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Colombia y la seguridad internacional: exportación de conocimiento contra el Estado Islámico

Por César Augusto Niño González*

El Estado colombiano se ha caracterizado en las últimas décadas por haber refundado en materia estratégica su doctrina y capacidad militar. Se ha puesto en los lugares más sobresalientes en materia de lucha contra el terrorismo y en escenarios asimétricos. En ese sentido, desde el alto gobierno y sectores académicos se empezado a trazar desde hace un par de años, rutas y programas de modelos de exportación de conocimiento pensando en el futuro y proyección estratégica colombiana en un eventual posconflicto. Su zona de cooperación en esta materia no sólo se concentra en los vecinos regionales, su alcance promete ser de carácter global.

Teniendo en cuenta lo anterior, el gobierno de Colombia ha manifestado a Washington y a los aliados de la OTAN que no aportará con hombres al músculo estratégico en la lucha contra el auto denominado Estado Islámico. No obstante, sí ayudará con el entrenamiento de fuerzas contraterroristas.

Un salto cualitativo

El conflicto interno colombiano es un escenario plausible para la reestructuración de capacidades y voluntades de la Fuerza Pública del país. Su dinámica ha permitido que se diseñen, planeen y ejecuten políticas de seguridad que lograron mutar de la contrainsurgencia al contraterrorismo con la acomodación de variables precisas en un salto cualitativo para el planeamiento de la guerra. En ese sentido, la arquitectura en términos de seguridad y defensa en Colombia ha tenido un giro radical pero integral, en la manera de combatir una amenaza asimétrica e irregular como los grupos al margen de la ley y su actividad terrorista.

El diseño estratégico en materia contraterrorista en Colombia ha tenido una evolución sin precedentes en la historia del país. Por un lado, la noción y doctrina de seguridad ha sido asimilada con una visión profesionalizada sobre el deber ser y el rol de las Fuerzas Militares en la seguridad interna del país, así como la dotación estratégica de la Policía Nacional de “militarizarse” y operar de manera combinada con las otras fuerzas. El salto cualitativo en este aspecto recae en el profesionalismo inyectado a la logística, la inteligencia, la interoperabilidad, en la valoración de capacidades, la cultura estratégica, entrenamiento en operaciones especiales, capacitación en Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario y entendimiento del enemigo, su naturaleza, doctrina, relación con el entorno y lo más complejo de todo, comprender que el enemigo encarna una amenaza difusa, gaseosa y asimétrica.

Dicho salto cualitativo, entre lo tradicional en la manera de planear y ejecutar la guerra, a pensar de manera crítica con variables más complejas, responde al conocimiento que las amenazas van mucho más a prisa que las estrategias de los Estados y de los operadores de seguridad. La lucha contra el terrorismo se convirtió en un punto focal y de constante experticia para el Estado colombiano, pues más de sesenta años con el mismo flagelo, que se llamó de distintas maneras a lo largo del desenvolvimiento del conflicto, han sido la caja negra para tomar a Colombia el referente, por lo menos en América Latina, en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y demás amenazas emergentes.

Por otro lado, las necesidades fueron forjando los nuevos diseños y planeamientos para combatir el terrorismo. De ese modo, desde el nivel estratégico se empezó hace aproximadamente quince años a hacer operaciones conjuntas, combinadas y coordinadas entre las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y en ocasiones, operaciones integradas con otras fuerzas de otros países. Así las cosas, este tipo de acciones lograron maximizar beneficios y reducir costos operacionales y tácticos. Integrar las capacidades y dotaciones de del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada ha logrado generar proyecciones multidimensionales ahorrando esfuerzos, minimizando pérdidas y ampliando logros y victorias.

Adicionalmente a lo anterior, se puede sumar una cuarta fuerza a las operaciones tanto en el nivel estratégico como en el operacional y táctico, más precisamente con la Policía Nacional. Colombia ha asignado tareas a comandos, fuerzas de tarea, batallones y unidades especiales, en las cuales convergen conocimientos precisos de las distintas fuerzas junto a la policía. Compartimiento de inteligencia, hombres en tierra, mar y aire, así como canales de comunicación, logística y tecnología. Un insumo complejo pero viable si se piensa en una amenaza como el Estado Islámico.

Lo que exportaría Colombia

Colombia a pesar de encontrarse alejada de las preocupaciones mundiales por su dinámica interna y su complejo conflicto, tiene una serie de elementos, herramientas e instrumentos adaptables como modelos de exportación en la lucha contra el terrorismo. Lo expuesto anteriormente es tan sólo una superficial radiografía del cambio estratégico y doctrinal en el que el Estado se halla inmerso de cara a los problemas no convencionales que lo aquejan.

En ese sentido, Colombia ha aprendido sobre la marcha a enfrentar un enemigo cuasi invisible y altamente destructivo. No obstante, cabe aclarar que en términos conceptuales y de configuración de amenaza la naturaleza del terrorismo del Estado Islámico es distinto al que se ha enfrentado Bogotá.

En ese orden de ideas, es importante mencionar qué elementos o instrumentos en materia de seguridad puede exportar el país para ayudar en la lucha contra el terrorismo, más exactamente contra el Estado Islámico.

El primero de ellos es el entrenamiento en espacios geográficos adversos. En la base militar de Tolemaida ubicada en el Departamento del Tolima, se entrenan los mejores soldados; se capacitan contra toda adversidad fisiológica, climatológica y estratégica los hombres élite del Ejército Nacional (Lanceros). En dicha base, también se preparan hombres escogidos de otras latitudes como los rangers, incluso algunos de los navy seals de importantes operaciones internacionales, otros hombres y mujeres de distintas nacionalidades hacen de la base una plataforma de entrenamiento extremo para formar comandos élite frente a amenazas regulares e irregulares.

El segundo es el conocimiento en desminado. Más de sesenta años han sido necesarios para que las Fuerzas Militares y la Policía Nacional hayan preparado un plan de choque, prevención y respuesta en la detección de minas antipersonales. Dichos artefactos han sido usados tanto en Colombia por los grupos al margen de la ley como en otros países de Centroamérica, África y Asia en la guerra irregular generando pérdidas humanas, mutilaciones e infringiendo cualquier normatividad del Derecho Internacional Humanitario. En este caso Colombia se ha vuelto experta en las operaciones de desminado hasta el punto de ser llamada a ofrecer sus servicios en algunos países de Medio Oriente.

La OTAN se ha convertido en un cliente estratégico al ser el país un generador de recursos y capacidades en la materia. Así las cosas, la coalición internacional del Atlántico Norte puede valerse de este recurso para enfrentar los dispositivos explosivos que han dejado los terroristas del Estado Islámico en los espacios vitales para que pasen las tropas amigas.

El ministro de Defensa colombiano, Juan Carlos Pinzón, y el vicesecretario general de la OTAN, Alexander VershbowComo tercer aspecto, desde Bogotá se ha empezado a tejer una serie de contenidos académicos en entrenamiento y doctrina en la lógica irregular. Así las cosas, desde los centros de educación militar del país, se han empezado a pensar multidimensionalmente en las necesidades del mundo contemporáneo en materia de seguridad y defensa. En estos espacios, la consolidación de encuentros de alto nivel de países potencia en aspectos militares y estratégicos como Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur, Japón, China y Francia con Colombia, y la materialización de programas de educación continuada, foros y seminarios, demuestra que los programas académicos castrenses son de gran interés por la metodología, la asimilación de las nuevas amenazas y el combate de las mismas. En ese sentido, Colombia ha empezado a exportar academia, metodologías y enfoques analíticos contra el terrorismo global y las demás dinámicas.

Los retos y desafíos en materia de seguridad y defensa en Colombia son de gran envergadura. Teniendo en cuenta lo anterior, es importante resaltar la dinámica de reestructuración estratégica en la lucha contra el terrorismo de cara a un eventual proceso de posconflicto. Así las cosas, otro elemento de tipo exportación en este campo es la rapidez operacional y misional de las fuerzas en aras del interés nacional, la capacidad de las fuerzas de reorientar políticas desde le nivel estratégico hasta el operacional y táctico en tiempo record junto con la Policía Nacional. Un servicio adicional que las potencias pueden adquirir para la lucha contra el Estado Islámico entendiendo su naturaleza difusa y camaleónica.

Un quinto elemento, es la asesoría en la implementación de modelos de Policía y Fuerzas Militares. Este recurso es uno en los que Colombia mejor se desempeña. Su experticia en los modelos de policía militarizada y operaciones conjuntas ha llevado a que desde Bogotá se extrapolen los modelos a Centroamérica y México.

El sector defensa colombiano asesora la restructuración de las policías y fuerzas de Honduras, Guatemala, República Dominicana y Panamá. Una dinámica que responde al crimen organizado transnacional, la gestación del narcotráfico, las sensibilidades y vulnerabilidades de la región así como la intención de Colombia de proyectar poder y posicionarse como un líder en la zona. A la OTAN le ha llamado la atención ese tipo de servicios prestados en Centroamérica, pues los integrantes del tratado, no están acostumbrados a lidiar con amenazas asimétricas que atenten contra su seguridad nacional, por eso, en esta ocasión, el conocimiento en este tipo de fenómenos que ostenta Colombia, se convierte hoy en un enlace necesario y estratégico para combatir las amenazas en Medio Oriente.

Como sexto aspecto y teniendo en cuenta la volatilidad e inestabilidad de los países del Medio Oriente y precisamente en donde se ha configurado el Estado Islámico como una amenaza a la seguridad mundial, Colombia cuenta con el conocimiento de gestionar riesgos en asuntos concernientes con las catástrofes naturales, la prevención de conflictos armados y la gestión de crisis en escenarios internacionales. Insumos de vital importancia en el trabajo interagencial e integral de cara a vencer un flagelo como el del terrorismo.

Colombia es un nuevo referente en materia de seguridad, y si bien ha sido un actor alejado de las dinámicas mundiales, es un buen ejemplo de uso de mecanismos convencionales para enfrentar asuntos no convencionales. Una oportunidad perfecta de cara a su inevitable transformación estratégica en la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y las nuevas amenazas que aquejan a todos los Estados por igual. La diferencia radica en la capacidad de respuesta para enfrentar las amenazas, y Colombia promete exportar conocimiento para dotar a los Estados de confianza para aumentar las capacidades en las respuestas.

César Augusto Niño González es Profesor Titular de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales - Universidad Santo Tomás (Colombia).


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