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Perú, una potencia militar emergente

El mes de mayo se celebró en Lima la feria de tecnologías de defensa SITDEF, que tuvo además el acierto de introducir como parte de su temario dos cuestiones de máxima actualidad: la ciberseguridad y la ayuda de emergencia, que constituyen dos de los máximos y acuciantes retos de las fuerzas armadas en todos los países. Pero más allá de estas cuestiones puntuales, Perú demostró durante esta exposición, con una gran asistencia internacional, su apuesta por la tecnología y el desarrollo de su industria como parte esencial de su política de seguridad y defensa.

Por una parte, los programas de adquisiciones, sin grandes estridencias, están permitiendo una rápida modernización de capacidades, especialmente en las fuerzas de proyección, como la Fuerza Aérea y la Armada. Pero el Ejército también está sometido a importantes innovaciones, no sólo en el ámbito de equipamiento, sino también en la parte de estructura. Todo este conjunto de acciones están consolidando al Perú como una fuerza militar emergente, algo esencial para un país que tiene fronteras con gran número de países, que todavía afronta grandes retos, como la lucha contra el narcotráfico, que ha heredado los medios y los recursos de las antiguas guerrillas subversivas.

También llamó la atención el impulso a la tecnología de defensa que están abordando los institutos del Ministerio de Defensa, algunos de ellos en colaboración con empresas españolas. Se trata de acciones muy específicas y asentadas en un profundo análisis de realidad y coste beneficio. No se trata de grandes proyectos, pero si de nacionalizar determinadas capacidades que tienen fuertes externalidades positivas, y no solo en el ámbito militar. Gran parte de estas capacidades se están adquiriendo por la vía de las compensaciones industriales, que desde 2010 han recibido un fuerte impulso.

Durante estos años se han iniciado ambiciosos programas basados en las compensaciones industriales y tecnológicas derivadas de los grandes contratos de adquisiciones. Se han mejorado enormemente las capacidades en sostenimiento de los equipos adquiridos, incrementando la autosuficiencia durante el ciclo de vida de los sistemas. Asimismo, se han consolidado capacidades de producción aeronáutica de enorme trascendencia, gracias a los acuerdos con empresas coreanas. La focalización de estas compensaciones en el offset directo relacionado con los equipos que se adquieren está beneficiando, en primer lugar, a las propias Fuerzas Armadas y, adicionalmente, al empleo en sectores de alta tecnología.

En la mesa redonda que compartí para hablar del futuro del offset en el Perú, a la luz de la experiencia de otros países, quedó de manifiesto que los acuerdos negociados entre el Ministerio de Defensa y las empresas deberán acabar concluyendo en acuerdos de asociación o de partnering. La gran diferencia entre el contrato de adquisiciones y el acuerdo de compensaciones es que, mientras el primero es de adhesión, donde el particular debe aceptar todas las condiciones determinadas por la Administración; en el de offset se trata de un negocio privado, en el que ambas partes pretenden satisfacer un interés común, vinculado al contrato principal de adquisiciones.

Las partes deben identificar áreas de interés común que permitan generar capacidades, pero a la vez dependencias entre el Ministerio de Defensa y las industrias proveedoras. De esta manera, y de cara al futuro, los países deberán evolucionar sus políticas de offset desde un punto de vista microeconómico sobre la base en su naturaleza de contrato accesorio a uno principal, a una visión macroeconómica que inserte toda esta política al servicio de unos intereses generales de carácter económico, industrial y tecnológico. Dentro de estos acuerdos a largo plazo, la asociación público-privada ofrece un amplio campo para mejorar la colaboración e incrementar las capacidades industriales de los países.

El fuerte apoyo de las autoridades políticas a este conjunto de acciones constituye el más importante activo del país de cara a un mejor posicionamiento industrial y tecnológico internacional. No se trata de un ambicioso programa de equipamiento militar, sino de la suma de un conjunto de acciones concretas que, poco a poco, están transformando el escenario estratégico de la región en el que Perú será, gracias a sus nuevas capacidades, un elemento importante en la agenda de seguridad regional.

Las empresas presentes en la feria, destacando por primera vez un pabellón de España con una alta representación institucional, destacaron el acierto del Perú en mostrarse a través de este escaparate internacional y todas sin excepción ven al país como una tierra de oportunidades. Sin duda, tanto Colombia como Perú están liderando un nuevo desarrollo industrial y tecnológico alrededor de la defensa, además de abordar profundas reorganizaciones de sus capacidades para adaptarlas a escenarios muy diferentes de aquellos que combatieron durante décadas, y sin duda están afrontando los campos claves para esta transformación.


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