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Un cheque en blanco al nuevo ministro de Defensa

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Un cheque en blanco es lo que dan las Fuerzas Armadas Españolas, cada vez que hay un cambio de Gobierno, al nuevo ministro de Defensa. Cheque en blanco que tiene como fondos la esperanza e ilusión de todos los militares en que el nuevo jefe administrativo sepa llevar a buen puerto al buque varado en Castellana 109, el edificio de granito gris del Ministerio de Defensa. El nuevo inquilino del pétreo buque deberá conseguir a través de su mandato devolver la ilusión perdida a todos los miembros de las FAS, reflotar las finanzas de la Defensa y conseguir un nivel de eficacia y operatividad óptimas en consonancia con nuestros aliados en la OTAN y en la Unión Europea.
Este cometido, que no es fácil, requerirá unas cualidades específicas en la persona que el próximo presidente del Gobierno designe como ministro de Defensa, dejando atrás épocas pretéritas en las que no se buscaba la eficacia de las FAS, sino promocionar políticamente a un miembro del propio partido, dejando en segundo término su cultura en temas de la Defensa, en algunos casos nula, espíritu militar, amor a España y experiencia internacional, sin olvidar la fluidez en la lengua de Shakespeare, tan necesaria en la OTAN y Unión Europea.

Reconocemos que no es fácil encontrar un candidato con semejantes cualidades y creemos honradamente que no lo ha habido semejante en el último decenio, pero debería existir entre los miles de miembros del Partido Popular. El Ministerio de Defensa es sin duda el más fácil de dirigir, pues debe ser el único donde las órdenes son siempre cumplidas con total lealtad y, para conseguir esa lealtad, el nuevo ministro deberá caer 180º del rumbo político que de forma lenta, pero inexorable, ha ido vaciando los despachos del Ministerio de militares, para irlos sustituyendo por legos en las materias, aunque, eso sí, imbuidos en la idea de que las Fuerzas Armadas son unas ONG uniformadas, algo que, cuando se tiene un ministro que dice preferir morir a matar, nos lleva a la conclusión de la futilidad de los grandes programas de armamento, hoy en peligro de suspensión de pagos por culpa de un presupuesto de Defensa que es el 0,66 por ciento del PIB, es decir el 30 por ciento del que recomiendan nuestros aliados de la OTAN.
Igualmente un mínimo conocimiento de las normas militares nos evitaría la patética imagen de la última inquilina de Castellana 109, ordenando: “Capitán, ¡mande firmes!”, al oficial que mandaba la compañía de honores en su toma de posesión, olvidando que el cargo administrativo de ministro no presupone mando de armas. Para eso tenía una larga cadena de mandos que se saltó impunemente hasta llegar al capitán, si bien cargamos gran parte de la culpa del evento en sus mal informados consejeros, a los que juzgamos igualmente legos en la materia. Desde estas líneas nos dirigimos al futuro presidente del Gobierno español, rogándole elija bien a una persona honesta, que haya tenido relación con las Fuerzas Armadas, que no sólo las conozca, sino que las quiera y defienda, sin que se empeñe en utilizarlas como trampolín para sus ambiciones personales. Si así lo hace, España estará bien defendida y los más de 130.000 uniformados de los Ejércitos de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, estarán dispuestos a seguirle con lealtad y eficacia hasta el último sacrificio, si así fuera necesario, y ese cheque en blanco del principio de la Legislatura no habrá desaparecido en pocos días, sino que le durará los cuatro años.

 
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