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Lo que el Presidente Donald Trump apunta en Defensa

Las líneas maestras del nuevo presidente de los Estados Unidos en el área de Defensa son aún una incógnita, como en otras áreas fundamentales de la futura gestión política y administrativa de Estados Unidos, sin embargo Trump ha esbozado durante la campaña electoral algunos matices que apuntarían la estrategia a seguir en este campo. De entrada, la concepción del rol de las Fuerzas Armadas y su presupuesto inevitablemente van a estar vinculados a la política exterior y al abanico de amenazas a batir que el nuevo Presidente se marque como determinantes.

En este sentido cuatro puntos clave apuntados hasta ahora: “simpatía”, que podría derivar en acercamiento, hacia la Rusia de Putin, (rompiendo los actuales esquemas de la OTAN y Europa), el refuerzo en la lucha contra el Estado Islámico, incremento del gasto en Defensa (vinculado al punto anterior) y cuestionamiento del compromiso de Estados Unidos con la cláusula de defensa colectiva de la OTAN, reclamando un esfuerzo inversor a los países miembros que justifique el que en la defensa de los socios de la Alianza llevan a cabo las arcas de Estados Unidos. No obstante, embarcarse en grandes gastos para poner en orden el mundo, el clásico rol de policía global que históricamente ha asumido la nación más poderosa del planeta, no figura, a priori, entre los objetivos de Trump. De hecho aboga por un EE UU más aislacionista en el escenario internacional, donde más allá de la cuestión Yihadista no ha señalado con el dedo otros escenarios, al menos por el momento.

En el campo de la defensa y seguridad Trump ha defendido en distintas ocasiones que se debe reforzar el presupuesto en miles de millones de dólares, aunque sin precisar cantidades ni definir el plan financiero para acometerlo, todo lo cual se deberá negociar con el Congreso y el Senado. El pasado mes de septiembre, en el club conservador de Filadelfia (Pensilvania), aseguró que, de ganar, tenía previsto incrementar el US Army (Ejército de Tierra) en 50.000 efectivos, de llevarse adelante se pasaría de los actuales 490.000 a los 540.000 efectivos. Igualmente, aunque sin precisar cifras, se refirió al aumento del tamaño del USMC (United States Marine Corps), apostando por un sistema de defensa antimisiles de última generación y la puesta en marcha de un programa de construcción de más navíos de combate, submarinos y aeronaves militares.

En concreto precisó que se realizaría la modernización de los 22 cruceros de la US Navy, (en referencia a los de la clase Ticonderoga) por un importe de unos 220 millones de euros, cada uno. En su primer discurso, el nuevo presidente ha hecho especial alusión a los veteranos de guerra, y a los más de 200 generales y almirantes que le han dado su apoyo en el camino a la Casa Blanca, en un claro guiño a las Fuerzas Armadas.

El otro eje de su política de defensa es exigir a los aliados de los Estados Unidos, empezando por los de la OTAN, que gasten más en este campo. Trump se ha referido de manera directa a países como Alemania, Japón, Corea del Sur y Arabia Saudí, que “deberán aportar más dinero”, y que no pueden confiar siempre su defensa al gran esfuerzo que se realiza desde los Estados Unidos.

En declaraciones a la CNN  manifestó: "Creo que la OTAN es genial, pero tiene que ser modernizada y los países a los que estamos protegiendo tienen que pagar". En resumen, se suma a la reclamación, que no es nueva, de que las naciones de la OTAN dediquen el 2% de su PIB a la defensa.  Así, la nueva administración presionará a los países europeos, más de lo hecho hasta ahora, para que se alcance este porcentaje requerido insistentemente por la Alianza, esa misma que, para empezar,  habrá de consesuar objetivos con Washington. (Julio Maíz Sanz)

 

Foto: Donald Trump. Foto: Gage Skidmore.


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