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El último francotirador

“El último francotirador” es el relato en primera persona de un SEAL “Team Three”, un tirador de élite que participó en algunas de las batallas que hubo en Irak en 2006. Este libro tiene dos enfoques: el personal, del autor; y el del equipo, las unidades especiales. Tuve la oportunidad de conocer personalmente a Kevin Lacz, aprovechando su estancia en Madrid, junto a su esposa Lindsey. Haré un breve comentario de su contenido y compartiré alguna de sus opiniones personales.

El contenido del libro es crudo, con una veracidad sin contemplaciones, y que –en mi opinión- es lo que tiene más valor en la bibliografía bélica contemporánea. Son unas memorias presentadas de un modo emocionante porque son fruto de una forma de ser y de actuar, de afrontar la vida y las adversidades. Es la voz de esos veteranos que sirvieron, que sobrevivieron y que luego prosperaron. Hoy Kevin se dedica a la medicina, otra forma de servir y de, como afirma, seguir haciendo cosas grandes.

El argumento del libro es la historia de un equipo de operaciones especiales, el grupo SEAL llamado «Los Castigadores», que participó en la batalla de Ramadi. En ese año, la zona occidental de Irak estaba sumergida en la violencia y el caos; el desánimo cundía y los efectos letales de la insurgencia hacían unos estragos muy serios en las tropas de la coalición internacional. Se decidió desplegar a un equipo de los SEAL para que se enfrentara a ese avispero y que ayudara a tomar la capital de la provincia de Ambar. Comenzaba una forma salvaje de conflicto, la guerra entre la gente, en calles, hogares y mercados, donde todo se mezcla, el acecho, el disparo lejano, la respuesta de los insurgentes, la muerte de inocentes. El trabajo será sencillo: ocupar espacios durante la noche, esperar durante el día, e “incapacitar” al enemigo en cuanto aparezca.

El autor de estas memorias fue compañero del mítico Chris Kyle. También fue protagonista de la película “El francotirador”, y de hecho, formó parte del equipo de actores a petición del director, Clint Eastwood, para que sirviera de asesor en la forma de desenvolverse, de dar instrucciones y de encarnar las dinámicas tácticas y operativas. Gracias a ello, se pudo interpretar mejor y con más realismo las escenas de las unidades especiales, y fue para él una oportunidad para rendir homenaje a unas de las figuras míticas del SEAL. De hecho, libro y film son un complemento necesario para comprender mejor el trabajo que desempeñan las unidades de élite y el perfil humano de sus integrantes.

La versión que nos ofrece de los francotiradores, basada en su diario personal de campaña, resulta enriquecedora, y muy distinta, ya que no nos habla de héroes individuales, sino de la acción de un colectivo. Conocido en el grupo como Dauber, el autor nos muestra también la descripción de unos hombres destruidos por la guerra y la pérdida de compañeros para siempre. Es, en definitiva, el tributo de un hombre a su equipo. Acompaña la edición un amplio álbum fotográfico con imágenes de las unidades en acción y algunos mapas de la ciudad.

Kevin se unió a las fuerzas armadas tras el horrible espectáculo del 11-S. Algo tenía que hacer, así que termina en los SEAL para la guerra. Su conclusión es clara: un SEAL nace, no se hace. Las lecciones sobre el liderazgo son continuas: “saber salir de la zona de confort y enfrentarme a los problemas me dio forma, me hizo como soy”. Esta es, para mí, la energía intangible del libro. Se ofrecen detalles sobre cómo se entrena un equipo, cómo descubrir el propio potencial, cómo tomar decisiones en la adversidad, y cómo hacer todo lo posible para lograr el éxito de la misión. Y siempre en equipo, en “hermandad”, que es donde se afinan las capacidades, se enseña a ser útil, se eliminan los excesos y se aprende a huir de la autosuficiencia.

La escuela BUD/S, de buceadores especiales, por ejemplo, estaba enfocada hacia el desafío mental. Caos, agotamiento, tensión emocional, psíquica y física sin un final a la vista, son puestos a prueba y en competición para filtrar a los candidatos. Luego será el turno para las habilidades tácticas y operativas por tierra, mar y aire. Tomen nota educadores, formadores y responsables de iniciativas cívicas: la auténtica escuela de liderazgo es únicamente aquella donde se ofrece adversidad y sacrificio, y donde se cultiva conjuntamente un espíritu guerrero y una actitud permanentemente positiva. El resultado de la formación SEAL es un chico de veintiún años que sabe asumir riesgos, salir de la mediocridad, que ha sido acostumbrado a las malas noticias, y que mantiene el impulso para descubrir el sentido de las cosas. Fortaleza personal, sentido de familia y resiliencia son sus notas características.

Este libro, como señala Kevin Lacz en sus primeras páginas, está escrito para los jóvenes, para que puedan descubrir las virtudes que se encarnan en las fuerzas especiales, y para que puedan servir con orgullo a su país. Creo que, en definitiva, es un testimonio para ayudarnos a vivir mejor. La paz que se conquistó edificio a edificio en la ciudad de Ramadi hoy ya no existe, pero las lecciones aprendidas persisten. (Gabriel Cortina)

Fotografía: Kevin Lacz, autor y protagonista del libro, junto a Gabriel Cortina.


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