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Regimiento de Caballería Ligera del Infante nº 4 de España

Esencialmente bélico es el período en que reina en España Felipe IV, quien ocupó el trono el año 1621. Si relativamente fue pacífico el corto gobierno de su padre, Felipe III, no le iba a suceder igual al heredero, pues la tregua de los doce años concertada con Holanda finalizaba precisamente al comienzo de su reinado. Los holandeses, en mejor coyuntura que nunca, se unieron a los protestantes alemanes en la sempiterna lucha contra la hegemonía que representaban, en Europa las dos ramas austriacas. Por eso, siendo España parte importante de la misma, acudió a la petición de ayuda que le hizo el emperador Fernando II de Austria.

Los tres primeros lustros de tan espantosa guerra, España los superó con cierta brillantez por los hechos memorables de Ostende, Breda, Nordlinger. Los Tercios españoles de don Guillermo Verdugo, y más tarde de don Francisco de Melo, causaron admiración en toda Europa. Mandos como los de Spínola, marqués de Santa Cruz y el Cardenal-Infante, hermano del monarca, consiguieron gloria imperecedera para las armas hispanas. Pero a partir de 1636, por el enorme desgaste de hombres, material y caudales, España y el Imperio entraron en la fase decadente de la interminable contienda. Felipe IV, y por el su imperioso valido el conde-duque de Olivares, apurando en demasía las condiciones económicas del país, provocaron lo irremediable: la gran crisis nacional que puso en peligro la integridad patria. Portugal rompió la unidad ibérica; Cataluña, ayudada por Francia, y las demás regiones españolas, pretendieron su emancipación.
Corría el año 1640 y la guerra civil era inminente. Se trajeron fuerzas de fuera y dentro se crearon otras nuevas y, entre ellas, iba a darse lugar a la del cuerpo objeto del presente trabajo: el Regimiento de Caballería del Infante. El 7 de febrero de ese año, S.M., como Gran Maestre de las Ordenes Militares, facultó a los condes de Monterrey, de Castrillo y marqués de Castro-Fuerte para que pasasen una circular a los caballeros de las Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara al objeto de servir en la frontera de Cataluña. El monarca había de entregarles por propia mano el pendón correspondiente, estando fijada su salida para el 10 de marzo. Cuenta el conde de Clonard que su presentación habían de hacerla montados sobre sillas de borrenes con bridas y jaezes ornamentados, cota de burato o bien estameña blanca con la cruz al centro y armados de pistolas, dando traste a la imagen de caballeros cruzados del medievo.
Con ocasión de estar de jornada por el reino de Aragón el rey Felipe IV, tuvo por conveniente que, por don José de la Cuesta, oficial de la veeduría general del principado de Cataluña con misión de registro y custodia de papeles y listas reales, actuase en función y “certificase que S.M venía en resolver que en la villa de Madrid, se levantase un batallón de caballería de las órdenes militares’: Por lo tanto facultó a una junta de la milicia de las dichas Ordenes Militares a llevar a cabo su ejecución, nombrándose como caudillo mayor al conde de Monterrey y Fuentes y también para que lo comandase teniendo por ayudante al teniente don Álvaro de Quiñones.
El 3 de junio se dispuso de 1000 caballos, organizándose este cuerpo en cuatro escuadrones al mando de don Juan de Oto, don Pedro Chirinos, don Tomás de Beaumont y don Rodrigo Tenorio para cada escuadrón respectivo de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. El 2 de octubre, Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. El 2 de octubre, el Patriarca, en el templo de Atocha, bendijo los correspondientes estandartes, además del guión de S.M. que era blanco mostrando por una parte un crucifijo bordado en plata y, por el otro, la Purísima Concepción con las armas reales.
De inmediato salió para la campaña de Cataluña integrándose en el ejército del marqués de Leganés combatiendo por todo el ámbito de la región catalana. Sostuvo lucha por Lérida y a lo largo de las márgenes del Segre, arrollando a la caballería del mariscal La Mothe; después, al sur, por Tarragona y Tortosa, llegando hasta el recinto de Barcelona. En 1644, S.M. los revistó, quedando admirado de su porte y compensándoles con hábitos y caballos. Pasó luego al norte y desde Gerona persiguió a las tropas francesas llegando hasta Perpiñán y Salces donde mantuvo digna pugna con las fuerzas de Schomberg. Y así, durante toda esta contienda, condujo con bravura el papel asignado por sus mandos.
Al terminar en 1659 la campaña por el tratado de los Pirineos, pasó a la de Portugal, ingresando en el ejército formado por don Luis de Haro. Luchó por Elvas, Monforte, Entremoz, Arronches, regresando a Badajoz ante el empuje del enemigo, pero volvió con el marqués de Caracena. Por desgracia aceptó la batalla de Montes-Claros en donde se encajó la derrota que llevó al fin de la guerra con Portugal, en el año 1668. Con el cambio de dinastía por la Casa de Borbón, se le distinguió como viejo de Órdenes y así actuaría en la guerra de Sucesión hasta 1715 en que fue reformado en Regimiento de Caballería Ligera de Ordenes, permaneciendo de este modo hasta 1763 en que tomó el nombre del Infante. Sus estandartes eran entonces en color granate, orlados en plata con la insignia real y en el centro las cuatro cruces de las Órdenes correspondientes. Fue su primer coronel don Francisco Gutiérrez de Medinilla. Combatió además de la antedicha guerra de Sucesión, en la campaña de Ceuta. En Italia, en Messina, Terranova, Capua, Trápani y Siracusa. En 1793 hubo de enfrentarse a los revolucionarios franceses y penetró en el Rosellón tomando Masanet y Arlés. Al llegar la guerra de la Independencia contra Napoleón intervino en la solapada contienda de Portugal hasta ser incorporado en 1807 a la División del Norte, que salió para Dinamarca al mando del marqués de La Romana. Allí sufrió la desgraciada odisea de todas aquellas fuerzas hasta ser repatriados a finales de 1808 con su coronel, don Joaquín Astraudi, pero teniendo que abandonar equipos, monturas y caballos. Pasada la guerra y entrando los tiempos enrarecidos de las constituciones se vio abocado a los envites fragosos del momento, tanto que las tropas francesas del duque de Angulema lo hacen prisionero, siendo extinguido por R.O. el 15 de noviembre de 1823. Reaparece en 1824, pero con el nombre de 2° Provisional. Intervino en las guerras carlistas y tuvo ocasión de darle triunfos a la causa realista. De nuevo volvió a figurar, en 1827, con el nombre de Regimiento de Caballería ligera del Infante nº 4 y por ser mezclado en una conspiración fue disuelto por R.D. en 29 de mayo de 1848, siendo depositados sus gloriosos estandartes en el Museo de Artillería. .

Texto y Dibujo por Miguel Montaner


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