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La hora de Europa

A lo largo de los últimos cuatro años se han producido en el escenario estratégico mundial una serie de cambios que necesariamente deben conducir a una defensa europea más autónoma, lo que significa una seguridad más robusta y, en consecuencia, más costosa. La actitud de Rusia hacia Occidente ha dado un giro de 180 grados. Después de la intervención militar en Ucrania, con la anexión de Crimea y los despliegues de fuerzas tácticas y nucleares en su frente occidental, el Gobierno de Putin ha decidido intervenir militarmente en Siria apoyando al régimen de Asad, con una brutalidad desconocida en los conflictos recientes.

El segundo cambio, que afecta especialmente a Europa es el Brexit, que priva a la Unión Europea de su principal potencia militar, optando, al parecer, por un eje transatlántico como base de su defensa, lo que sin duda es muy bien recibido por los republicanos y no mal visto del todo por los demócratas. Las opciones de que los republicanos controlen las dos cámaras del legislativo de Estados Unidos después de las elecciones de noviembre son tantas que la perspectiva geoestratégica norteamericana tenderá al bilateralismo, como fórmula de relación y alianza militar, frente a una Alianza Atlántica que es percibida por amplias capas de la población de Estados Unidos como una amenaza a la paz y a la seguridad.

El paraguas financiero norteamericano de la seguridad europea no solo se quiebra, sino que buscará precisamente fracturar a los europeos, debilitando el corazón de Europa y poniendo el acento en la periferia, tanto la nórdica como, sobre todo, en el Este de Europa, que no ha terminado de comprender la estrategia alemana y francesa con Rusia, que golpea con fuerza su conciencia europea y no colabora al principal objetivo de los antiguos países del Pacto de Varsovia: contener el nacionalismo expansionista ruso, que constituye su principal amenaza

La debilidad de los grandes países europeos en materia de defensa, unido a la salida del Reino Unido, lleva a una percepción muy negativa en cuanto a su capacidad de articular una defensa común y por ello muchos países del Este de Europa confían más en Estados Unidos, creándose un puente que salva al corazón de Europa entre Washington y los países del Este. En esta línea se comprende la iniciativa franco alemana, a la que se han sumado España e Italia, con mas voluntarismo que determinación para generar una cooperación reforzada permanente entre aquellos países dispuestos a dar pasos más sólidos, aunque eso signifique dejar en el camino a los menos entusiasmados.

Coincidiendo totalmente con el objetivo de dotar a la Unión Europea de una estructura militar robusta, articulada y dotada de unos organismos de planificación, dirección y gestión multilateral, sin embargo discrepo de los objetivos y de los medios que se pretenden imponer. Una defensa europea será creíble cuando los cuatro grandes países europeos dediquen un 2 por ciento de su PIB (Producto Interior Bruto) a la defensa. Cuando los otras 24 naciones entiendan que existe una voluntad política acompañada de los recursos para crear una defensa europea, se adherirán a un proyecto europeísta, con el que seguramente van a sintonizar mas que con los objetivos militares del candidato Trump.

La creación de estructuras militares conjuntas financiadas a cuanto a su equipamiento y sostenimiento por la Agencia Europea de Defensa, en base a aportaciones de los países miembros, es el primer paso. A su vez, es necesario el consenso político entre los europeos, lo que todavía está muy lejos de conseguirse. Cada país tiene su propia percepción de seguridad y difícilmente muchos de ellos van a hacer una dejación de soberanía de esta naturaleza. Estas fuerzas europeas intervendrían en Siria contra el ISIS y en todos los conflictos internacionales, lo que sin duda produce temor en muchos gobiernos que tienen sociedades muy pacifistas, como es el caso de España.

¿Defenderían los países europeos militarmente a Polonia o Bulgaria frente a una invasión de Rusia? ¿Todos lo verían de igual forma? Un paso esencial en este pedregoso camino es que cada uno haga sus deberes de forma independiente. No se puede ser socio del exclusivo club de la seguridad mundial a precio de casino de pueblo y menos con diferentes cuotas de membresía. Europa debería dotarse de un estatuto de defensa común similar a la OTAN y así convertirse en un elemento vital de la Alianza y, en consecuencia, de la defensa de Occidente. Europa esta todavía muy lejos militar y tecnológicamente de ser autónoma en materia de seguridad,

Y, finalmente, debe establecerse una estructura industrial y económica que se fundamente en los intereses colectivos y no en los de algunos países que pretenden liderar los aspectos industriales en Europa. Un mercado más abierto y con menos regulación proporcionará mejores medios para la defensa. Ni la burocracia, ni el proteccionismo son herramientas de seguridad, sino de incertidumbre y división. Veremos si esta nueva y enésima iniciativa llega más allá de donde llegaron las anteriores. La diferencia es que ahora nos están empujando a construir una defensa europea y no podemos permanecer sin dar respuesta a esta necesidad. (Enrique Navarro)


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