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La nueva amenaza rusa

En lo que va de año, más de cien aviones rusos, desde bombarderos estratégicos que operan habitualmente con armas nucleares, a MiG-31, han sido interceptados en Portugal, Inglaterra, Turquía, Irlanda, Islandia, en los países nórdicos, Alemania y Polonia, en todos los casos sin avisar a los centros de control de tráfico aéreo y generando notables peligros al tráfico comercial, lo que, teniendo en cuenta el antecedente del avión malayo derribado en Ucrania, no puede ser tomado a broma. Como en los años de la Guerra Fría, Moscú está poniendo a prueba las defensas de los europeos y no parece que sea por cuestión de capricho o de aburrimiento.

Hasta la, en otro tiempo, neutral Suecia, ha visto como los submarinos rusos entran en sus aguas jurisdiccionales, como también lo vienen haciendo en otros países bálticos con idéntico propósito. Solo en un día de noviembre, más de 24 aviones rusos fueron interceptados en diversas partes de Europa y en algunos casos amenazando con derribar a aviones noruegos. Desde los bombardeos alemanes de 1944, los ingleses no habían vuelto a escuchar sobre sus campos a sus aviones de combate, en este caso a velocidad supersónica, para interceptar un avión de transporte ruso sobre Birmingham, como también ocurrió posteriormente en las tranquilas islas Hébridas. Recientemente la Armada rusa ha iniciado maniobras permanentes en el Báltico, frente a las costas polacas, lo que no contribuye a pacificar la situación.

Pero todo esto podría considerarse una cuestión menor, si no hubiera venido acompañado de la invasión militar rusa de una parte de Ucrania, considerada por Putin como gloriosa; o de la entrada de tropas rusas en Ucrania, en una clara violación de la soberanía nacional del país europeo, dando soporte a grupos prorrusos, que recuerda mucho al apoyo de Hitler a los alemanes austriacos o a los sudetes en Checoslovaquia. La continua negación de los hechos por Moscú, es una muestra palpable de que no podemos esperar juego limpio por parte Putin. Y a esto se une la cancelación del gasoducto South Stream o los ciberataques sobre las repúblicas bálticas.

Los incrementos en dos dígitos de los presupuestos militares rusos en los últimos quince años, frente a las continuas reducciones en Occidente, han devuelto a Moscú al escenario geoestratégico en condiciones de mayor igualdad. Rusia acaba de anunciar la ubicación de misiles nucleares en trenes en constante movimiento para evitar su detección y ha renovado su arsenal nuclear, mientras que los americanos mantienen sus silos nucleares como si lo fueran de trigo. La ubicación de misiles de alcance medio en Crimea con capacidad para incorporar cabezas nucleares constituye una clara amenaza para Ucrania, a la que se pretende poner de rodillas entre cortes de suministro de gas y la amenaza militar.

Pero, además, la recesión económica amenaza a Rusia y la prosperidad vivida desde la llegada de Putin al poder precisamente en plena recesión en 1999. Las sanciones a productos alimenticios europeos han vaciado las estanterías de los supermercados en los que ahora se almacenan productos de dudosa procedencia y a precios exorbitantes. La caída del precio del petróleo supuso una reducción de ingresos en Rusia de unos cien mil millones de dólares en 2014, mientras que las sanciones económicas occidentales dañaron la economía nacional en otros cuarenta mil millones. Esto supondrá una caída del PIB (Producto Interior Bruto) para el año que viene en torno a un 5 por ciento.

Pero no debemos pensar que por estas razones Rusia es un país débil. Sus reservas de divisas son gigantescas y dispone de extensas reservas de petróleo y gas, que seguro encontrarán pronto destino alternativo, quizás con su nuevo aliado, China, aunque sea a precios más bajos. Militarmente dispone de la mayor fuerza nuclear mundial y del Ejército más poderoso de Europa. Frente a este nuevo telón, Occidente gasta en Defensa menos del 1,5 por ciento del PIB, frente a 5 de Rusia; la Alianza Atlántica se debilita ante la profundidad de la crisis económica en Europa; y no existe conciencia de la amenaza, como sí tuvieron nuestros padres que conocieron la guerra europea. Es más, son ya muchos lo que justifican la acción rusa en Ucrania para explicar su inanición estratégica.

Una vez más, los valores de democracia, libertad y de defensa de los derechos humanos se ven amenazados por una fuerza poderosa, que no respeta ni la legalidad internacional, ni la soberanía y con dudosos criterios de respeto a los derechos individuales y colectivos en su propio país. Sólo una Europa unida y fuerte, con una capacidad militar renovada, podrá hacer frente a Rusia y devolver la estabilidad y el equilibrio a las relaciones internacionales. Pero debemos ser conscientes de que la principal amenaza es nuestra propia debilidad.


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