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Peru: El nuevo pilar de la seguridad en América del Sur

En los últimos cuarenta años se ha producido una interesante evolución en las fuerzas militares de América Latina. Desde el fin de las dictaduras militares y la implantación, que todavía no es definitiva, de la democracia liberal occidental en la inmensa mayoría de los países, hasta el actual fin de los populismos y la crisis económica, se ha producido un cambio de pilares en el esquema de seguridad sin precedentes.

Las dictaduras militares del Continente nunca se preocuparon ni de las fuerzas armadas, ni de la seguridad de sus países, siendo básicamente estados en los que la corrupción amparada en regímenes totalitarios saqueaba las arcas públicas. Esto ocurrió en Uruguay, Brasil, Argentina, Bolivia, etc. etc. Los populismos continuaron esta misma senda y antepusieron los intereses políticos y los de las potencias que les apoyaban, especialmente Rusia y China, a las propias necesidades de seguridad del Continente, con un profundo deterioro de sus fuerzas armadas.

Pero en 2016, y de cara a los próximos años, el escenario va a ser muy diferente por tres razones. La primera es la crisis económica y política en Brasil, que es una losa sobre el Continente. El gigante sudamericano absorbía más de la mitad del gasto en defensa y más del 80 por ciento de la industria militar de la región. Hoy Brasil está sumida en una crisis institucional que tendrá notables repercusiones en los próximos años, con importante recortes en sus Fuerzas Armadas y en gastos, sin contar con el descrédito político al que está sometida en la actualidad.

En segundo lugar, el fin del conflicto en Colombia abrirá una amplia puerta a los dividendos de la Paz. Después de cincuenta años de guerra, la sociedad civil y las Fuerzas Armadas tendrán que vivir en un escenario nuevo, con renovadas demandas sociales y grandes ansias de terminar con la pobreza que todavía sacude a amplias capas de la población. Colombia, que nunca tuvo una ambición estratégica, también comenzará a sufrir el declive de sus gastos en Defensa y la desmovilización de decenas de miles de militares y pasará a ser un actor secundario en la escena internacional, al centrarse en la reunificación de dos bandos enfrentados desde hace muchos años y este esfuerzo será muy costoso y desgastante para la sociedad.

Finalmente, el Cono sur que, aunque el cambio de rumbo de Argentina ha mejorado algo las expectativas, está sumido en una profunda crisis económica y de identidad, en especial Chile, al que la caída en los precios de las materias primas está golpeando con fuerza. Necesitaba para salir de su aislamiento geográfico unas instituciones fortalecidas y mantenerse como un mercado de referencia occidental en el Continente y en la actualidad mucho de los logros de los últimos treinta años podrían perderse con una inadecuada política de reformas, inasumibles para un país como Chile, que sólo se ha desarrollado cuando las políticas liberales han dominado la esfera económica.

A estos tres elementos se une que los populistas cada día pierden apoyos y la cuenta atrás para que el Chavismo deje el poder en Venezuela ha comenzado. Ya hasta Cuba mira más a Washington que a Caracas y con Maduro terminarán de caer todas sus absurdas iniciativas regionales. Sin embargo, existen numerosos riesgos a la seguridad en la región. Centroamérica, con una Nicaragua camino de una dictadura comunista, es un polvorín con numerosos grupos enfrentados y una miseria extrema, que ningún gobierno ha sabido atajar. Hoy en día entre Costa Rica y el Río Grande se extiende uno de los mayores focos de inseguridad de todo el mundo y no parece que a corto plazo el escenario vaya a mejorar.

Ante este escenario, Perú se muestra como un país sólido en sus convicciones democráticas; con un sentido de responsabilidad social muy avanzado que le ha llevado a encadenar casi quince años de buenas presidencias, que han mantenido el rumbo en las políticas sociales y económicas. Hoy en día el país en mayor transformación de America del Sur es Perú. Las inversiones extranjeras lo ven como el destino preferido, y lidera los rankings de preferencia para negocios.

Sus Fuerzas Armadas, aunque tienen grandes carencias, poseen una muy alta profesionalidad y su ubicación geográfica es clave en el eje de la seguridad del Continente. Por una parte representa una gran ventana al eje Pacífico, el mayor área de crecimiento del globo, con fuertes lazos a ambos lados de los océanos; y a su vez está en el centro del Continente con frontera con cinco países y una zona económica exclusiva que es una de las más ricas del mundo.

La presidencia de PPK sin duda va a mantener los pilares esenciales, pero, además, va a incorporar factores nuevos, como el liderazgo de la política exterior en el Continente y va a proyectar al antiguo imperio inca al mundo. No va a transcurrir mucho tiempo para que las Fuerzas Armadas peruanas sean activos agentes en la seguridad internacional. Las reformas emprendidas le van a permitir adelantarse en unos quince años a los planes de modernización de sus vecinos, lo que le proporcionará una ventaja competitiva enorme.

Una agresiva e inteligente política industrial de defensa está permitiendo una intensiva capacitación de su industria, que comienza a buscar en terceros mercados regionales su salida natural. Sus astilleros son muy reputados, al igual que sus servicios de mantenimiento. Si Perú mantiene una política en esta línea y los presupuestos se centran en una adecuada capacitación del personal y en la adquisición de medios adecuados a sus objetivos de seguridad, será un agente esencial en la agenda de seguridad.

Además, todavía subsisten grandes retos en el Perú, especialmente llevar el desarrollo económico y social de las grandes ciudades al interior y esto sólo será posible con el apoyo y la complicidad de las Fuerzas Armadas para ayudar en la educación, en la asistencia sanitaria, en la creación de infraestructuras. En definitiva, Perú tiene grandes retos, pero se presenta al mundo como un país de liderazgo, que en términos de riqueza pronto se igualará a Chile y Colombia. En los próximos años será visto como un ejemplo de buen hacer para todos sus vecinos. (Enrique Navarro)


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