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El "Brexit" y la Defensa europea

La victoria del llamado Brexit genera un escenario de múltiples incertidumbres, de las que no escapará el ámbito de la Defensa. Con Gran Bretaña dejará la Unión Europea uno de sus ejércitos más potentes, que, junto al francés, goza realmente de fuerte capacidad para su despliegue exterior, como los últimos escenarios han puesto de manifiesto.

En tanto desde el otro lado del Atlántico el candidato ayer imposible y hoy posible, Donald Trump, se congratula a viva voz de la marcha, a este lado se cierne un negro nubarrón sobre la que siempre fuera confusa y fragmentada política común de Defensa de la Unión. Como recoge en un informe el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), sin una política común de defensa y seguridad eficaz, el Reino Unido –hoy no tanto– será aún más dependiente de la OTAN y Estados Unidos para afrontar los desafíos actuales, poniendo el foco el informe en Rusia, China, el Próximo Oriente y África del Norte.

Lo que se producirá en un contexto creciente, de alzarse Trump con la Presidencia, es que Washington estará cada vez menos dispuesto a subvencionar la seguridad europea. Pero, además, la salida de Gran Bretaña conducirá a Europa a la misma situación a la que el país saliente se verá abocado, haciéndola más dependiente de la OTAN y de Estados Unidos. Para la Unión, recoge el IEEE, la salida británica significará también, en términos de Defensa, una merma en las capacidades logísticas para apoyar los despliegues en el exterior, a la vez que afectará a la colaboración institucional en temas de inteligencia.

A mediados de junio, antes de conocerse el resultado de la consulta que ha dado la victoria al Brexit, Javier Solana, ex alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), aseguraba ante la Subcomisión para la Seguridad y la Defensa del Parlamento Europeo que la UE se enfrenta a una serie de desafíos sin precedentes en su historia, cuya naturaleza impide que los estados puedan afrontarlas en solitario. Instaba con estas palabras el avance hacia una mayor integración en materia de defensa y seguridad, que permita dar respuestas eficaces a los crecientes desafíos. Todo ello habría de enmarcarse, al fin, en la necesaria redacción de un Libro Blanco de la Defensa a escala europea.

Solana  plantea, entre otras cuestiones, el establecimiento de un mercado de defensa común o el desarrollo del mecanismo de cooperación estructurada permanente, correspondiendo a la  Agencia Europea de Defensa identificar  las deficiencias existentes y diseñar los programas y medidas adecuadas. Al Comité Militar de la UE correspondería aportar la dimensión militar de ese Libro Blanco, cuya redacción se enfrenta, a partir de ahora, a una Unión que, ya sabemos, perderá con el Reino Unido a una de sus grandes potencias militares.

 


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