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Regimiento nº 3 de Coraceros españoles, 1815

En noviembre de 1806 el emperador Napoleón regresa a Francia lleno de exaltación bélica después de las gloriosas jornadas de Austerlitz, de Jena, y de la total ocupación de Turingia, incluyendo Berlín, a la sazón capital de Prusia. Es sólo un intervalo entre campañas que va a dedicar a la cuestión española. Sabe, y esto le satisface, de la creciente tensión existente en el seno de la familia real hispana extensiva también al favorito Godoy, lo que beneficia sus proyectos, pero debe esperar a que el antagonismo creado culmine en ruptura final y entonces llegue el momento de atraerlos a Bayona donde reyes y príncipe, ya en franca disputa, darán lugar a que, sin otra alternativa, la Corona de España sea puesta en manos de Napoleón que, a su vez, la entregará a aquél de sus hermanos más dispuesto: José Bonaparte.

Pero antes, en el curso de sus planes, está el valerse de Carlos IV y del valido para proseguir el bloqueo continental a fin de evitar toda actividad marítima y comercial entre Inglaterra y el Continente. De esos proyectos forma parte el socavar la potencia militar de España y para ello exige al rey la pronta entrega de un cuerpo expedicionario que sirva de apoyo para reemprender sus campañas en el Este europeo.

Sin mayor dilación le son entregadas las más eficientes y mejores unidades del Ejército con lo que memorables regimientos de infantería, caballería y artillería salen el 18 de agosto de 1807 hacia diversos destinos. Dos divisiones con 15.000 hombres, mandadas por el Marqués de la Romana y por Don Juan Kindelán, marchan al norte de Alemania. Otra división de 5.000 soldados, al mando de Don Gonzalo O’Farril, va a Toscana. De sobra son conocidas las desdichas y avatares que sufrieron aquellas tan heroicas como valerosas tropas españolas.

Llega el momento de someter al rey y valido el “sui generis’ tratado de Fontainebleau (27 octubre de 1087). Por el se acuerda la ocupación de Portugal dividiéndolo en tres partes: norte, para la hija del rey, princesa de Etruria, centro para Francia; y sur, como principado de Mgarve, para el codicioso Godoy. Esto entraña el facilitar el paso por España camino de la frontera lusa de un Cuerpo de Ejército francés mandado por Junot al que deberán unírsele un contingente de fuerzas españolas. Es el principio de una invasión y, en efecto, el arrogante mariscal Murat con cuatro Cuerpos de Ejército más el mando de mariscales y generales como Dupont, Moncey, Bessiéres y Duhesme, hace patente su deseo de asentarse sobre suelo español y tomar en el decididas posiciones estratégicas. Ante tal tropel de hechos el choque es inminente y la Guerra de la Independencia comienza a primeros de mayo de 1808. Todo un Ejército francés de 150.000 soldados curtidos por múltiples lides, han de enfrentarse a poco más de 90.000 soldados españoles mal preparados y deficientemente armados..

Por el general en jefe del Primer Ejército de Cataluña, Don Enrique O’Donell, conde de La Bisbal, y estando en la villa de Reus, se crea el Cuerpo de Coraceros mostrado en la presente lámina. Fue el 24 de mayo de 1810 y se formó en base de la  compañía del Regimiento de Húsares de Granada. Dice el autorizado conde de Clonard en su “Historia Orgánica de la Caballería” que para su formación se aprovechó el armamento tomado a los coraceros franceses en la batalla de Mollet. Aunque no precisa el vestuario, cabe suponer que los uniformes fueran también franceses visto su estilo y porte. Nada tiene de particular dado que por ese tiempo en España faltaban tanto armas como uniformes. Existía el precedente de aquellos insignes guerrilleros que llegaron a ser generales del Ejército regular como Don Francisco Longa y Don Juan Martín El Empecinado que formaron sus Húsares de Iberia y de Guadalajara con uniformes nuevos tomados de los convoyes franceses.
Volviendo a nuestro regimiento, diremos que recibió el título de ‘primer regimiento de coraceros españoles” en atención a ser el primero de su clase en ésa época. Su composición fue en principio de dos escuadrones de a tres compañías; y cada escuadrón de 60 hombres montados y 11 desmontados. Tomó el mando el coronel Don Juan Maltaz, y con él pasaría su primera revista de comisario el 1 de junio de 1810.

Por una propuesta del Inspector General de la Caballería se dictó nueva normativa para dicha Arma y en fecha de 20 de abril de 1811 se articuló la Caballería en 30 regimientos de los cuales 12 eran de Línea, y entre ellos hubo de figurar el de Coraceros; a cuyo efecto hubo de integrarse en la orgánica interna del Arma. Y así hubo de formar su Plana Mayor: Coronel, Tte. Coronel, Sargento Mayor, cuatro Ayudantes con empleo de Capitanes y Tenientes, cuatro porta-estandartes de la clase de Subtenientes, un trompeta de órdenes, timbalero, mariscal de logis, herrador y un picador. Tropa: 4 escuadrones de las 3 compañías y cada una de estas formadas por Capitán, Teniente, Alférez, tres Sargentos, cuatro Cabos un Trompeta y 42 plazas montadas, 12 desmontadas y un herrador.

Este regimiento de coraceros actuó durante la guerra principalmente por la región catalana, distinguiéndose en el asalto del fortificado puente de Molins del Rey destrozando una columna de infantería francesa, de la que tomó 200 prisioneros. De forma continua actuó por Moncada, Martorell, Sta. Coloma de Queralt, con brillantes resultados. Y fueron tantas sus intervenciones que forzosamente hubo de sufrir cuantiosas bajas; tantas que se llegó a pensar en su desaparición.
Al término de la guerra y por una disposición ministerial, quedó como 3º regimiento de Coraceros dando prioridad al 1° de Coraceros del Rey y 2º de la Reina, pasando a ocupar el 16 de Caballería de Línea.

Por otro RD., el 1 de julio de 1815, pasa al 15° de Línea continuando los del Rey y de la Reina en el orden habitual. Y así hasta que por nuevas reestructuras del Arma, el mando superior acordó que el regimiento nº 3 de coraceros españoles pasara, en el año 1818, a refundirse en el n° 2 de Coraceros de la Reina..


Texto y Dibujo por Miguel Montaner


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