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Adiós, o hasta luego, a la misión española en Afganistán

Con el ministro Pedro Morenés desplazado a la Base Aérea de Gando tras el accidente y desaparición de tres militares en un Super Puma del 802 Escuadrón de la Base Aérea de Las Palmas/Gando del Ejército del Aire, protagonizando desde Canarias el mayor acto de desinformación en Defensa de los últimos años, merced a la fiabilidad otorgada a la información falsa dada por el Gobierno de Marruecos respecto al rescate de los militares, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, viajaba en su lugar a Afganistán para presidir el acto de despedida de la misión española en la Base de Herat.

Con este acto, deslucido por la avería y consecuentes demoras del Boeing 737 de Air Europa fletado por Defensa para el desplazamiento, avión en el que debían retornar a España 88 militares junto a la vicepresidenta, España ponía fin a más de trece años de presencia ininterrumpida en suelo afgano, con un coste material para el país superior a los 3.500 millones de euros y un enorme coste humano para las Fuerzas Armadas españolas: 100 militares han fallecido en Afganistán, incluyendo las 62 víctimas del accidente del Yak-42 que les repatriaba a España en el año 2003.

El 31 de diciembre de 2014 finalizaba la Operación Reconstrucción de Afganistán, como se bautizó a la contribución española a la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), liderada desde 2003 por la OTAN y cuyo antecedente fue la invasión de Afganistán por parte de una coalición de países a cuyo frente estaba Estados Unidos en la llamada Operación Libertad Duradera, que comenzó el 7 de octubre de 2001 en respuesta a los atentados del 11 de septiembre de ese año con la intención de derrocar al gobierno talibán y encontrar a Osama bin Laden y otros dirigentes de Al Qaeda. Culminada Reconstrucción de Afganistán el 31 de diciembre de 2014, el 1 de enero de este año comenzaba la nueva misión aliada en ese país, Resolute Support (Apoyo Decidido), siendo autorizada la participación española en el Congreso de los Diputados en diciembre de 2014.

Las tropas presentes hasta ahora en Herat consistían en la fuerza de protección de la base y el aeropuerto de la ciudad, el personal del Ejército del Aire encargado de la operación del aeropuerto, el de asistencia sanitaria a cargo del hospital Role 2E y la unidad logística que atendía las necesidades propias de las tropas desplegadas, así como efectivos del Cuartel General del TAAC West (Training, Advise and Assist Command). No hay que olvidar que el repliegue que pone fin a la presencia española en la provincia de Herat no implica la total retirada de España de la Resolute Support en Afganistán, que seguirá materializándose con la presencia de veinte militares en el Cuartel General de la misión en Kabul.

Pero las probabilidades de que lo que hoy se define como un adiós a Afganistán no termine siendo tal, no son pocas. Pese a su deseo de poner fin al despliegue antes de que acabara su mandato en enero de 2017, el repunte de la violencia en suelo afgano ha obligado a Barack Obama a anunciar que Estados Unidos retrasará la salida de sus tropas. Así, en el previsto año de la total retirada, 5.500 soldados seguirán en el país. La capacidad de resurgimiento de quienes tienen la firma voluntad de extender en la región el modelo de Estado Islámico es impredecible y España debería contribuir de nuevo a las acciones encaminadas a frenar ese escenario. Catorce años después de que Oriente Medio se convirtiera en el gran teatro de conflictos del recién estrenado siglo XXI, con un saldo de miles de muertos y cientos de miles de millones de dólares destinados a financiar la estrategia aplicada en la región al amparo de la Doctrina Bush, la situación hoy es, sencillamente, peor. La conclusión que ha de imponerse es que no hay que salir por puertas traseras.


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