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Presente y futuro de las Fuerzas Armadas españolas

La celebración del día de las Fuerzas Armadas es siempre un buen motivo para reflexionar sobre la situación actual de nuestros ejércitos y, especialmente, sobre su futuro. En cuanto al estado actual, se han dotado de muchos medios muy costosos, que han permitido renovar una parte del material en los últimos veinte años y que hoy constituyen su columna vertebral: carros Leopardo, Eurofigther, A400M, vehículos de cadenas Pizarro, submarinos S-80, Fragatas F-100, misiles, BAM, etc. Un proceso de modernización iniciado por Aznar y culminado por Bono, que supuso una inversión de más de 30.000 millones de euros y un aporte tecnológico y de empleo de gran magnitud para nuestro país.

Sin embargo, hay un problema: esta factura está en su gran mayoría pendiente de pagar. Del orden de los 20.000 millones es la cantidad adeudada por el Ministerio de defensa al de industria, que prefinanció los contratos y a los proveedores. Es decir, que algunos sistemas adquiridos bajo este proceso tendrán más de treinta años y se seguirán pagando. Esta deuda pendiente todavía es más grave, ya que este año, por la situación política, no se ha podido pagar a las empresas la que correspondía a este ejercicio, ya que se aprobó el presupuesto ante la incertidumbre política venidera, que podía haber dejado este tema arreglado. Cada retraso supone más coste y un perjuicio a las empresas de gran magnitud, que cubren con gran estoicismo y esperanza de que algo cambie.

Con el presupuesto existente no hay ni para pagar lo que se adeuda, o sea, que nos podemos olvidar de continuar con la modernización si no hay un incremento sustancial, y digo sustancial, del Presupuesto de Defensa. Pero siendo esta deuda grande y cada más mas extendida en el tiempo, no es el principal problema. La caída libre de los créditos para mantenimiento está afectando notablemente a la operatividad de los sistemas, especialmente de los adquiridos bajo estos programas, que tienen un coste de este ámbito muy superior a los que reemplazaron. El correcto mantenimiento afecta a la disponibilidad de medios, a la disuasión y a la seguridad. Es imprescindible y urgente duplicar, y digo duplicar, los créditos de mantenimiento.

En tercer lugar, todavía tenemos carencias notables, si persistimos en nuestro actual modelo de Defensa, como socios de la Alianza Atlántica y la Unión Europea y con unos escenarios estratégicos complicados como país fronterizo con África. España ha continuado reduciendo sus presupuestos, mientras que tenemos una guerra civil con Al Qaeda y el Estado Islámico como actores a una hora de avión de Almería y Marruecos y Argelia han triplicado en los últimos quince años sus presupuestos militares, con unos planes de adquisiciones de gran envergadura que han reducido casi a la mitad nuestra tradicional capacidad de disuasión regional.

Entre las carencias más acuciantes están los programas de vehículos 8x8 para reemplazar a los BMR y M-113, que operaban cuando Antonio Machín todavía cantaba boleros; las fragatas F-110 para reemplazar a las Santa María, que ya tienen unos treinta años de operación; aviación naval para sustituir a los Harrier, con cuatro decenios a sus espaldas; y los helicópteros Sea King, con casi medio siglo de operación; nuevos buques logísticos para reemplazar a los LPD, que han sido la vanguardia de nuestras Fuerzas Armadas en todos los conflictos y misiones humanitarias; aviones cisternas para apoyar a nuestras tropas en escenarios lejanos; vigilancia marítima; con el reemplazo de los Boeing 707, con casi cincuenta años; el reemplazo de los F-18, que ya tienen también treinta y que por falta de recursos se han quedado pendientes de ser modernizados en su totalidad.

Y luego vienen las necesidades menores, pero importantes, en infraestructura, equipamiento de ingenieros, transporte de autoridades, que es de una gran urgencia también por el estado de los actuales medios. Es decir, mantener las capacidades actuales requerirá una inversión adicional superior a los 15.000 millones de euros en los próximos quince años. Y todo este caudal de recursos de los extenuados bolsillos de los contribuyentes españoles no debe ir para fortalecer a la industria de otros países, sino para generar recursos tecnológicos e industriales en nuestro país. No queremos que nuestro Gobierno haga algo diferente de Francia, Alemania o Reino Unido con su industria. Y sin duda que el efecto multiplicador que esta inversión ya produjo en el pasado compensará económicamente el esfuerzo económico que debemos realizar.

Pero todo este catálogo de necesidades y capacidades está totalmente supeditado a la definición de nuestra política de Defensa; a nuestras ambiciones como nación y atendiendo a las amenazas a nuestra seguridad. Si España quiere continuar en el modelo iniciado con nuestra democracia de plena integración en las instituciones de Defensa colectivas de Occidente, debe acometer ya un incremento del gasto, resolver cómo pagar la deuda pendiente y reformar para hacer más eficiente todo el soporte logístico. La Defensa que creemos tener vale mucho más de lo que gastamos y cada año que pasa sin volver a una senda de incremento es un año más de deterioro de nuestra seguridad.

Las Fuerzas Armadas son un pilar fundamental de nuestra nación y constituyen el recurso más eficaz y organizado para proporcionar la seguridad que demandamos. Su profesionalidad y formación está fuera de toda duda y la capacidad de servicio merece toda nuestra admiración, porque lo que hacen es casi un camino de santidad. No se merecen carecer de los medios que requieren, no para su placer o disfrute, sino para cumplir con su vocación de servicio a España y con los mandatos que la sociedad les exige.

Enrique Navarro


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