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El “muro” con Méjico, una cuestión de seguridad

He tenido la oportunidad, en la última década, de visitar varias veces el dispositivo que el Departamento de Protección de Fronteras y Aduanas (CBP, U.S. Customs and Border Protection) estadounidense despliega en sus zonas fronterizas, habiéndolo hecho de forma especial en áreas de California, Arizona y Tejas.  La cuestión del “muro”, argumentada en estos días por el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, como una necesidad imperiosa puede que no sea del todo entendida fuera de ese contexto y en algunos casos generará una sensación antinorteamericana que no creo esté justificada.

La realidad de la zona fronteriza que separa Estados Unidos de Méjico muestra un área por la que se transitan miles de personas de forma legal y un gran número de forma ilegal. Los “indocumentados”, porque no tienen papeles que les permitan entrar en Estados Unidos, son objeto de cobro por parte de mafias que gestionan su movimiento hacia el destino y, llegado el caso, abandonados a su suerte por los llamados “coyotes”.

Junto al trasiego de personas, en muchos casos procedentes tanto de Méjico como de otras naciones de Centroamérica o Sudamérica que buscan trabajo como modo de sustento y de mejorar sus vidas, se ha constatado otro de personas que vienen de Asia, Oriente Medio o África. Además, hay un creciente negocio relacionado con actividades ilícitas de tránsito de armas, drogas o importantes sumas de dinero.

El “muro” que propugna Trump con diligencia va más allá de una simple barrera física. Hace varias décadas comenzaron a construirse tramos con chapas metálicas usadas por los militares en el conflicto vietnamita. Después llegaron barreras de hormigón más altas, vallas con sensores y hasta elementos de acero que evitaban el trasiego de vehículos. Todo ello, acompañado de cámaras diurnas y nocturnas, sensores enterrados, aeronaves no tripuladas “Predator” oteando diferentes áreas y hasta patrullas de helicópteros como la “Air Mobile Unit” que transporta equipos que se despliegan en puntos sensibles para llevar a cabo operaciones concretas. Son recursos de distintas agencias del Departamento de Seguridad Interior que velan por insistir en una mayor contención ante movimientos ilícitos de personas y de mercancías que podrían incluso dar pie a posteriores actuaciones de terroristas en suelo estadounidense.

La idea de la barrera física que parece va a construirse, para pasar de los mil kilómetros actuales a más de tres mil, tendrá sus efectos y ya los está teniendo. Se busca “complicidad” en origen para evitar el intenso flujo, algo así como ha conseguido España con Marruecos conteniendo a los subsaharianos que intentan entrar en Ceuta y Melilla. Cuestiones morales, sociales, económicas y de otro carácter son, en el caso que nos ocupa, subyacentes frente a la cruda realidad. Estados Unidos necesita cierto flujo de personas para cubrir puestos de trabajo poco cualificados en su economía, pero busca que estén controladas, documentadas y generen efectos positivos en el modo de vida que define a su sociedad.

Trump parece haber levantado “la caja de los truenos”. Tiene, creo, cierta razón en su decisión, aunque deberá acompañarla con otras que incidan en acuerdos transnacionales con los países donde se origina el problema, que son varios, además de Méjico. En mi opinión esta decisión que muchos no entienden será a medio y largo plazo buena para todos. De momento, empresas estadounidenses se beneficiarán de la construcción y ya se ha sugerido que la financiación se buscará, de una forma u otra, en los países donde el problema se genera. El “muro” es una cuestión de Seguridad, de contención, de control…, es algo más que una barrera física. Es una forma distinta, y seguramente más eficiente, de afrontar el problema actual antes que se agrave más y se genere una situación aún más compleja de resolver. (Octavio Díez Cámara)

Fotografías: Octavio Díez Cámara

1·Agentes armados y equipados con diferentes sistemas de vigilancia trabajan día y noche en la zona fronteriza de Estados Unidos y Méjico.

2·Hay organizaciones delictivas que se lucran con el flujo de indocumentados y con otras actividades de tránsito de mercancías no autorizadas.

3·Estados Unidos lleva muchos años derivando un importante esfuerzo policial para frenar la entrada ilegal de personas por la zona sur de su país.

4·La actual barrera física alcanza unos mil kilómetros e incluye en algunos puntos varios elementos de contención solapados.

5·Bandas criminales, que además del tránsito de personas se dedican a promover el de drogas, armas, dinero y mercancías no autorizado, son el objetivo del esfuerzo policial en la frontera con Méjico.

6·Barrera física y sensores para intentar frenar un tránsito de personas que hoy es un problema y que en un futuro puede convertirse incluso en una amenaza.


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