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Conferencia de “offset” en Cartagena

El pasado 30 de septiembre tuvo lugar en Cartagena de Indias la primera cumbre de la Asociación mundial de Offset y Countertrade, que se celebra en América Latina con la organización conjunta de la asociación y el Ministerio de defensa nacional. Puede decirse que fue todo un éxito de puesta en escena y por la calidad de las presentaciones durante los tres días de sesiones de trabajo. Más de trescientos asistentes de 32 países confirman la magnitud del evento. Tres son a mi juicio las principales conclusiones.

Los acuerdos de compensaciones industriales no solo conservan todo su vigor, sino que nuevos países se añaden cada año a este tipo de acuerdos. Los representantes oficiales de los gobiernos de México y Argentina anunciaron la pronta implementación de estas políticas en sus respectivas naciones. La razón es obvia, quieren acceder a una mayor autosuficiencia en la gestión de sus sistemas de armas e impulsar el desarrollo tecnológico y la generación de empleo de calidad. Son objetivos todos laudables y que deberían guiar los pasos de la acción del buen gobierno.

En los próximos años, los acuerdos de compensaciones alcanzarán un valor aproximado de 75.000 millones de dólares y todas las grandes empresas del sector defensa se verán involucradas en ellos, especialmente en los países emergentes de América Latina, Medio y Extremo Oriente. El volumen en términos de empleo de calidad y transferencia de tecnología será sin duda uno de los mayores que se han producido en la historia reciente y significará un trasvase de conocimiento y capacidades desde los países más desarrollados a los que ya asoman entre las grandes economías mundiales y que, además, registran las mayores tasas de crecimiento económico. Este gran reto supondrá un gran esfuerzo en materia de preparación y desarrollo de estos acuerdos, para que sean optimizados desde las empresas contratantes y los gobiernos. Más de sesenta países en el mundo practican estas políticas y aquellos que ya no las pueden aplicar por acuerdos regulatorios insisten, sin embargo, en la necesidad de un retorno industrial a sus inversiones.

Todos los países de América Latina,  en especial aquellos con economías de desarrolladas, abordarán nuevos programas de modernización de sus fuerzas armadas, en especial Colombia. El ministro de Defensa fue tajante al incidir que la situación de postconflicto no va a suponer una merma de capacidades militares, sino que el esfuerzo debe continuar. Nuevos programas de plataformas se desarrollarán en México, Colombia, Perú, Brasil y Argentina y no cabe duda que una buena parte de la base para afrontar estas nuevas inversiones serán los acuerdos industriales. En este sentido, el viceministro de Defensa de Argentina recalcó cómo los nuevos procesos de inversión tendrán en cuenta de modo prioritario este tipo de acuerdos.

Muchas de las empresas y países presentaron casos de éxito, con proyectos que con frecuencia supondrán un salto cualitativo de enorme magnitud en cuanto a las capacidades militares y tecnológicas. Sólo en los países del Golfo, miles de ingenieros se han formado gracias a los acuerdos de compensaciones, en tecnologías punteras. En un nuevo mundo global este trasvase de conocimiento, lejos de ser una merma, es la gran oportunidad para que los países desarrollados continúen accediendo a nuevos mercados y sigan una senda de crecimiento. Si las empresas europeas o americanas tuvieran que depender solo de su presupuesto, ya podrían ir cerrando casi todas. Los países emergentes aglutinan un gran porcentaje de las inversiones en defensa, de manera que para las empresas conocer y ser proactivas en estas políticas es una obligación si quieren sobrevivir ante la nueva estructura del mercado.

El fervor con el que industrias y gobiernos latinoamericanos defendieron el “offset” y la madurez en la definición y ejecución de políticas transparentes de compensaciones contrasta con el velo que se pretende imponer el Europa bajo el concepto de mercado único, negando las singularidades que en materia de defensa subsisten dentro de la Unión Europea.

Para aquellos que no entienden el concepto, se preguntarán cuál es el origen de los acuerdos de “offset”, que nacieron en los años cincuenta con las compras europeas de productos norteamericanos. Todas las tecnologías y productos desarrollados por la industria de defensa son costeadas por sus propios gobiernos a través de programas de investigación y desarrollo específicos o de adquisición que incluyen las fases de I+D e industrialización.

Las empresas cuando venden sus productos ya tienen amortizados sus costes no recurrentes, de manera que el precio por unidad que pagan los gobiernos es superior al de equilibrio. Por esta razón, las empresas acceden a compensar por estos precios extra. Para las sociedades y los gobiernos compradores estas negociaciones bilaterales de “offset” han permitido no solo compensar, sino además generar acciones de alto valor añadido para los compradores, con mayor retorno para los contribuyentes. El efecto multiplicador de estos acuerdos resulta evidente, viendo el desarrollo de nuestra industria de defensa, o la de Turquía, o la de Corea, donde han pasado de ser meros compradores a muy activos en sus políticas de exportaciones de material de defensa. Sin duda, esta generación de valor a través de los acuerdos de compensaciones continuará creciendo en los próximos años como un proceso natural de la nueva economía global a la que nos dirigimos.

Para las empresas españolas, que conocen perfectamente estas prácticas, América Latina es un gran reto. Sin duda deben estar presentes en países con los que compartimos lazos y lengua, pero deben saber que se encontrarán con funcionarios muy profesionalmente formados y con políticas bien construidas y respaldadas políticamente. Es un gran reto, pero también una gran oportunidad.


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