Los ataques contra líderes de Al Qaeda en suelo de Paquistán y Yemen, países con los que no existe conflicto abierto, pero fundamentalmente el conocimiento público de que Washington pueda atacar empleando éstos sistemas a ciudadanos norteamericanos en territorio extranjero, ha terminado por empujar a Obama hasta el Senado para dar explicaciones, e incluso a despejar dudas, respecto a que los UAV no serán empleados contra americanos en suelo patrio, a la vez que desmontaba las filtraciones sobre su elevado número de víctimas civiles y colaterales.
Conocida la existencia de una base secreta para estos aparatos en Arabia Saudita, Obama, comprometido a consultar con el Congreso los asuntos de seguridad nacional, quiere sacar de la oscuridad, hasta donde el Libro Blanco de la Defensa de EEUU lo permita, el empleo de sus sistemas aéreos no tripulados fuera del territorio nacional.
El asunto es que la tecnología ha avanzado a mucha más velocidad que la creación de ese marco legislativo que hoy Estados Unidos se apresura a crear, que el sistema se ha revelado ciertamente eficaz, aséptico y económicamente rentable en términos de dólares y vidas. En este sentido, más allá de salvaguardar la de los militares norteamericanos, cabe plantearse el que, aún fuera de esa legalidad que hoy se busca, y aun habiendo bajas civiles, si el número de éstas no sería indeciblemente mayor de recurrir a métodos más clásicos de invasión sobre el terreno o masivo ataque aéreo, para acabar con un enemigo al que se liquida de esta forma de manera mucho más limpia. Quede ahí la cuestión.
En el círculo clásico, en el que se determinan y retroalimentan las fórmulas de ataque con las opciones de armamento disponibles, el desarrollo de sistemas aéreos no tripulados es, dentro de la industria de Defensa, un capítulo que goza de especial empuje, con gran desarrollo tecnológico y fuerte demanda. La tendencia se enmarca y ve favorecida por los actuales tiempos de recorte y rediseño de los presupuestos militares, que ha hecho de la racionalización su estandarte.










