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El Ministerio de Defensa diseñado por Podemos

En el incierto futuro político que hoy vive España, aplicar el credo político de quienes se sienten llamados a salvar el país tendría en Defensa un especial impacto, y no precisamente porque poner fin a la actual gestión sea en sí mismo un cataclismo. El credo elaborado por Podemos para la política de Defensa española, planteado al PSOE para formar un gobierno de coalición, arranca el primero de sus nueve puntos llamando a aplicar la transparencia a las relaciones con la industria del sector y al  establecimiento de un control democrático en esta cartera, acabando con las puertas giratorias e instando a la auditoría y renegociación de las adquisiciones con los contratistas para hacer viable el presupuesto de Defensa. Cualquier petición de transparencia, sea para el Ministerio que fuere, no puede por menos que ser bien acogida. La mención a las puertas giratorias, concepto aplicado generalmente a quien salta  de la Administración pública a la empresa privada, parecería en este caso querer insistir en el giro inverso, poniendo el  acento en quienes desde lo privado pretendan llegar a lo público, como así arribó el actual ministro de Defensa en funciones y su secretario de Estado.

A priori, y sin valorar la actuación de ambos en estos años, no se entiende cual puede ser el perjuicio de aportar a la gestión pública, en cualquier escala de responsabilidad, la experiencia adquirida durante años en el mundo empresarial, si tales conocimientos, despojados de intereses espurios, se abocan a una mejor gestión de la cosa pública. Más allá, parecería incluso razonable que entre los gestores de esa cosa pública haya quien provenga del mundo real, ese en el que se genera la riqueza, el empleo y se mueve la maquinaria de un país, para poner algo de luz en la distorsionada visión que necesariamente termina porque ejerza ese cometido quien lleva toda una vida con la nómina vinculada a un partido político o a la docencia, y ello vale para la cartera Defensa o la de Fomento, pasando por otras tantas.

A este primer punto del ideario de Defensa de Podemos, En Comú Podem y En Marea siguen otros ocho y la fusión de los nueve esboza una interesante visión del escenario propuesto en su conjunto: Por un lado se expone el deseo democratizar o dar, por decirlo así, un carácter más civil a las Fuerzas Armadas españolas, otorgando derechos de manifestación, afiliación y libertad de expresión. A esto se suma el objetivo de llevar la justicia social a lo militar mediante un plan integral de acción social basado en la igualdad, que preste especial atención a las familias y suprima privilegios. Ello se defiende en un marco en el que se renuncie a la guerra como herramienta ofensiva de política exterior, se someta a consulta ciudadana la participación de las Fuerzas Armadas en operaciones militares internacionales y se revisen los convenios con Estados Unidos, pues sus bases en España afectan a nuestra soberanía y suponen un riesgo para nuestra seguridad nacional.

En un marco más amplio, la gran propuesta política de Podemos se basa en el destino de importantes recursos a políticas sociales y educación, lo que no parece vaya finalmente a dejar mucho margen para incrementar el maltrecho presupuesto de Defensa español, en coma desde hace más de un lustro. Sí podría maquillarse su alza incluyendo en el mismo un capítulo que el PP ha dejado como verso suelto: los pagos a los programas especiales de armamento, esos que entendemos entran en la esfera de los contratos que se quieren auditar, revisar y renegociar. De esta forma, podría darse la paradoja de que España, por fin, viera elevado su presupuesto de Defensa y, a la vez, aumentados notablemente los gastos en personal, merced a las nuevas retribuciones que se pretenden, incrementando con ello la perversa proporción que este capítulo ya ostenta en el presupuesto respecto de otros gastos sin los cuales el funcionamiento de las FAS es inviable. El resultado de la ecuación dejaría estrechísimo, por no decir nulo, margen para mantener el adecuado sostenimiento y modernización de las Fuerzas Armadas. Pero el hecho dejaría de ser relevante, toda vez que la inacción, o la suelta de palomas blancas, sería la gran apuesta en política exterior. Todo un ahorro para Defensa.


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