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El Museo del Ejército incorpora un carro de combate ruso T-26 de la época de la Guerra Civil

El Museo del Ejército español, ubicado en Toledo, acaba de añadir al material de su Exposición Permanente un carro de combate T-26B de los años 30, además de un cañón de 75/22 mm. Ya se puede ver en los jardines del Alcázar de Toledo, sede de la principal sede museística del Ejército de Tierra (ET), el carro de combate de fabricación rusa T-26B, además de la citada pieza de artillería.

El carro, que pertenecía a los fondos del propio Museo, ha sido trasladado desde la colección de medios acorazados en el acuartelamiento de El Goloso (Madrid)  sede de la Brigada  “Guadarrama” XII; y antes de exponerse ha sido restaurado y pintado en su color original verde, que usaba cuando sirvió en las filas del Ejército de la Republica española durante la Guerra Civil.

El T-26B fue desarrollado en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a finales de la década de los años veinte del siglo pasado, tomando como modelo el Vickers 6 británico, siendo en su momento uno de los medios más eficaces del mundo.

Estamos ante uno de los primeros carros que combinaba una aceptable protección, buena velocidad, y una potencia de fuego magnifica para la época, ya que montaba en su versión de una torreta un cañón de 37 mm en sus primeras versiones y luego de 45 mm como el que nos ocupa. Como armamento secundario llevaba una ametralladora coaxial DT de 7,62 mm, y a veces otra igual en la parte posterior de la torreta, y/o otra junta la escotilla del jefe en un soporte.

Su producción alcanzó más de 11.000 unidades en sus diferentes versiones. Participó en los incidentes entre soviéticos y japoneses, y ya en la Segunda Guerra Mundial, en operaciones como  la invasión a Polonia por parte de la URSS o la Guerra de Invierno con Finlandia, también sirvió para hacer frente a la invasión alemana a Rusia Occidental en 1941, aunque progresivamente fue sustituido por el más avanzado y mítico T-34.

En lo que se refiere a España, en plena Guerra Civil, los 50 primeros destinados a la República llegaron a España en octubre de 1936, a bordo del mercante ruso Komsomol, siendo el total recibidos a lo largo de la guerra 281. Participó por primera vez en octubre de 1936 en la ofensiva sobre Seseña (Toledo) y posteriormente en las batallas de Jarama (Madrid), Guadalajara, Brunete (Madrid), Teruel, Belchite (Zaragoza) y Ebro (Tarragona).

A lo largo del conflicto se capturaron decenas intactos por parte de las fuerzas nacionales, que utilizaron  a su  vez ampliamente y, finalizada la guerra, un total de 178 recuperados formaron parte de las primeras unidades acorazadas del Ejército de Tierra.

Respecto a la otra nueva pieza, ubicada en el patio de Carlos V del Alcázar, es un cañón 75/22 mm modelo 1941 de la fábrica de Artillería de Trubia (Asturias) que estaba en la base de Agoncillo (La Rioja). Se trata de un sistema de artillería de montaña que podía ser remolcada o transportada a lomo (animales de carga) despiezada.  Estamos ante uno de los ejemplos de cómo se afrontaba la fabricación de armamento en España durante la dura posguerra, en la que se reutilizaba todo el material posible, en este caso se aprovecharon las cureñas de los veteranos obuses de montaña Schneider 105/11 mm de 1919 instalándoles un tubo de 75/22 mm. (Julio Maíz Sanz)

Fotografía: El carro de combate T-26 expuesto en el patio del Museo, al fondo se ve la Academia de Infantería. Foto: Museo del Ejército.


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