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Combate en montaña y clima frío. Una capacidad a preservar en el Ejército Español

La reorganización del Ejército puesta en marcha este año reduce al mínimo las únidades de montaña. La desaparición de la Jefatura de Tropas de Montaña, y la pérdida de la capacidad de combate en montaña y clima extremadamente frío de los regimientos “América” y “Arapiles” que dejan de ser de “cazadores de montaña” para pasar a ser exclusivamente de Infantería Ligera, deja únicamente un batallón especializado en la ciudad de Jaca.

 

 

Da la cara a las montañas, los bosques, las nieves y los hielos,

de forma que queden a la espalda del enemigo.

Convierte el terreno adverso en ventajoso y obtendrás la gloria.

 

Sun Tzu

 

“…formadas por gente robusta y ligera para maniobrar en terrenos difíciles.”

Del origen de las Tropas de Montaña (1645)

“El hombre que me precede ha caído. No es que esté enfermo o agotado. Es simplemente que no está a la altura, todavía no está preparado. Y por ello, precisamente, volverá a caer, se rendirá, se entregará. Esta vez tuvo suerte, el traspiés no resultó fatal, unos centímetros más y el abismo le hubiese atrapado.

El Sargento se ha dado cuenta de la situación y vuelve sobre sus pasos, apenas un par de metros. También yo me aproximo a echar una mano, no queda otra. Entre los dos soltamos su mochila, le ayudamos a incorporarse, comprobamos que todo está correcto, que no hay daños físicos. Apoyándonos sobre el canto inestable de los esquís le aupamos y recuperamos su mochila y su fusil; nos dirigimos a él con palabras de ánimo, sin seguridad de que la ventisca le permita entender. Esa misma ventisca que azota nuestras caras, nuestros cuerpos, que lacera la piel expuesta descuidadamente. El intenso frío que atenaza nuestras manos y nuestra voluntad, esa voluntad que nos obliga a mantenernos activos, a no parar. Ya sabes, en montaña, el que se cansa, se para; el que se para, se duerme; el que se duerme, se muere.

Y vuelvo a pensar que no está preparado. Cada caída irá desgastándole, minará sus fuerzas, su resistencia y su voluntad. Las suyas y las nuestras, porque en la montaña, bajo el frío y la nieve, el individuo cuenta poco. El equipo, la patrulla lo es todo.

Y vuelvo a rogar, Señor no permitas que ahora nos disparen.”

Combate en montañaCada vez que se prepara una misión hay que recordar episodios como este. Porque de eso se trata, de combatir. De la versatilidad, polivalencia y buen hacer de los cazadores de montaña, dan buena prueba sus recientes operaciones en Bosnia-Herzegovina, Albania, Kósovo, Afaganistán, Mali, Somalia.

Es dicho viejo entre militares que la montaña es el mejor campo de instrucción. No sólo porque el aislamiento y la descentralización que el medio impone pone a prueba la responsabilidad, la capacidad de decisión, iniciativa y liderazgo del Jefe hasta el nivel más bajo (¡la patrulla!), sino porque la existencia permanente de riesgo “físico” real y tangible producido por fuerzas incontrolables, exige del combatiente una depurada preparación técnica, una excelente forma física y, especialmente, una moral a prueba de las mayores exigencias. La ausencia de vías de comunicación obliga, además, a una austeridad y economía de medios que siempre han caracterizado a las unidades de montaña y que en el actual escenario económico cobran aún mayor validez. Todo ello en tiempo de paz y en el desarrollo de las actividades habituales de instrucción.

Es también escenario pasado y presente de conflictos. No en vano, la mayor parte de los conflictos se han librado o se están desarrollando en escenarios de montaña o en condiciones de clima extremo. Desde la histórica hazaña de Aníbal y sus cazadores cruzando los Alpes hasta los descalabros de los ejércitos napoleónicos, primero, y alemanes después, lanzándose contra la estepa rusa con escasa preparación y medios. Recordemos también la campaña soviética en Finlandia (1939), el eterno conflicto de Cachemira (1947), las fuerzas de NNUU en Corea (1950), las más recientes operaciones en Malvinas (1982), Bosnia (1992), Kósovo (1999) y, claro está, en Afganistán. Es también escenario de futuro. En los nuevos y previsibles ámbitos de actuación como Mali, Centroáfrica o Sudán, los denominados como rebeldes, insurgentes o milicias hayan refugio y operan desde terreno montañoso. El desafío pues permanece, como permanentes son las montañas.

Las Unidades de Montaña acometen la preparación para el combate organizando y llevando a cabo sus actividades en un ciclo anual, coherente y progresivo, en el que, trimestralmente, se alternan la preparación para la vida, movimiento y combate específico en montaña invernal y estival, con la instrucción y el adiestramiento para el combate propios de la Infantería ligera.

Se trata, fundamentalmente, de actividades y ejercicios de adaptación al medio, practicando las exigentes técnicas de supervivencia, movimiento y combate, en las que el axioma de que “quien es capaz de luchar y sobrevivir en las extremas condiciones de la alta montaña invernal, es capaz de combatir en cualquier parte del mundo”, se manifiesta con todo su vigor, crudeza y realidad. Esta es la mejor preparación que las unidades de cazadores de montaña pueden ofrecer a sus hombres para garantizarles que se enfrentarán al combate en las mejores condiciones.

Las capacidades de las unidades de montaña no son sino el máximo exponente de la polivalencia que hoy en día demanda la organización del Ejército. Infantería ligera con un añadido: montaña. Nada más se necesita. Los materiales, el equipo, los vehículos no hacen sino facilitar el cumplimiento de la misión. Lo que verdaderamente capacita a la Infantería ligera de montaña es su preparación continua en el medio montañoso.

Porque la instrucción de las unidades de montaña, al pie de los Pirineos, empieza en la “puerta del acuartelamiento” . Porque una vez que ésta se cruza, se comienza a asumir riesgos reales que, mal gestionados, pueden entrañar graves consecuencias para la unidad. El riesgo, la responsabilidad, la soledad, la iniciativa, el liderazgo son características que forman parte del día a día de las unidades de montaña y no sólo unas líneas escritas en un reglamento o propósitos de un programa de instrucción. La capacidad de actuar en medio tan exigente no se alcanzará nunca en un simulador ni en ningún ejercicio de liderazgo. Se consigue porque el cazador está acostumbrado a ello, a enfrentarse a la decisión del día a día. A vivir, moverse y combatir en montaña, con todo lo necesario a cuestas.

 


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