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Fuerzas Armadas y democracia en América Latina

Durante décadas, las fuerzas armadas en América Latina estuvieron al servicio de los poderes fácticos de los países para preservar los intereses de una minoría que basaba su prevalencia económica y social en su uso. También la Unión Soviética durante décadas tuvo en los ejércitos de sus países aliados su mejor instrumento para preservar la ortodoxia comunista. Además, el reclutamiento forzoso de los jóvenes para servir en las fuerzas armadas militarizaba a toda la sociedad, de manera que la disciplina militar se extendía a la población y, con ello, el miedo se propagaba entre todas las capas sociales.

Sin embargo, los cambios producidos en el mundo en las últimas dos décadas han llevado a una transformación sustancial en la mentalidad de las fuerzas armadas de los países de América Latina. El último ejemplo de esta posición profesional y dependiente del poder constitucional y democrático ha sido Venezuela, donde no se han dejado manejar por los intereses políticos que pretendían inmiscuirla en la política de forma partidista e ilegal y se han puesto del lado de la Constitución.

Hoy en día las fuerzas armadas son las máximas garantes de la democracia y del estado de derecho en la inmensa mayoría de los países y ello sin duda ha repercutido en la buena imagen de la institución militar en todos los países de América Latina. Su contribución al desarrollo tecnológico; a la actuación en caso de grandes catástrofes naturales; y la lucha contra el narcotráfico, la mayor amenaza a la seguridad en el continente, son tareas que deberán desarrollarse en los próximos años de forma intensiva, pero que han convertido a los ejércitos en protagonistas de la revolución silenciosa que se produce en nuestros países hermanos.

Desde el punto de vista del desarrollo tecnológico, los centros industriales y de investigación de las fuerzas armadas son los máximos contribuyentes al desarrollo en tecnologías críticas, especialmente en el campo de las tecnologías de la información, la electrónica y el espacio. Las políticas de cooperación industrial y offset son una realidad en casi todos los países, contribuyendo de forma decisiva a la obtención de unos retornos industriales muy cualitativos, que generan empleo y tecnologías, convirtiendo en gasto en seguridad en un motor de desarrollo.

La industria aeronáutica se desarrolla en países como Perú, Colombia y Bolivia y se consolidan con nuevos proyectos en Argentina y México. La naval también tiene avances muy significativos en Argentina, Colombia y Perú. La mayor autonomía de las industrias nacionales es un elemento que está convirtiendo a países que eran meros importadores en exportadores, en razón de su mayor competitividad y con productos más sofisticados. Las fuerzas armadas del Continente ya tienen una presencia activa en las operaciones de estabilización y pacificación en el marco de Naciones Unidas y también son constantes los entrenamientos y maniobras conjuntas con países de la Alianza atlántica.

Los próximos años verán sin duda como fuerzas armadas de habla hispana crean fuerzas conjuntas para actuar en África o en Asia. América Latina es una región compleja, con desiertos, cordilleras y selvas y todas gigantescas. Numerosas poblaciones todavía están fuera de las líneas habituales de comunicación. Para muchos de estos pueblos la única conexión con el exterior es la fuerza aérea de su estado y los únicos médicos que conocen son militares. Si no fuera por este ingente esfuerzo humanitario, la vida en las selvas del amazonas sería casi imposible.

Su capacidad de organización y de movilización permite que sean la primera y más eficaz fuerza de choque en los casos de catástrofes naturales, especialmente en este año en el que el niño se manifiesta con toda su virulencia. Sin duda cada vez con más intensidad los ejércitos estarán mejor organizados y con medios adecuados para actuar ante estos desastres, que cada año causan miles de desplazados y de damnificados.

Finalmente, las fuerzas armadas disponen de los medios para controlar las fronteras por las que se mueve cada año la droga que llega a todo el mundo, un negocio de más de cien mil millones de dólares al año, superior al PIB de muchos países de la zona. Todo este ingente movimiento se produce por ríos, selvas y utilizando sofisticados medios aéreos y fluviales. También para estas funciones las fuerzas armadas están produciendo resultados muy notables. Incluso en algunos países, como México, se convierten en el brazo más fiable para la captura de los grandes narcos, como hemos podido ver recientemente.

Todavía subsisten países totalitarios donde los derechos humanos y la voluntad popular están amenazados y precisamente deben ser las fuerzas armadas las garantes del cumplimiento de la legalidad constitucional y de la democracia. Pero la tendencia resulta ya imparable y, sin duda, es un cambio trascendental para situar a todas las naciones en una senda de desarrollo social, económico y político constante y permanente.

Enrique Navarro

 


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