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Hawker Hispano «Fury»

El Gobierno de la República española convocó en 1935 un concurso internacional a fin de elegir un aparato con el que sustituir al Hispano Nieuport-52 en las unidades de caza de la Aviación militar.
Compitieron por el triunfo dos aviones: el británico Hawker Fury Mk. 1 y el norteamericano Boeing P-26A Peashooter (versión 281), que fueron sometidos a un completo programa de pruebas para, finalmente, ser declarado vencedor el modelo inglés. En el contrato suscrito entre el Gobierno y el fabricante se preveía la fabricación en España de este aparato por la Hispano Suiza, de Guadalajara, con la incorporación de un motor propio y la adquisición de tres aviones originales, como modelos de trabajo para la sociedad española. Estos tres ejemplares, que llegaron el 11 de julio de 1936, fueron los 4-1, 4-2 y 4-3.

El Fury supuso la máxima evolución de la tecnología aérea de la época, en especial por lo que se refiere a la aerodinámica y a la propulsión. Diseñado por Sydney Camm, el prototipo voló por primera vez el 25 de marzo de 1931, causando una extraordinaria impresión. Se trataba de un avión de estructura metálica recubierta de tela con excepción de la parte anterior de la carlinga y del encastre del motor, que eran de chapa con una gran carena. El realizado en España, se diferenciaba del británico por tener el tren de aterrizaje de patas independientes.
El Fury español esta propulsado por un motor Hispano- Suiza 12X BRS de doce cilindros en V refrigerado por líquido que desarrollaba 600 CV moviendo una hélice bipala de madera. Este conjunto proveía una velocidad máxima de 333 kilómetros/hora, con autonomía de 590 kilómetros a una altura de 4.200 metros, aunque su techo máximo operativo alcanzaba los 9.000. Su envergadura era de 9,14 metros,  8,15 de longitud, 3,09 de altura y un peso al despegue de 1.580 kilogramos. Su armamento consistía en dos ametralladoras Vickers de 7,7 mm., en el capó del motor, sincronizadas con el paso de la hélice.
Al estallar la guerra, el 18 de julio de 1936, los tres aviones (4-1, 4-2 y 4-3), quedaron en poder del Gobierno republicano y tripulados por los excelentes pilotos Urtubi, Jover y Lacalle tuvieron una intervención durísima y continuada en los frentes de Andalucía y Madrid, en los que consiguieron varias victorias.
De estos tres aparatos, uno solo, el 4-3, acabó la guerra, aunque en el lado nacional, pues se vio obligado a aterrizar en dicha zona al quedarse sin combustible de regreso de una acción de caza. El 4-1 se destrozó al aterrizar y el 4-2 fue derribado.

(Texto y dibulos de Juan ABELLÁN)


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