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Cazador del Regimiento de Infantería nº4, Lancero de la Guardia Nacional y Granadero de “Libertos” (Argentina 1810)

Transcendentales habían de ser para las provincias hispanas de Ultramar, las consecuencias derivadas de los sórdidos propósitos urdidos por Napoleón para llevar a cabo la completa disensión entre la familia real española. Esta culmina tras el motín de Aranjuez y la abdicación de Carlos IV en marzo de 1808, decisión que da lugar a que tanto éste, como su hijo, el todavía incierto rey Fernando VII, partan por separado, movidos por los hilos de la trama tendida por el césar francés, hacia el plácido cautiverio de Bayona. Cuando en mayo de 1808 llegan al Plata las noticias de estos acontecimientos, causan un gran impacto entre los elementos secesionistas, pues consideran como afortunado augurio la caída de la Corona española y que siendo así, hará más fácil el camino hacia la independencia.

Es precisamente por esa fecha cuando don Santiago de Linierses confirmado en el cargo de virrey de Buenos Aires. Es persona que se presta a acciones un tanto confusas, pero los patriotas creen en él y lo estiman, porque cuando las dos invasiones inglesas, facilitó la formación del incipiente ejército a base de nativos entre los que destacaron los formidables Patricios, y a los que procuró unir ese cuerpo creado a idea suya compuesto también de nativos y que tituló Granaderos de Fernando VII. Pero tiene dos poco fraternales compatriotas que no comparten su proceder, el alcalde de primer voto, don Martín de Alzaga, y el general don Francisco Javier Elfo. Este recela de él hasta el punto de que siendo gobernador de Montevideo, se llega hasta la metrópoli a intrigar cerca de la Junta Central, teniendo como consecuencia que al año de su ejercicio Liniers sea destituido y reemplazado por Hidalgo de Cisneros. También este virrey —que sería el último mandatario de España—, a pesar de emplear usos comedidos, sería cesado en 1810, esta vez por la Junta Revolucionaria, al hallarse ya el país en pleno fervor de independencia. Es el año también en el que la estrella de Liniers se eclipsa cuando se descubre como ferviente realista. Aparece por Rosario al frente de tropas realistas, y portando el pabellón de Fernando VII entra en liza contra un ejército de voluntarios que acaudilla el comandante de arriveños don Francisco Ortiz de Ocampo. Este derrota y hace prisionero al ex-virrey que, previo juicio, es fusilado en el campo de Cabeza del Tigre.

En 1812 se incorporan a la lucha por la independencia argentina nuevos valores patrios: son el comandante don José San Martín— que de cadete en España se ha curtido en las lides guerreras del Rosellón y Bailén—, los capitanes Carlos María de Alvear y Matías Zapiola. Ellos serán figuras relevantes en el proceso de la independencia de su patria, de modo particular el que llegaría a ser personaje épico y legendario en la historia de la nación argentina: general San Martín, el Protector.

Data de la época cuando hubo lugar las dos invasiones inglesas en 1806 y 1807, ese primer uniforme que consta en el presente dibujo; representa a un cazador del Regimiento de Infantería n° 4, creado ante tal contingencia por milicianos voluntarios montañeses bajo las órdenes del comandante don José de Oyuela. En septiembre de 1809 es numerado con el nº 4 como orden en la unidad del ejército. Por decreto en 29 de mayo y 31 de octubre queda constituido en regimiento de dos batallones con una fuerza de 1.116 hombres, ya calificado como unidad de clase veterana. En noviembre de 1811, debido a nueva organización, es refundido en el de la misma clase n° 3, y sólo volverá a reaparecer cuando, por disposición en 28 de septiembre de 1812, el Regimiento de Caballería Blandengue de Montevideo se le transforma en Regimiento de Infantería Ligera 4 con 8 compañías de Fusileros, una de Granaderos y otra de Cazadores. Interviene en el sitio de Montevideo hasta que la plaza es tomada y después regresa a Buenos Aires a prestar servicios de guarnición, hasta 1818 en que actúa en la campaña de Santa Fe contra el caudillo Gervasio Artigas. Demoledoras hubieron de resultar sus intensas actuaciones, ya que al quedar mermado de efectivos se extinguió a mediados de 1820.

El uniforme presente corresponde al de regimiento de Blandengues de 1812; lleva chacá de hule con penacho verde distintivo de cazadores, casaca alevitada con solapas y vueltas blancas, cuello encarnado con dos presillas doradas; las botas-polaina eran de media altura. Sus armas eran el fusil de chispa con bayoneta de cubo y sable curvo corto.

El segundo uniforme corresponde al tercer Escuadrón de Caballería de Guardias Nacionales y se creó bajo el pie de Lanceros Cívicos de Caballería. Más tarde compondrían el cuerpo de Guardias Cívicos hasta que en 1812 es de nuevo organizado y actúa con otros tres escuadrones, pero de forma independiente. En 1814 queda como Guardia Nacional de Caballería y sus componentes han de ser reclutados entre ciudadanos no mayores de 50 años y estar en conocimientos de lo que es la monta y el caballo. Este escuadrón es agregado al 20 de la misma clase y el 22 de noviembre de 1814 quedan como 1° de Guardias Nacionales de Caballería. En 1817 es agrupado en cuatro escuadrones de mismo origen hasta que en 1819 es sólo regimiento para que en 1822 quede como regimientos 1º y 2º de caballería de línea.

Su uniforme es enteramente azul oscuro, pero con vivos verdes, y en el cuello muestra la cifra del cuerpo; cubre la cabeza con chacó de hule con penacho encarnado, caída de paño y cordones verdes. Las armas son la típica lanza con banderola encarnada y el sable largo curvo.

El tercero de los uniformes es el de los Libertos, creado el 31 de mayo de 1813 como causa de la disposición dictada por la Asamblea General Constituyente en que disponía el rescate de esclavos para servir en el ejército. De esta forma queda constituido el Batallón nº 7 de Libertos. Luego le serían agregados elementos del Regimiento de Artillería de la Patria, del Depósito de Reclutas y del nº 2. En diciembre del mismo año es enviado al ejército del norte ya en pie de dos batallones, e intervendrá en la campaña del Alto Perú donde pondrá de manifiesto su sólida preparación y gran instrucción, siendo citado como modelo en el ejército. Tras el combate de Sipe-Sipe y por las bajas sufridas, quedará disuelto en el campamento de Guacolera el 15 de diciembre de 1816 y sus reliquias dividas entre los n° 3 y n° 9.

El uniforme se componía de chacá negro con penacho blanco y azul y cordones del mismo color, paño caído rojo; casaca roja con puños, cuello y vueltas en negro; las botas cubiertas por polainas largas en negro. Las armas eran las normales en la infantería: fusil de chispa, sable corto curvo y bayoneta de cubo..
(Texto y dibujo de Miguel Montaner)


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