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Así llegaron hace 30 años los primeros EF-18 al Ejército del Aire

Sobre las 19:00 horas del día 10 de julio de 1986, el comandante Vieira y los capitanes Arnáiz, Demaría y Rosella observan desde sus cabinas la expectación generada en el parking. Los pilotos norteamericanos Bardorf, Fraser, Knisch y Durda de la Navy y los Marines, cortan los motores de los cuatro primero EF-18 del Ejército del Aire. Números de cola 01, 02, 03 y 04.

 

El ministro de Defensa Narcís Serra, el Jefe de Estado Mayor del Aire, teniente general Santos Peralba, el jefe del Mando Aéreo de Combate, teniente general Sánchez Arjona, el jefe del Programa FACA, general Azqueta, coronel Valderas y el primer coronel del Ala 15, coronel Ostos, junto al resto de invitados y familiares contemplan orgullosos el momento.

Todos son conscientes que están viviendo un hito importante en la corta historia del Ejército del Aire. Saben que en el futuro se hablará de este momento. Saben que es la culminación de un camino que se inició en enero del 78 con un programa desconocido hasta entonces, el programa FACA o Futuro Avión de Combate y Ataque y el principio de otro no menos exigente y motivado. Saben que aquello cambiaría al Ejército del Aire, en particular y a las Fuerzas Armadas en general. Están convencidos que España entraba en la vanguardia de las fuerzas aéreas de nuestro entorno y que pronto podríamos desplegar nuestra bandera con aviones de combate en operaciones aéreas en cualquier zona de conflicto. Sabiendo que nuestra incipiente industria nacional de defensa crecería, impulsado por el espíritu innovador que siempre ha caracterizado al Ejército del Aire.

Los ocho pilotos descienden de los aviones. Les esperan sus mecánicos, también pioneros: Escalona, Casado, Gabasa, Orive, Zarantón, Chiner, García, Calzón, López de Cózar, Santandreu y Benito… Porque también ellos son parte de la misma historia, del mismo equipo.

“Sin novedad”, se dicen unos a los otros. Se dan un apretón de manos y se acercan a las autoridades. Es un ritual de saludos, de encuentros y de protocolo militar

La salida de Saint Louis

La formación RETRO 21 había despegado de Saint Louis a las cuatro de la mañana de aquel día de verano, a orillas del Mississipi, ssede de McDonnell Aircraft y donde nacieron los primeros F18 con la particular Cruz de San Andrés.

Despegue en fromación “TRAIL”, dos millas de distancia entre ellos, blocaje radar y ascenso hasta los 29000 pies. Detrás de los cuatro primeros despega el reserva en vuelo, un quinto monoplaza listo para ocupar puesto en formación por si algún titular fallaba. El capitán Azqueta mantuvo hasta el último minuto la esperanza de llegar a suelo patrio con RETRO 21, con sus compañeros, con los mismos que empezó el primer curso de instructores de EF-18 meses antes.

La aventura americana

Ninguno de los cinco olvidará la Patrona de 1985. Ese día embarcaron en un DC-10 de Iberia rumbo a Estados Unidos para iniciar una aventura a la que cualquier aviador aspira a vivir.

La familiarización con el F-18 en el duro invierno de Saint Louis, un nuevo avión pero también una nueva forma de estudiar los sistemas, libros y pantallas de ordenador, checklist de papel y software avanzado, una primera señal de que algo nuevo estaba por llegar. También prácticas de supervivencia en agua, preparación física y mental del reto que iba a suponer, meses más tarde, el cruce del Atlántico, el primero realizado por un avión de caza español.

El simulador de vuelo, un nuevo concepto de entrenamiento antes de subirse al avión, una forma práctica de comprobar la versatilidad del F-18, pero también de familiarizarse con la nueva forma de volar: el famoso concepto HOTAS, el goteo interminable de datos en las características pantallas del avión, el HUD, los DDIs, los mandos de vuelo Fly by Wire… Una terminología que con el tiempo se ha adueñado de conversaciones de pilotos, mecánicos, ingenieros, pero que en aquellos días obligó a todos a adaptarse rápidamente a las nuevas prestaciones de una cabina “digitalizada”.

En marzo del 86 los pilotos españoles se enfrentaron por primera vez en vuelo a las características del nuevo caza. Llegaron los primeros vuelos, las primeras experiencias, las primeras alegrías y llegaron también las necesarias comparaciones con el Mirage F1, con el F5 o con el Phantom.

Los cinco pilotos están orgullosos de su experiencia anterior, de sus orígenes, pero sorprendidos con la nueva forma de combatir: “¿Un looping a 250 nudos desde 20000 pies y ganando altura?”. Los compañeros con menos suerte preguntan al verles llegar, “eso no puede ser…eso lo quiero ver yo….”

Todo el Ejército del Aire empezaría pronto a reconocer la validez del programa FACA, el éxito de aquel equipo de militares, fieles al espíritu innovador que recordaba al de los pioneros de la aviación española.Con la primavera del 86 llegaron los vuelos tácticos con el 106 VFA de la Marina en Cecil Field, Jackson Ville (Florida). Una nueva forma de combatir en el aire, radar más preciso, procedimientos más complejos, ataques al suelo más versátiles.

Y a los cinco primeros pilotos le siguieron otros tantos: el comandante Beca y los capitanes Pinillos, Rincón, Castresana y Fajardo, cinco familias más que se incorporaron a la aventura americana, con las mismas ilusiones y con la misma ansiedad por descubrir el nuevo caza.

En ruta hacia España

Volvamos a Saint Louis, 4.080 millas era la distancia que marcaban los inerciales en la puesta en marcha. Poco más de ocho horas de vuelo y hasta ocho reabastecimientos en vuelo que suministrarían 146.000 libras de combustible.

Los cinco aviones se reúnen poco después del despegue de la base con su primer avión cisterna, un KC-10 con indicativo WHITE 11. La formación tiene previsto volar sobre el paralelo 42º Norte hasta su entrada en territorio nacional por Santiago de Compostela…

A las seis de la mañana de aquel 10 de julio, la formación RETRO-21 y su KC-10 abandonan Estados Unidos por las proximidades de la ciudad de Boston. Los cinco aviones se asoman a la inmensidad del océano con la mirada absorta en el amanecer de un nuevo día. Una imagen imborrable en la memoria de aquellos pilotos. Una imagen que más aviadores del Ejército del Aire contemplan desde entonces en otros ejercicios, en otras operaciones, en otros vuelos.

A pesar de la distancia, el contador pasa rápido, las millas decrecen, los puntos de reabastecimiento se van cumpliendo escrupulosamente y el trabajo en cabina no deja tiempo a pensar en otra cosa que no sea el vuelo.

En aguas ya europeas, RETRO 21 se encuentra con su segundo cisterna, otro KC-10 norteamericano con indicativo GREEN 31 que les acompaña, éste sí, hasta suelo español.

A las seis horas de vuelo el viento se convierte en cómplice inesperado de la efeméride que se estaba viviendo y empuja a los cuatro F18 a alcanzar espacio aéreo español una hora antes de lo previsto.

Y sin estar previsto tampoco, aparece en el horizonte, un comité de recepción de lujo, la silueta inconfundible de una formación de cazas del Ejército del Aire: F1 de Albacete, Mirage III de Valencia y F-4 Phantom de Torrejón, escoltan a la nueva perla de la corona hasta su aterrizaje en la Base de Zaragoza.

Descenso pausado, parece lento, todo pasa a cámara lenta. Reunión a pocas millas de Zaragoza. Formación cerrada, inicial de RETRO-21: “Gear Down and Lock for full stop landing”.

“RETRO TWO-ONE, Zaragoza Tower, Clear to Land…bienvenidos a casa…”. El sargento Sierra autoriza a la formación para toma final.

Misión cumplida

Los cuatro pilotos saben que están viviendo un momento histórico, su éxito es el resultado del esfuerzo de todo un equipo de profesionales, el compromiso de todo un Ejército para ser cada día mejores, la motivación por volar y conjugar tradición y modernidad.

Hoy igual que entonces, el sueño de volar y el amor a España son la fuente de inspiración, que buscan llegar más alto, más lejos, más rápido y cumplir mejor su misión de servicio a la Patria.

 

Fuente: Ejército del Aire

 

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