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Desmantelan célula del Estado Islamico en Brasil

(defensa.com) El 4 de septiembre, cuando la Policía Militar paulista llegó a una calle del barrio de Pari, en São Paulo, respondiendo a una denuncia de  "posible robo a mano armada", encontró a efectivos especializados de la Policía Federal allanando una residencia muy diferente de otras de la misma vecindad. La propiedad tenía una puerta de hierro bloqueada con 14 cerraduras, cerca eléctrica y contaba con una docena de cámaras de seguridad. La operación estaba autorizada por el Tribunal Federal para investigar a un grupo indagado por  captar ilegalmente y enviar al exterior casi 17 millones de dólares en cinco años y cuyos destinatario era el Estado Islámico (IS).

Los sospechosos formaban una célula especializada en lavado de dinero para apoyar el terrorismo. La célula está controlada por el libanés Firas Allameddin y dos hermanos, también siendo integrada por el egipcio Hesham Eltrabily, requerido por matar a 62 personas en un atentado en 1997 en Luxor, en Egipto. Eltrabily, ha tenido una solicitud de extradición,  denegada por el Tribunal Supremo en 2003, época en la cual Brasil evitó extraditar a terroristas de diversas procedencias bajo el gobierno de Lula. El dinero se obtuvo de  préstamos bancarios a nombre de empresas y personas ficticias, únicos delitos por los que los acusados pueden responder,  porque Brasil aún no tiene leyes antiterroristas. En 2009, Allameddin instó al gobierno brasileño a reconocerlo como un refugiado. Esto tendía a evitar que fuera expulsado o extraditado de Brasil. La solicitud fue rechazada.

Llevada a cabo por la Dirección de Inteligencia de la Policía Federal, la acción fue acompañada por la Embajada de Estados Unidos, desde la sección dirigida por  el FBI. En la mañana de ese viernes, la Embajada de Israel también recibió el informe federal sobre esta acción, en un esfuerzo concertado para rastrear las conexiones del grupo en el extranjero. Es la primera vez que se acomete una acción de este tipo contra un grupo estructurado de terroristas en Brasil.

Según las investigaciones, el grupo de Allameddin se valió de empresas fantasmas y nombres falsos para enviar dinero al Líbano, que provendría, sospecha la Policía, de estafas en  plaza, como  malversación de fondos, cheques sin fondos y préstamos fraudulentos. "Esta red podría usar información falsa para obtener los documentos que facilitasen la creación de nombres de individuos y personas jurídicas 'fantasmas' con el fin de promover la apertura de cuentas, tarjetas de pedidos, comprar las divisas, realizar las remesas y  colocar l valores en efectivo en el extranjero, en violación de la legislación brasileña, lo que llevó a la decisión de autorizar las búsquedas, allanamientos e investigaciones.

Allameddin y sus socios habían adoptado diversos perfiles y tareas compartidas en el envío de dinero a Líbano. Utilizó tres carteras de Contribuyente Fiscal. Su hermano Fadi creó identidades falsas, con una afición por el nombre "Felipe", otro hermano, Toufic, pagó usualmente las tarjetas de crédito con los valores de las coutas superando las facturas para que el excedente se cobrara en el Líbano. También se utilizaron empresas fantasmas. Un cambio de divisa clandestino transfería dinero a un tercer corredor legal, quien remitía al extranjero. La operación era así más difícil de rastrear.

El grupo hacía transferencias de bajo valor, sin la necesidad de una cuenta bancaria. Allameddin hizo alrededor de 300 operaciones en menos de dos años para enviar alrededor de un millón y medio de dólares para el Líbano, representando un envío cada dos días, siempre por debajo de $ 4.000 en forma de  corretaje.  Fueron registrados unos 20 beneficiarios de las transferencias, pero no hay detalles de los mismos, sólo el primer nombre de pila. Según las reglas de la agencia, el límite diario es de $ 1.900 dólares por cliente. Simplemente proporcionando un nombre y una contraseña a cualquier persona, en otro país, se le acreditaba una cantidad en efectivo.

Además de esta operación, la comunidad  de informaciónes fue alertada sobre el trabajo de Marcelo Bulhoes, un miembro de la comunidad musulmana sunita en Brasilia. Este abogado vendió datos  sobre diversos musulmanes, embajadas y agencias de inteligencia, según los investigadores. Su tema preferido era el terrorismo. El caso, sin embargo, se ha enmarcado por parte de los agentes federales solamente como  falsificación de documentos. Eso es porque Bulhões colocaba distintivos falsos simulando carpetas oficiales. La información producida por él traía a luz, según los investigadores, "el perfil característico de simpatizantes, seguidores y operativos  terroristas ". En el informe, la Policía Federal advirtió a las embajadas que tales informes no tenían a ninguna  agencia oficial  brasileña respaldándolos.

Las investigaciones siguen el rastro de determinados delitos financieros en un caso y falsificación de documentos en el  de Bulhoes, a pesar de que las autoridades saben que las sospechas giran alrededor de   actos aún mucho más  peligrosos. Sin embargo, en  Brasil, todavía no es crimen el terrorismo o  apoyarlo, y mucho menos tolerarlo o apologizarlo. Meses atrás, los servicios de inteligencia locales detectaron también ,  que Isis intentaba cooptar , principalmente por Internet, jóvenes extremistas como "lobos solitarios" capaces, aún desconocidos, de hacer ataques aislados e imprevisibles en diversas partes del mundo. El año pasado, la propia presidente Rousseff había escandalizado al mundo solicitando "diálogo" con el Isis/Daesh. Luego, un terrorista brasileño al servicio del Isis había sido capturado en Bulgaria. (Javier Bonilla)


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