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Año nuevo, nuevos y viejos retos para la Defensa de España

España afronta la formación del nuevo Gobierno que habrá de dirigir el país en los próximos años bajo un concepto de pactos del que se parte sin experiencia. Si los futuros efectos en la gestión de la nación en este nuevo escenario plantean cierta inquietud, en el área de la Defensa los colores que han salido de las urnas y los posteriores acuerdos de gobernabilidad no van a la zaga. 

Desde la futura implicación del país en misiones internacionales, a las decisiones sobre el gasto e inversión que den respuesta a las necesidades de equipamiento y modernización de las Fuerzas Armadas, pasando por el demandado apoyo a la industria del sector en un entorno de alta competitividad, en el que los acuerdos de gobierno a gobierno son pieza clave, y sin olvidar la cuestionada mecánica de los pagos de los programas especiales de armamento, se abre un amplio abanico de frentes en el área de Defensa para el nuevo ejecutivo.

Respecto a la participación en misiones internacionales, el Gobierno del PP autorizaba poco antes de las elecciones la prórroga hasta el 31 de diciembre de 2016 de la presencia militar en las doce operaciones en el exterior en que actualmente están desplegadas, desde el Líbano a la operación Atalanta, Malí, Afganistán o Irak, entre otros escenarios. Son misiones que implican hoy la presencia de unos 2.000 efectivos y el despliegue de medios, incluyendo la renovada actuación en la Baltic Air Policing de la OTAN en Lituania y los operativos en las Fuerzas Navales Permanentes de la Alianza, que van desde cazas Eurofighter a las fragatas F-100 de la Armada.

La demandada mayor implicación por parte de Francia de fuerzas españolas en África o en escenarios vinculados directamente a la guerra contra el Daesh se abordará una vez concluya el proceso de formación del nuevo Gobierno y mucho tendrá que ver en el grado de compromiso que España asuma en ese esfuerzo el resultado de los pactos.

Respecto de la modernización de las Fuerzas Armadas, se han dado importantes pasos en el avance del programa 8x8 y las futuras fragatas F-110, bajo la premisa común del impulso al sector de la industria de defensa nacional, apoyando el desarrollo de tecnologías avanzadas que permitan consolidar y mantener la competitividad en el mercado internacional y, a la vez, fomentar la creación y el mantenimiento del empleo, favoreciendo en el camino a la industria auxiliar, a los subcontratistas y a los suministradores.

La adquisición del Reaper quedará como otro hito del año que dejamos atrás, pero la demanda de plataformas a las que hay que dar respuesta mantiene importantes frentes abiertos, desde la sustitución de los Harrier de la Armada, a la incorporación de aviones cisternas, o el abordar las soluciones rotatorias  de uso naval, una vez el Ejército de Tierra entra en 2016 en una nueva fase de capacidades, con las entregas de los NH90 ya a ritmo de crucero, y empiecen, por otra parte, las primeras entregas, por fin, del A400M.

 


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