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Libia, una peligrosa sombra sobre Túnez

Por Alberto Bueno*

Pese a la complicada situación política, económica, social y securitaria que vive el país y la región, Túnez se halla inmersa en una transición política que avanza aunque sea de forma paulatina. Los frágiles progresos democráticos, empero, pueden verse truncados por las graves amenazas a la seguridad que penden sobre el Estado magrebí, tanto desde dentro como desde más allá de sus débiles fronteras.

 

En el plano doméstico, el peligro que suponen los combatientes retornados desde los frentes sirio y libio, o las actividades terroristas de Al Qaeda en el Magreb Islámico y, sobre todo, de la katiba Oqba ibn Nefaa, son sus mayores exponentes. Se ha especulado con la posibilidad de que este grupo terrorista hubiera jurado lealtad al Estado Islámico en septiembre de 2014. Sin embargo, son otras las fuentes que aseguran que el grupo habría mantenido su lealtad a Al Qaeda en el Magreb Islámico y así lo habría confirmado en un vídeo publicado en enero del presente año. En cualquier caso, la katiba ha convertido la retórica contra el Estado tunecino y la llamada a unirse a las filas de la yihad dentro del país en el centro de sus comunicaciones. El reciente atentado en la capital se sitúa dentro de esta lógica: todavía no se ha reclamado la autoría por el asesinato de 22 personas (entre ellas 17 turistas extranjeros), pero las sospechas apuntan en este sentido: o bien hacia células o individuos retornados, que podrían militar o simpatizar con el grupo terrorista Daesh; o bien hacia miembros del grupo Oqba ibn Nefaa. Además, el objetivo del ataque sugiere igualmente esa dirección señalada: el parlamento, como símbolo democrático, y el Museo Nacional del Bardo, cuyo asalto es un ataque directo contra el turismo, sector fundamental para la economía del país.

Si la situación interna es precaria, con recurrentes ataques y atentados, especialmente en la región de Kasserine (en el centro-oeste del país y donde hasta ahora se habían concentrado los incidentes terroristas), así como con continuas detenciones de individuos y desarticulaciones de redes yihadistas, todo lo cual pone de manifiesto el alto número de elementos terroristas presentes en su territorio, no es menos cierto que el peligro directo que supone Libia es todavía más preocupante si cabe. La vecina Libia se encuentra inmersa en un terrible caos de dramáticos niveles de violencia que han puesto al país en jaque y al borde del colapso. El aniquilamiento, cuasi literal, de las estructuras estatales pueden tener consecuencias aún peores que algunas de las ya producidas, como los ingentes arsenales del régimen de Gaddafi "liberados" y dispersos por toda la región del Sáhara y el Sahel, o la tierra de yihad en que se ha convertido el país. Y es que el conflicto amenaza con desbordar definitivamente sus fronteras y virar su violencia hacia el oeste, incrementado el número de ataques y atentados, subiendo asimismo su intensidad, letalidad e impacto, y/o abriendo en Túnez un nuevo frente de guerra.

En relación al primero de los escenarios apuntados, el incremento de la actividad terrorista, ciertos hechos nos llevan a afirmar que, efectivamente, se está produciendo un agravamiento de la situación de inseguridad dentro de Túnez. Las detenciones de individuos tunecinos (mas no exclusivamente, pues también hay argelinos o libios)  practicadas en los últimos meses por las fuerzas de seguridad revelan el regreso de muchos de estos combatientes nacionales al país, o la atracción de extranjeros, con el propósito de cometer actos terroristas. En este mismo sentido, y pese a los ímprobos esfuerzos de las autoridades por mejorar y reforzar sus fronteras, el tráfico de armamento y materiales para la perpetración de atentados y ataques es una constante (consultar a ese respecto el Observatorio sobre la actividad yihadista en el Magreb y el Sahel Occidental del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional). Pese a las incautaciones logradas, todo hace sospechar que el volumen de estos tráficos ilícitos que ha conseguido entrar en el país es muy elevado.

Respecto al segundo de los escenarios esbozados, el de Túnez directamente convertido campo de batalla, todavía más peligroso y temible, observamos algunos indicios que nos plantean serias y preocupantes inquietudes. En efecto, organizaciones terroristas como Ansar al-Sharia Túnez y Daesh, o células vinculadas a las mismas, estarían comenzando a prestar aún más atención al Estado tunecino para dirigir hacia allí sus esfuerzos y capacidades terroristas. Aun expuesta esta hipótesis con las debidas y necesarias cautelas, sí que se han producido una serie de eventos que nos sugieren que el peligro para Túnez puede aumentar extremadamente en el corto y medio plazo. A título ilustrativo, comentamos a continuación tres hechos conocidos en fechas recientes que nos hacen, como decimos, conjeturar y temer un cambio en los objetivos de estos grupos terroristas y, por tanto, un incremento de los incidentes relacionados con la violencia yihadista.

En primer lugar, entre finales de octubre y principios de noviembre de 2014, se habría producido una reunión en la ciudad libia de Sirte en la que participaron varios líderes yihadistas. Presidida por Turki al-Binali, un ideólogo al que se sitúa en la esfera del Estado Islámico, éste habría conminado a los jefes terroristas allí presentes a incrementar su apoyo material y humano a las operaciones que la katiba Oqba ibn Nefaa, antes mencionada, lleva a cabo sobre territorio tunecino y consolidar de este modo allí un nuevo campo de batalla. El día 7 de noviembre, un comunicado del líder de este último grupo terrorista, Khaled Chaieb (alias Lokmar Abou Sakhr), animaba a los combatientes tunecinos y libios presentes en Siria a retornar e incorporarse a la lucha en Túnez. No podemos asegurar que la comunicación se produjera a resultas de la reunión en Sirte, mas tampoco cabe descartar en modo alguna una relación causal entre ambos acontecimientos.

Hay más indicios que apuntan en la misma dirección, esto es, la de convertir al país magrebí en tierra de yihad. Un analista tunecino, Mazen Chérif, alertaba en un simposio a finales del pasado mes de febrero de que Abu Iyad habría mandado detener el envío de muyahidines al frente sirio. La idea de que el fin de este viraje táctico se deba a la intención de intensificar la lucha en Túnez se ve apuntalada desde fuentes ministeriales libias, las cuales sí aseguraron en esos mismos días que Abu Iyad habría ordenado, en efecto, reorientar los esfuerzos hacia este país y comenzar su "asalto" para convertirlo, en tierra de yihad. Este líder terrorista está considerado el jefe militar de Ansar al-Sharia Túnez, al que diversas fuentes sitúan, al igual que a buena parte de los militantes de esta organización inclinados por el salafismo yihadista, en Libia; en concreto, se ha rumoreado con que Iyad estuviera en Derna, ciudad conocida especialmente por estar controlada en su mayor parte por la milicia local "Consejo Consultivo de la Juventud Islámica" (Majlis Shura Shabab al-Islam), organización vinculada a Daesh y punta de lanza de al-Baghdadi en tierras libias. Estos rumores no confirmados, cierto es, nos llevan a conjeturar, sin embargo, sobre las posibles relaciones que Daesh y muchos de estos individuos de procedencia tunecina puedan tener. Una unión entre ambas organizaciones, de la intensidad que fuere, sería en cualquier caso un multiplicador del riesgo y, cómo no, de la eventual capacidad operativa y militar de estos elementos yihadistas

Turki-al-BinaliPor último, y como tercer apunte, igualmente a finales del mes de febrero, un portavoz del Ejército libio del General Jalifa Haftar, alertaba de que el principal campo de entrenamiento de Daesh en el país estaría situado en Sabraza, ciudad localizada a unos 45 kilómetros de la frontera con Túnez y a aproximadamente unos 60 kilómetros al oeste de Trípoli. Por este campo, y según el coronel Ahmed Mesmari, habrían pasado entre unos 3000 y 4000 milicianos. Ambas informaciones, el número de combatientes allí preparados y su localización geográfica, dan cuenta de lo elevado del riesgo.

En definitiva, y pese a movernos en un contexto de informaciones difícilmente contrastables por otras fuentes, las observaciones realizadas y algunos hechos sí confirmados nos llevan a afirmar que un escenario tal, no sólo es posible, sino que podría precipitarse en un horizonte en absoluto lejano. Las sospechas descritas refuerzan esta impresión. Hasta ahora Libia ha sido un catalizador del riesgo, con hombres y materiales infiltrados desde allí hacia Túnez. Pero el conflicto libio, lejos de amainar, se recrudece cada día y las condiciones empeoran. El peligro de que la catástrofe libia supere por todos los medios al pequeño Estado tunecino, con sus propios problemas y debilidades estructurales e institucionales, es una hipótesis que necesariamente hemos de poner sobre la mesa.

*Alberto Bueno es ayudante de investigación del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada (España)


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