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La “progresista” Defensa de la izquierda española y las elecciones de junio

España afrontará este mes de junio unas nuevas elecciones cuyos resultados, según sondeos a la fecha, no aventura grandes cambios respecto del proceso electoral del pasado diciembre. Pero, del conjunto de las fuerzas políticas en juego, es la extrema izquierda de Podemos y sus aliados la que mejor ha apuntalado su fuerza en este periodo intermedio para afrontar el nuevo ciclo de negociaciones que el verano devolverá al país, el popular y cansino sorpasso.

La deriva de esa coalición hacia posiciones más extremas en virtud de los pactos suscritos con sus nuevos socios y la necesidad de posicionarse firme ante el electorado frente a la tibieza de la izquierda moderada del PSOE, daría un vuelco al timón que dirige el país si, finalmente, se produjera un pacto con el partido de Pedro Sánchez para formar gobierno. Si desde muchos sectores este escenario es visto con inquietud, para el de la Defensa presenta un especial desafío y no poca incertidumbre.

Las claves para la Defensa del programa político de Podemos, junto a En Comú Podem y En Marea,  se recogían el pasado año de manera relativamente concisa, un programa con el ex JEMAD (Jefe del Estado Mayor de la Defensa),  José Julio Rodríguez, como fichaje estrella y postulante a la cartera de ese Ministerio. Entre los puntos de la actual alianza con Izquierda Unida para concurrir a las elecciones de este mes de junio apenas se dedica tiempo y espacio al ámbito de la Defensa, manifestándose únicamente de manera explícita el objetivo común de que el gasto en este capítulo para  2019 se haya visto reducido al 0,8 por ciento del PIB (Producto Interior Bruto) español. Bien es cierto que probablemente no fuera preciso mayor detenimiento en el guión que pauta la alianza entre ambos partidos, pues el doctrinario de Defensa de Podemos y el de sus nuevos socios de la izquierda comunista convergen en su práctica totalidad y es el matiz de hasta qué punto llevarlo al extremo lo que separaría a los unos de los otros.

Por lo demás, hay pleno consenso en un ideario que enarbola el manido antimilitarismo (hasta el ex JEMAD se define ya como tal), la salida de la OTAN, el descenso del gasto militar español, la ruptura de los convenios de Defensa con Estados Unidos, el control de las ventas de armamento a terceros (buen bofetón para Navantia y el gran contrato en ciernes con Arabia Saudí), el sometimiento a consulta ciudadana de la participación de las Fuerzas Armadas en operaciones militares internacionales y el no a la guerra, a cualquier guerra, en base a un ideario que defiende vías alternativas como el conocimiento intercultural y la construcción democrática (dos cuestiones a las que no parece fácil esté muy dispuesto a avenirse el Estado Islámico).

Desmontando esto el mismo punto previo, lo que se querría someter a consulta ciudadana sería, por eliminación, a qué operaciones humanitarias se enviaría a las tropas y a cuáles no. Todo muy humanitario en el marco del intercambio intercultural y de construcción de la justicia, que propiciará el sentarse a conversar con los conocidamente juiciosos protagonistas de las actuales amenazas globales. Si la lógica apunta que mucho de lo que se ha esbozado en materia de Defensa no podría, arribados al poder, llevarse a la práctica (Podemos apuesta, por ejemplo, por reducir el gasto, pero a la vez ha defendido la retribución y  homologación de las jornadas de trabajo de las Fuerzas Armadas a las del resto de la Administración Pública).

Las presiones desde el ala más extremista de un hipotético gobierno de coalición de izquierdas complicaría la gestión, arribando un escenario de ingestión de la Defensa.  Y es que hasta para el ex JEMAD aupado al Ministerio habría bocados que no serían digeribles. El nivel de claudicación del PSOE bajo las presiones de estos compañeros de viaje en un hipotético escenario de pacto para formar gobierno es una incógnita. 

 

 

 


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