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La Fuerza Aérea Argentina se pone a prueba en el “Larus II”

El ejercicio “Larus II 2017” ha involucrado a material y efectivos de todos los componentes de la Fuerza Aérea Argentina (FAA), que debieron trasladarse a la Base Aeronaval “Comandante Espora”, en los alrededores de la Base Naval Puerto Belgrano. En sus amplios campos de instrucción se puso a prueba la capacidad de una institución que, pese a una precariedad de medios que sigue sin resolverse, conserva  intacto  su esforzado espíritu.

Movilizarse hacia esta base tiene un especial condimento para los hombres de la FAA. No solo implica transportar toneladas de abastecimientos y personal hacia el Sur, sino que trae especiales significancias. La que fuera la más poderosa aviación de la región, la que se cubrió de gloria en el Atlántico Sur, hoy es poco más que un doloroso recuerdo. Sin embargo, su gente no se entrega fácilmente, guiada por los pocos veteranos que aún quedan y que transmiten el ejemplo a las nuevas generaciones, y los jóvenes pilotos y técnicos dan lo mejor de sí.

Este ejercicio nació en el año anterior, con el objetivo de adiestrar, calificar y evaluar al personal de las unidades aéreas y de control de radar, en las tareas de defensa antiaérea, apoyo de fuego cercano y los procedimientos de intercepción, simples enunciados para una Fuerza que casi no tiene aeronaves de caza. Pero en realidad, fue la respuesta de los mandos ante la terrible situación operacional: calificar tripulaciones y especialistas, operar en condiciones climáticas cambiantes, coordinar eficientemente todos los medios en operación. Eso lo hizo siempre la Fuerza a lo largo de su historia.

Ahora, el tema es distinto y no parece cambiar, aun con nuevas administraciones políticas que no ofenden a las instituciones, pero que tampoco traen soluciones prácticas. Años de oscuridad y la grave falta de medios llevaron a la institución en un tiempo complejo, donde se van cuadros valiosos e irremplazables, ante el panorama tétrico de bases desoladas y donde impera el desánimo y la miseria material. Este ejercicio es una respuesta rotunda ante la grave situación, dirían algunos. Para otros es un simple esfuerzo final, pero lo cierto es que los escuadrones de la FAA se movilizaron a grandes distancias para efectuar maniobras de importancia, en aéreas libres de interferencias y miradas indiscretas.

Foto: El capital humano es lo más importante.

Desde diferentes puntos del país viajaron los aviones y equipos de apoyo hasta la sureña Base Aeronaval, que los recibió con un clima inhóspito y cambiante, algo ideal para operar en tiempo y forma real, poniendo a prueba en todo momento al personal de aviadores y especialistas. Movilizar toneladas de material y desplegarlo en el terreno, volar en cualquier condición climática, lanzar armamento real y todo esto ante la atenta y dura mirada de los inspectores, fue una tarea salvadora para aquellos cuyo norte siempre ha sido volar. El entusiasmo del personal fue notorio, pese a la permanente tensión provocada por trabajar en situación casi bélica y a la continua presión de los mandos.

En movimiento

Las practicas aire-aire fueron constantes entre aviones como los Pucara y Pampa, que desarrollaron misiones de ataque con fuego real. Los  biturbohélices A-58 descendían con sus troneras ensombrecidas por los disparos, a la vez que los reactores volaban permanentemente, todo cubierto por un atmosfera de realidad pocas veces vista. A la vez, el Polígono de Isla Verde, una amplia superficie utilizada por la fuerza naval para su adiestramiento con fuego real, fue el escenario para que todas las aeronaves se pusieran a punto en el tiro aire-superficie.

Foto: Los “Pampa” operaron con bombas de Expal y ametralladoras.

Los A-4AR, los Pampa y los Pucara volaron con armamento real hacia sus blancos, donde pudieron lanzar libremente su material y ser evaluados por los inspectores en cada salida de combate. Los conocimientos profesionales, la actitud y el espíritu y el procedimiento correcto, son  evaluados en forma integral, puesto que no solo es el trabajo de un piloto sino de un equipo. Las prácticas de intercepción bajo el control de un sistema de radar, las ventanas de tiempo sobre el campo de tiro, la coordinación de las comunicaciones y las medidas de seguridad que nunca deben faltar fueron componentes diarios en los briefing y tras las actividades, en los análisis de los evaluadores.

En este ejercicio más de un aviador obtuvo su habilitación como jefe de sección, mientras que otros pasaron a un nivel superior en operaciones, todo esto bajo la atenta y molesta mirada de los supervisores, quienes calificaron al personal en forma continua. Asimismo, las medidas de seguridad fueron extremas, ya que siempre se operó con material bélico  real y en condiciones lo más parecidas a las que se puede hallar en un conflicto de grandes proporciones. Se aprovechó para convocar y trabajar con los medios contraincendios de la Policía Federal Argentina y del COAN (Comando de Aviación Naval), a los cuales se les asignaron tareas y roles ante una posible eventualidad, lo que permitió labores mancomunadas  y mejorar la interoperabilidad.

Foto: El jefe de Alistamiento saluda a una especialista de la FAA.

Los radaristas de la FAA pudieron visitar y conocer los sistemas de detección de los buques de la Flota de Mar, surtos en la Base Naval de Puerto Belgrano, para interiorizarse en las capacidades de los equipos. Fueron diez jornadas de intenso movimiento, en condiciones similares a las de un conflicto bélico verdadero, donde los Escuadrones de diversas unidades de la institución, algunas muy alejadas entre sí, se movilizaron para calificar y habilitar sus aptitudes profesionales.

El trabajo integrado, el eficaz manejo de las comunicaciones, el control aeroespacial por parte de los radaristas y un seguro apoyo en tierra no se consigue fácilmente. Requiere mucha instrucción y labores conjuntas a lo largo de tiempos extensos, donde la certeza en el manejo de material peligroso se obtiene por medio del conocimiento y la práctica. Tantos años de desinversión y desprecio político han mellado la capacidad de las instituciones castrenses, en especial de la Fuerza Aérea, que parece ser el convidado de piedra en la Defensa Nacional.

Foto: Los Pampas operaron permanentemente

Pese al esfuerzo de su personal, la capacidad operacional de la institución no es la adecuada para proveer seguridad al espacio aéreo del país, pues su material es antiguo y alejado de lo requerido para la tarea de controlar los cielos y para obtener la disuasión mínima que exige un país tan extenso como Argentina. Hacia el final del ejercicio, tras haber participado en una práctica de intervención con control de radar y observar el lanzamiento de bombas en el Polígono Isla Verde, el comandante de Adiestramiento y Alistamiento, brigadier mayor Oscar Charadia, visitó los escuadrones intervinientes, saludó al personal y festejó el Día del Piloto de Caza. Entre las carpas en el terreno y los shelters de comunicaciones, expresó su reconocimiento hacia el personal y al esfuerzo realizado, que no finalizaría allí. En horas comenzaría otro gran ejercicio en otro lugar y con la misma exigencia que involucraría a más medios y gente. En todo momento se recordó el lema de las maniobras y que podría trasuntar el presente de la fuerza, Larus II, muy lejos de su fin…


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