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XXV cumbre de la OTAN: Rusia y el riesgo analógico

«Nosotros, los jefes de Estado y Gobierno de los países miembros de la Alianza Atlántica, nos hemos reunido en Gales en un momento crucial para la seguridad Euro-Atlántica. Las acciones agresivas de Rusia contra Ucrania constituyen un reto para nuestra visión de una Europa íntegra, libre y en paz». Así comenzaba la declaración final de la XXIV cumbre de la OTAN(1). En este mismo documento y un poco más adelante se decía lo siguiente: «La ocupación ilegal de Crimea y la intervención militar rusa en el Este de Ucrania ha generado una legítima preocupación en algunos socios de la OTAN de Europa del Este».

Los socios a los que sin duda se refiere este párrafo no son otros que los estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania). ¿De dónde viene tal preocupación? Dar respuesta a esta pregunta es el objeto del presente artículo. Riesgo analógico es una expresión que, a modo de licencia literaria, emplearemos para tratar de explicar porqué la situación en Ucrania ha generado tanta inquietud en los estados bálticos. La analogía es, según el diccionario de la Real Academia Española la relación de semejanza entre cosas distintas (acepción 1) o también el razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes (2). Sobre esta base, nuestro objetivo será analizar si realmente existen suficientes analogías entre Ucrania y los estados bálticos como para justificar la ya citada legítima preocupación que recogía la declaración final de la cumbre de Gales.

Foto: El mundo en Guerra Fría (1980): En tonos de rojo los aliados de la URSS y otros países comunistas y en azul los de la OTAN. Los puntos rojos significan guerrillas comunistas y los azules anticomunistas.

Para ello seguiremos el siguiente esquema: en primer lugar recordaremos la historia de las tensas relaciones entre Rusia y la OTAN, a continuación repasaremos lo sucedido en Ucrania (con especial atención a estos últimos tres años), en tercer lugar estudiaremos las posibles analogías (Ucrania/estados bálticos), nuestro cuarto apartado versará sobre la reacción de la OTAN y, finalmente,  enunciaremos nuestras conclusiones.

Rusia y la OTAN

Durante la Guerra Fría, los países europeos al Este del telón de acero habían sufrido un sinfín de injerencias e imposiciones dictadas desde Moscú, incluida la cuasi forzada constitución del Pacto de Varsovia, alianza militar diseñada como contrapunto a la OTAN. La mayoría de estos países, e incluso algunas antiguas repúblicas soviéticas, aprovecharon la desintegración de URSS para acercarse a occidente y unirse a la Alianza Atlántica(2). Así, a partir de 1999, la OTAN ha ido avanzando hacia el Este (Mapa 1), hasta alcanzar la propia frontera rusa.  

Foto: Fuerzas eslovenas desembarcadas del blindado SISU XA-188 de fabricación finlandesa, también conocido como “Patria Pasi” en el "Trident Juncture 2015" (foto DECET).

Desaparecida la URSS, y tras el periodo transitorio de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), apareció una Rusia que se sintió incomoda y en cierto modo humillada por esta ampliación de la OTAN que, con sus nuevas incorporaciones, se extendía a través de Polonia y los estados bálticos hasta sus mismísimas fronteras. En aquella primera etapa postsoviética, los problemas de Rusia eran tan enormes como sus territorios y, así, su propia debilidad le obligaba a no alzar la voz en demasía. Cuando, en el año 2000, Vladimir Putin se asentó en el poder llevando las riendas del país (ora como presidente de la Federación, ora de su Gobierno), Rusia inició un proceso de recuperación, que le ha devuelto poco a poco a la primera línea de la política internacional.

El 3 de abril de 2008, en la cumbre de la OTAN de Bucarest, el propio Putin dejó claro que una nueva ampliación de la Alianza que incluyese Ucrania o Georgia sería interpretada como un acto hostil casus belli. Aparte de las declaraciones, desde que llegó al poder, Rusia ha dado muestras de su determinación con acciones –unas veces encubiertas y otras muy abiertas– sobre los países más próximos a sus fronteras: ciberataques a Estonia (2007) o Georgia (2008), intervención a favor de los secesionistas de Osetia del Sur (2008) y más recientemente en Ucrania (2014) y Siria (2015). Todas estas acciones, y muy en particular la evolución del conflicto ucraniano, han hecho revivir un enfrentamiento entre Rusia y Occidente que, en algún momento, llegó a parecer superado y que ahora nos hace recordar episodios pasados de la Guerra Fría, cuando un invisible pero impenetrable telón de acero separaba a dos bloques antagónicos, cuyo equilibrio se sustentaba en la disuasión nuclear.

Ucrania y la OTAN

La declaración final de la cumbre de Gales dedica varias páginas a condenar la política intervencionista rusa en Ucrania: Las agresivas acciones de Rusia contra Ucrania son percibidas como un desafío fundamental para preservar nuestro concepto de una Europa integra, estable y en paz(3). Este conflicto parece haberse convertido en la gota que colmó el vaso para reabrir un frente que hasta no hace mucho parecía bastante tranquilo. Por ello, antes de seguir adelante, merece la pena recordar algunos de los aspectos más relevantes de la situación ucraniana.

Foto: Resultados de las elecciones de 2010.

Ucrania ha sido a lo largo de la historia un territorio de frontera (de ahí su nombre(4)), escenario de un sinfín de fricciones, enfrentamientos y batallas. El resultado de los múltiples y repetitivos conflictos vino decidiendo la soberanía sobre unos dominios que han cambiado de manos con no poca frecuencia y sobre el trazado de unas discutidas y cambiantes fronteras. Sin realizar un análisis histórico pormenorizado, asunto que excedería con mucho el propósito de este artículo, podemos afirmar que las regiones más occidentales de la actual Ucrania siempre se sintieron próximas a las potencias centroeuropeas, mientras que las orientales han permanecido en la órbita rusa. Esta división se ha perpetuado a lo largo de la historia y podría explicar la actual división del propio país y, por extensión, la de la comunidad internacional.

Centrándonos en los acontecimientos más recientes, podemos constatar que esta historia de división y enfrentamiento se sigue repitiendo y mantiene su curso sin grandes novedades. Tras la desintegración de la URSS, Ucrania alcanzó su independencia y desde entonces el país se ha caracterizado por la división de su sociedad, la debilidad de sus gobiernos y una permanente inestabilidad institucional, propiciada por una clase política muy polarizada: nacionalistas ucranianos partidarios de la aproximación a Occidente (Partido Patria) frente a rusófilos afines a Moscú (Partido de las Regiones). El  principio del fin comenzó a gestarse en las elecciones de 2010 (Mapa 2) que otorgaron la presidencia a Victor Yanukovich (Partido de las Regiones).

El presidente prorruso paralizó las iniciativas de aproximación a la OTAN y la UE y, a finales de 2013, el conflicto estalló en Kiev con el denominado Euromaidan. Las protestas sufrieron una violenta escalada y, a principios de 2014, la capital ucraniana se había convertido en un lugar poco seguro para los partidarios de Moscú. En tales circunstancias, Yanukovitch decidió que lo mejor era poner tierra de por medio y desaparecer de tan peligroso escenario. El 22 de febrero de 2014, el Parlamento anunció la destitución del desaparecido presidente y la convocatoria de elecciones para el 25 de mayo. A la vista de las perspectivas, las regiones del Sur y del Este, de mayoría rusa, comenzaron a movilizarse. El 11 de marzo, Crimea declaró su independencia y cinco días después se celebró un referéndum sobre la posible integración en la Federación Rusa. La inmensa mayoría de los habitantes de Crimea son de origen ruso (más del 90 por ciento)  por lo que el si a la unión con Rusia obtuvo un respaldo aplastante (casi el 97 por ciento de los votos). Ésta, se formalizó el 18 de marzo mediante un tratado de adhesión.

Foto: Guerra en Dombass: BMP 1-P ucraniano armado con cañón GROM 2A28 de 73 mm. y misil anticarro 9K111 "Fagot" en marzo de 2015 (foto flickr.com).

Paralelamente, las fuerzas rusas estacionadas en la península –que habían sido convenientemente reforzadas– iban tomando, apoyadas por milicias locales, las bases y acuartelamientos del Ejército ucraniano. Hay que señalar que estas acciones tuvieron lugar de una forma relativamente pacífica, ya que la mayor parte de las veces los militares, de origen ruso aunque con uniforme ucraniano, se unían de buena gana a los rebeldes. Como quiera que las cosas no iban nada bien para los intereses ucranianos, el 24 de marzo, Kiev decidió retirar todas sus tropas de Crimea, aunque por aquellas fechas la mayoría, comenzando por el jefe de la Armada ucraniana, ya se habían pasado(5). Mientras tanto, en medio del desgobierno, las provincias de mayoría rusa del Dombass (zona fronteriza con Rusia, en el extremo oriental de Ucrania), aprovecharon el momento para declararse independientes: República Popular de Donetsk (RPD), el 7 de abril, y República Popular de Luhansk (RPL), un día después. Un poco más tarde, el 24 de mayo –víspera de la celebración de las elecciones a la Presidencia–, las dos recién nacidas repúblicas  (RPD y RPL) constituyeron la Unión de Repúblicas Populares de Nueva Rusia(6) (URPNR), con la evidente intención y  aspiración de seguir el ejemplo de Crimea (Mapa 3).

Las elecciones, celebradas el 25 de mayo 2014, dieron como vencedor a Petro Poroshenko (pro-occidental), pero la crisis seguía su propio curso con la virtual desintegración del país. El 7 de junio, en su toma de posesión, afirmó que Crimea ha sido, es y será siempre parte de Ucrania(7), sin embargo Crimea forma ya parte de la Federación Rusa y, a pesar de lo dicho por el presidente ucraniano, parece improbable que se vaya a revertir el statu quo. Mientras tanto, en el Dombass estalló una guerra civil a nivel local y la URPNR vive desde entonces en una situación de independencia de facto, que, de prolongarse, podría desembocar en otro caso Kosovo. 

La comunidad internacional ha adoptado algunas medidas, tanto para presionar a Moscú como para buscar una salida pacífica. Las sanciones comerciales sin duda están afectando a la economía rusa, pero no en la medida esperada y, en cierto modo, están resultando contraproducentes, ya que han fomentado el ultranacionalismo ruso y el apoyo a Putin. En materia diplomática también se realizan esfuerzos para buscar una solución negociada. La Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), primero, y el denominado Cuarteto de Normandía(8), después, han propiciado la firma de los acuerdos de Minsk(9). Sobre el terreno puede constatarse una cierta mejoría y el conflicto se ha suavizado, aunque se producen frecuentes rupturas de la débil tregua que perpetúan la desconfianza y mutuas acusaciones. Sin embargo, parece que los acuerdos están condenados al fracaso, pues cada parte tiene muy claras sus aspiraciones y animadversiones y, de momento, no hay ni remotos indicios de una verdadera voluntad de reconciliación.

Analogías

Como  ya se ha dicho, hay algunos miembros de la OTAN, los de la Europa más oriental, que vienen expresando su intranquilidad ante la agresiva política exterior rusa. Pero, sin duda, los que han de albergar una mayor preocupación son Estonia, Letonia y Lituania, ya que existen ciertas circunstancias que podrían propiciar la repetición en sus territorios de lo acontecido en Ucrania. Veamos a continuación cuales son estas analogías, que clasificaremos en tres categorías: históricas, sociales y políticas.

a) Analogías históricas: el yugo ruso

Antes del siglo XX, las regiones donde se asientan la actual Ucrania y las repúblicas bálticas han sido perenne escenario de disputas entre los imperios centroeuropeos y el ruso, cambiando de manos y dominio en numerosas ocasiones. En este marco compartido de histórica conflictividad, el nacimiento de los estados que hoy conocemos tiene también un origen común: la I Guerra Mundial. Así, en 1917 surgió la República Popular Ucraniana y en 1918 las de Estonia, Letonia y Lituania. Sin embargo, los recién nacidos vinieron al mundo con un mismo destino: ser engullidos por la Unión Soviética. Ucrania casi de inmediato, en 1922, y las repúblicas bálticas unos años más tarde, en 1940, como consecuencia directa del pacto Molotov-Ribenntrop.

Foto: Nueva Rusia y Crimea, territorios arrebatados a los turcos e incorporados al Imperio Ruso en el Siglo XVII.

La animadversión hacía los ruso-soviéticos volvió a aflorar con violencia en la II Guerra Mundial. Cuando en 1941 los alemanes lanzaron la operación Barbarroja e invadieron la Unión Soviética, ucranianos, lituanos, letones y estonios dieron, en su mayoría, la bienvenida a las fuerzas del Eje, que, más que como invasoras, fueron recibidas como libertadoras. De hecho, tanto en las repúblicas bálticas, como en Ucrania, se registró un alto nivel de colaboracionismo. Una gran cantidad de jóvenes no dudaron en alistarse en las unidades de policía auxiliar conocidas como Schutzmannschaft, cuya principal misión era la lucha contraguerrillas en los territorios que los alemanes, en su avance, iban dejando a retaguardia. Estas unidades lucharon a muerte contra los partisanos soviéticos, que se convirtieron en propicio objeto donde saciar su sed de venganza.

En enero de 1943, el VI Ejército de la Wehrmacht fue cercado y aniquilado en Stalingrado y la guerra dio un giro radical. A partir de entonces los alemanes comenzaron a replegarse en todos los frentes. Incluso en estas circunstancias adversas un gran número de ucranianos y bálticos siguieron combatiendo junto a los germanos, más por odio y temor al régimen de Stalin, que por lealtad al Reich de Hitler. A parir de 1943, muchos de los miembros de la Schutzmannschaft se alistaron en las Waffen SS, las más celebres y fanáticas unidades de la Alemania nazi. Este hecho resulta bastante significativo, ya que esta era la primera ocasión en que personal no germánico se admitía en unas unidades extremadamente elitistas, hasta entonces reservadas exclusivamente a gente con certificado de pureza aria.

Christopher Ailsby, en su obra Waffen SS, la guardia negra de Hitler en la guerra, nos ofrece el siguiente relato: Hitler quiso preservar el carácter exclusivo de las SS hasta que sobrevino el desastre de Stalingrado (…). Hubo un reclutamiento paralelo que se hizo para cubrir las bajas en las unidades Reichdeutsch (de nacionalidad alemana), que fue la creación de las SS del Este. (…) Los estados bálticos fueron los primeros en ofrecer reclutas (…) Los bálticos podían alegar un cierto matiz de sangre nórdica; (…) [Sin embargo] según la ideología nazi, los ucranianos estaban clasificados como infrahumanos. No obstante, este hecho se pasó por alto a causa de su anticomunismo feroz: a la llamada a las armas que hizo Himmler en abril de 1943 respondieron unos 100.000(10).

En total, y gracias a estos voluntarios –bálticos y ucranianos– se constituyeron cuatro nuevas divisiones de las SS –la 14 SS– Freiwilligen Division Galizien con ucranianos, la 15 Waffen-Grenadier-Division der SS Lettische 1 y la 19 Waffen-Grenadier-Division der SS Lettische 2 con letones y la 20 Waffen-Grenadier-Division der SS Estnische 1 con estonios. A pesar de los reveses, estas unidades combatieron junto a los alemanes hasta el final de la guerra. Sin esperar a que acabase el conflicto y, a medida que el Ejército rojo avanzaba hacia el Este, el Kremlin comenzó a aplicar duras políticas punitivas a la población de los territorios reconquistados.

Stalin había deportado a varias nacionalidades caucásicas a la inhóspita Kazajstán entre 1943 y 1944, arrestando a las distintas élites de Estonia, Letonia y Lituania cuando volvió a anexionarse esos estados en 1944. Las víctimas fueron fusiladas, arrojadas al Gulag o expulsadas a asentamientos en Siberia(11). Tras la derrota del Eje en 1945, las repúblicas rebeldes volvieron a la disciplina soviética, donde les esperaba un severo correctivo por su colaboración con el invasor. Los que habían luchado junto a los alemanes fueron directamente ejecutados como traidores; y los sospechosos y sus familias declarados enemigos del pueblo y en un gran número deportados a Siberia y otras regiones de naturaleza hostil. Con la adopción de estas medidas, Stalin pretendía y conseguía rusificar aquellos territorios que habían mostrado más rebeldía y beligerancia contra el poder de Moscú.

b) Analogías sociales: división y enfrentamiento.

En este apartado procederemos a identificar los elementos comunes que pueden apreciarse en las estructuras sociales y composición de la población de estos países. Sobre la base de los datos(12) recopilados a través de los estudios sobre el uso del idioma como lengua materna, trataremos de efectuar algunas inferencias que nos permitan hacernos una idea de la distribución demográfica de cada uno de los estados objeto de análisis. En Ucrania (estudio de 2001) el 67,5 por ciento hablaba ucraniano como lengua madre, el 29,6 ruso y el 2,9 restante otras lenguas. Además, se da la circunstancia de que los rusos se concentran en la zona oriental, cerca de la frontera con la Federación Rusa (Mapa 4) constituyendo mayoría a nivel local. Una situación análoga se repite en dos de los tres países bálticos: Estonia y Letonia. En Estonia (2011) la distribución de la población era la siguiente: estonios alrededor del 68,5 por ciento, rusos sobre el 29,6 y otras minorías el 1,3. En Letonia (2011), la situación era bastante similar, los letones representaban el 56,3, los rusos el 33,8 y otros grupos el 9,9.

Foto: Un equipo de reconocimiento esloveno a bordo de un  vehículo todo terreno Mercedes Benz Clase G de origen alemán en el "Trident Juncture 2015" (foto DECET).

Pero, además, al igual que en Ucrania, la distribución no es homogénea. La población rusa se encuentra concentrada en algunas regiones donde, en determinadas áreas y ciudades, representan el grupo mayoritario. Así, al Este de Estonia –en la frontera con Rusia– se encuentra la provincia de Ida-Virun, la segunda más importante en cuanto a población, donde el 73 por ciento de los habitantes son de origen ruso, mientras que el porcentaje de estonios no llega al 20. En Letonia la situación es análoga y en la zona suroriental –junto a la frontera–, en las ciudades de Dugavpils y Rezekne y sus áreas más próximas, el porcentaje de rusos es mayor que el de letones. En Lituania (2011) el problema es mucho menor, ya que la minoría rusa apenas representa un 8 por ciento del total de la población (Mapa 5). Tanto en Ucrania como en los estados bálticos (especialmente en Estonia y Letonia) se da la circunstancia de que los distintos grupos étnicos conforman bandos irreconciliables, que sienten una recíproca y muy sincera animadversión.

c) Analogías políticas: la insuperable polarización

En relación con este asunto hay que comenzar señalando que la extrema polarización de las posiciones políticas es el fruto, casi lógico, de las ya expuestas rivalidades históricas y división socio-demográfica. La ancestral conflictividad y, más en concreto, el muy convulso Siglo XX (con las dos guerras mundiales y la dura etapa del régimen de los soviets) han cimentado una profunda y muy sincera enemistad entre rusos y ucranianos y entre rusos y bálticos. Pero, además, se viene constatando que todas las facciones, lejos de adoptar medidas conciliatorias, se prodigan en provocaciones y acciones para exaltar y explotar atávicos sentimientos y primarias pasiones.

En el año 2007 los tres Estados Bálticos emprendieron una campaña para retirar los monumentos que la Unión Soviética había colocado en homenaje a las decenas de miles de soldados rusos que perecieron en aquellas tierras. La remoción de estos monumentos fue considerada una provocación por la población rusa y dio origen a importantes disturbios y a una crisis diplomática en toda regla. El suceso más conocido tuvo lugar en abril de 2007, cuando el Gobierno estonio ordenó la retirada del denominado Monumento a los libertadores de Tallin (una estatua en bronce de un soldado soviético) y la exhumación y traslado de los soldados rusos enterrados en el mausoleo anejo. Este asunto dio origen a graves enfrentamientos en la capital, que se saldaron con un muerto y alrededor de cincuenta heridos. Posteriormente, durante el mes de mayo, las principales instituciones, medios de comunicación e incluso empresas privadas fueron objeto de un masivo ciberataque, que, por su novedad y potencia, causó una honda preocupación en los países occidentales. La Unión Europea y la OTAN ven con alarma los ciberataques sufridos en las últimas semanas por Estonia en represalia por el traslado en Tallin del monumento a los soldados soviéticos caídos durante la II Guerra Mundial(13).

Otro ejemplo muy significativo y un tanto sorprendente es el homenaje que con carácter anual se ofrece a aquellos voluntarios que combatieron junto a la Alemania nazi, que son presentados como héroes de la patria frente al opresor ruso-soviético. Cada estado tiene su propia celebración en recuerdo de sus respectivas divisiones de las Waffen SS: en algunos lugares de Ucrania se festeja cada 27 de abril el aniversario de la creación de la 14 Division SS Galizien; en Estonia, la última semana de julio, se celebra la conmemoración de la batalla de Narva(14) en la que la 20ª División de las SS (1ª Estonia) luchó hasta el límite intentando frenar el avance ruso; y en Letonia se hace lo propio el 16 de marzo para conmemorar la batalla del río Velikaya(15), donde, por primera vez, las dos divisiones letonas de las SS (15 y 19) combatieron juntas tratando de detener a los ejércitos soviéticos que se dirigían hacía su patria. Moscú considera estas celebraciones una intolerable provocación, tanto que el asunto acabó hace algunos meses en la ONU. Así, el pasado mes de noviembre la Asamblea General aprobó una resolución(16), de la cual hemos traído algunas líneas (Cuadro 1). Ucrania votó en contra y los estados bálticos –aunque probablemente lo hubiesen hecho en el mismo sentido– tuvieron, como miembros de la Unión Europea, que conformarse con una prudente abstención. En cualquier caso, tanto en Ucrania como en los países bálticos, se siguen celebrando los homenajes, con el beneplácito, más o menos declarado, de las respectivas autoridades.

En este contexto de tensión y provocación, los gobiernos, en vez de apaciguar los ánimos, echan más leña al fuego. Desde el Kremlin se emplean todo tipo de herramientas para desestabilizar a sus vecinos (desinformación, fomento de la subversión, acciones especulativas de carácter económico, ciberataques…). Por su parte, las administraciones de Ucrania y de los países bálticos vienen, desde su independencia de la URSS, tomándose una especie de revancha, adoptando medidas discriminatorias (limitación del derecho al voto o el acceso a determinados puestos, políticas educativas y lingüísticas…) y aumentando la presión sobre una cada vez más descontenta población rusa (lo que a su vez ofrece una inestimable excusa a Moscú para justificar ante su pueblo una intervención en favor de sus maltratadas minorías).

Con estas perspectivas históricas, sociodemográficas y políticas, a nadie debe sorprender que lo sucedido en Ucrania haya hecho saltar las alarmas en las repúblicas bálticas y, por osmosis, en Polonia (conviene recordar que también tiene frontera con Rusia a través del enclave de Kaliningrado(17)). Efectivamente, la hipótesis más peligrosa (no sabemos si la más probable dentro de unos años) es que el precedente de Ucrania se repitiese en Estonia y Letonia. La provincia de Ida-Virun podría convertirse en una segunda Crimea, mientras que los rusos del Sureste de Letonia quizás se animarían a seguir el ejemplo de los rusos del Sureste de Ucrania (Dombass).

La reacción de la OTAN

La preocupación por lo sucedido en Ucrania y las presiones de los miembros más afectados ha llevado a la Alianza Atlántica a adoptar algunas medidas, cuyo principal objetivo es lanzar señales de advertencia a la Federación Rusa. En este contexto, en Gales se acordó el incremento de las capacidades de la NRF(18) para responder a los riesgos que provienen de Rusia, incremento de capacidades que se materializa básicamente en la constitución y potenciación de la denominada fuerza VJTF(19). Para dejar constancia de que la cosa iba en serio se  programaron dos ejercicios con la finalidad de mostrar sobre el terreno la entidad y potencia de la VJTF.

Foto: Prácticas de desembarco anfibio en las costas portuguesas  (foto flickr.com).

La primera demostración de fuerza, el ejercicio Trident Juncture, tuvo lugar entre el 3 de octubre y el 6 de noviembre de 2015. Reunió a más 30.000 efectivos pertenecientes a los 28 países de la Alianza Atlántica y a otros 7 que tomaron parte como invitados: Australia, Austria, Bosnia-Herzegovina, Finlandia, Macedonia (FYROM(20)), Suecia y Ucrania. La gran mayoría de las unidades se desplegaron en España, aunque también las hubo que lo hicieron en Portugal e Italia. Oficialmente la finalidad del ejercicio era la certificación de las capacidades de la Fuerza de Respuesta de 2016 y de alguno de los elementos que la componen. El objetivo es demostrar nuestra disponibilidad para reunir fuerzas a disposición de un mando conjunto, con el fin de satisfacer una serie de necesidades en diferentes escenarios(21). Adaptado al contexto podría traducirse en cómo mostrar músculo ante una Rusia que viene revelándose muy activa y briosa.

El segundo aviso tuvo lugar muy recientemente, en mayo y junio pasados. El formato fue el mismo, pero el escenario se trasladó bastante más al Este, a Polonia. En esta ocasión el ejercicio se ejecutó en dos fases: proyección y maniobra. La primera, denominada Brilliant Jump (entre 17 y  26 de mayo), tenía por objeto dejar clara la voluntad y capacidad de proyección de la OTAN, certificando que la VJTF, puede, en pocos días, acudir en apoyo de sus socios más orientales. En la segunda fase, Anakonda (entre el 7 y 17 de junio), se reunieron más de 31.000 efectivos pertenecientes a 24 países. El objetivo no fue otro que el ya citado de mostrar músculo en la propia frontera rusa. Resulta evidente que ni el escenario ni la fecha han sido elegidos al azar. Las macro maniobras han tenido lugar en Polonia, país que tan solo unos días después, el 8 y 9 de este mes de julio, va a acoger en Varsovia la XXV cumbre de la OTAN.

Conclusiones

Ha llegado el momento de enunciar nuestras conclusiones, para lo cual nos apoyaremos en algunas frases y refranes populares.

Los arboles no dejan ver el bosque: Esta frase se emplea cuando alguien no puede ver un asunto o una situación en su conjunto, porque está prestando atención a los detalles(22). De uso muy común, advierte sobre los riesgos que se derivan de centrar la atención exclusivamente sobre determinados aspectos de una realidad y no valorar la situación en su conjunto. Una obsesiva focalización en el Este podría derivar en la desatención de la amenaza que se desarrolla en el Sur, la expansión del yihadismo, a nuestro juicio mucho más real y preocupante. En la cumbre de Gales también se trató el asunto y así se contempló en la declaración final: Estamos profundamente preocupados por la creciente inestabilidad e incontenible proliferación de amenazas de carácter transnacional y multidimensional en toda la región de Oriente Medio y Norte de África(23). Sin embargo, la situación en el área sigue muy complicada y, de momento, no se atisba una solución a corto plazo, posiblemente porque resulta imposible alcanzar un consenso sobre el camino a seguir para acabar con la amenaza islamista.

Foto: "Leopard" del Ejército portugués en el "Trident Juncture 2015" cruzan el río Tajo sobre un puente flotante alemán (foto flickr.com).

A río revuelto, ganancia de pescadores: Este es un refrán que metafóricamente nos indica que del mismo modo que aparece más pesca cuando las aguas de un río se revuelven, en las situaciones confusas o cuando se producen cambios o desavenencias, hay quienes sacan beneficio aprovechando tales circunstancias(24). Parece que la caótica situación en el Norte de África y Oriente Medio beneficia a algunos pérfidos elementos ofreciéndoles un entorno de descontrol y desgobierno donde sobrevivir y crecer; terreno abonado para la expansión de la yihad por varias razones. En primer lugar, cuanto más complejo sea el escenario y más actores participen en el caos, mucho mejor, ya que resultará imposible alcanzar acuerdos sólidos o formar alianzas sinceras. Por otra parte, la guerra y la inseguridad generan flujos descontrolados de refugiados, que ya están provocando serios problemas en Europa. Finalmente, hay que señalar que para el islamismo radical los dos principales y más poderosos enemigos son Estados Unidos y Rusia tal y como reiteradamente declaran en soflamas y proclamas. Si ambas potencias se enfrentan entre sí, tanto mejor para las aspiraciones yihadistas.

En definitiva, creemos que, aunque las diferencias sean grandes, puede existir un punto de equilibrio desde donde explorar pragmáticas vías de cooperación contra el enemigo común y por ello cerramos con una cita de Sánchez Herráez: Rusia (…) como país imbricado inequívocamente en Europa (pese a su dualidad euro-asiática) comparte una cosmovisión, intereses y aspectos comunes –y amenazas comunes, como el propio Daesh– mucho mayor de lo que a priori pudiera parecer(25).

(1) La XXIV cumbre de la OTAN se celebró en Gales el 4 y el 5 de septiembre de 2014.

(2) Estados de Europa del Este actualmente en la OTAN: Albania, Bulgaria, Checoslovaquia (actualmente dividida en República Checa y Eslovaquia), Hungría, Polonia, República Democrática de Alemania (actualmente unificada en la República Federal  Alemania) y Rumania, que pertenecieron al Pacto de Varsovia; y que fueron repúblicas soviéticas, Estonia, Letonia y Lituania.

(3) NATO WSD (5 de septiembre de 2014) Wales Summit Declaration,  P.1.

(4) El nombre de Ucrania proviene del eslavo antiguo. Se trata de la unión de dos palabras, у+КpaИHa (en caracteres latinos, U+craina), que podría traducirse como en la frontera.

(5) Unos 10.000 efectivos de los 15.000 desplegados en Crimea se pasaron al Ejército ruso.

(6) Nueva Rusia es el nombre que recibieron los territorios conquistados a los turcos en el Siglo XVIII (toda la zona costera de la actual Ucrania).

(7) http://www.europapress.es/internacional/ noticia-poroshenko-declara-crimea-sido-sera-parte-ucrania-20140607094812.html

(8) Alemania, Francia, Rusia y Ucrania.

(9) Minsk I de 5 de septiembre de 2014 (protocolo complementario de 18 de septiembre de 2014) y Minsk II, de 12 de febrero de 2015.

(10) Ailsby, Christopher (1997). Waffen SS, la guardia negra de Hitler en la guerra; Editorial LIBSA, Madrid (2003). ISBN 84-7630-844-2, P. 117.

(11) Service, Robert (2004): Stalin. Una biografía; Editorial: Siglo XXI, de España Editores; Madrid (2006); ISBN 84-323-1234-7; P. 490.

(12) CIA World Factbook; 14 de junio de 2016; https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/wfbExt/region_eur.html

(13) http://elpais.com/diario/2007/05/18/ internacional/1179439204_850215.html; 18 de mayo de 2007.

(14) La batalla de Narva (línea Tannenberg) se desarrolló entre los meses de febrero y agosto de 1944. Las fuerzas del Eje resistieron durante varios meses hasta que las penetraciones rusas en otros sectores obligaron a replegar las unidades que corrían el riesgo de quedar aisladas.

(15) La batalla del Velikaya tuvo lugar en marzo de 1944. Este río –muy cerca de la frontera–  representaba la última línea defensiva de Letonia y su ruptura dejó el país a merced de los ejércitos rusos.

(16) Resolución de la Asamblea General (A/C.3/70/L.59/Rev.1.) para combatir la glorificación del nazismo, neonazismo y otras prácticas que contribuyen a exacerbar las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia.

(17) Balttiysk en Kaliningrado es la base principal de la flota rusa del Mar Báltico, de igual forma que Sebastopol en Crimea lo es de la flota del Mar Negro.

(18) NATO Response Force.

(19) Very High Readiness Joint Task Force.

(20) Former Yugoslavian Republic of Macedonia.

(21) Revista Española de Defensa (julio-agosto, 2015). Entrevista al General Adrian Bradshaw, segundo jefe del Mando Supremo Aliado en Europa. P 38.

(22) http://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ ficha.aspx?Par=58990&Lng=0

(23) NATO. Wales Summit Declaration. Issued by the Heads of State and Government participating in the meeting of the North Atlantic Council in Wales; 5 de septiembre de 2014; P 6.

(24) http://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ ficha.aspx?Par=58128&Lng=0

(25) Sánchez Herráez, Pedro (26 de mayo de 2015): Europa: Una guerra total en el ¿flanco? Sur; Instituto Español de Estudios Estratégicos; Documento de Análisis 31/2015.


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