido por éste por razones vinculadas a esa cuestión, no descarta que Moscú pueda estar extorsionando con un escandaloso video sexual en un hotel de Moscú. Definir qué es lo normal no es fácil, pero a todas luces este es un cuadro anómalo y extremadamente complejo con un claro perdedor: el pueblo sirio.

El ataque de Estados Unidos, Francia y Reino Unido a Siria en respuesta al uso de armamento químico en Duma -para Rusia un montaje de los rebeldes- por parte de Basher al Asad en la larga guerra civil siria brinda varias reflexiones. Tras años viendo terribles imágenes de niños sacados bajo los escombros en suelo sirio,  han sido las de los afectados  por un potente agente neurotóxico las que han hecho  reaccionar a Trump con una, por otra parte, bien medida contundencia.

El porqué ahora se antoja en buena medida una incógnita. Bienvenido sea -en cualquier caso, militarmente la acción no parece que haya puesto fin a la capacidad química del presidente sirio- si ello se convierte en un revulsivo para retomar un acuerdo internacional que ponga fin a un conflicto que en siete años ha provocado medio millón de muertos y 10 millones de desplazados. Para lograrlo no contribuye en nada el deterioro creciente de las relaciones con Rusia, que se han ido tornando cada vez más complejas desde el estallido del conflicto en Ucrania, e in crescendo tras las acusaciones de ciber injerencias, las tensiones en el Báltico con la OTAN y el envenenamiento del ex espía Sergei Skripal y su hija en Reino Unido.

El ataque aliado expone, por otra parte, la falta de una política común de defensa europea. Francia lanzaba desde sus Rafale sus misiles SCALP, mientras la Unión Europea mostraba un moderado respaldo a una acción sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, siendo, además, poco receptiva a aprobar nuevas sanciones contra Moscú. Las diferentes posturas respecto al otro gran patrocinador de Damasco, Irán, habiendo cortado Trump la mano tendida por Obama, termina de cerrar un círculo vicioso de cuya salida está por ver qué efectos finales tendrán, si tienen alguno, los bombardeos del pasado 13 de abril.


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