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República Centroafricana: un conflicto complejo

La complejidad se puede definir como un conjunto de características de aquello que se encuentra conformado por varios elementos interrelacionados entre sí y que, cuando se asocia a un problema, para su resolución habrá que escoger de entre varias soluciones variables y heterogéneas. Bajo este contexto, el conflicto que desde el año 2012 afecta a  la República Centroafricana (RCA) es un claro ejemplo de una situación compleja.

La RCA, en sus cincuenta y cinco años de historia independiente se ha caracterizado por la inestabilidad, la corrupción gubernamental, los abusos de las fuerzas militares, los conflictos sectarios y sobre todo, la pobreza y el subdesarrollo. En efecto, la débil tradición democrática del estado, con una casi inexistente representatividad fuera de la capital; el control por los recursos naturales entre los que destacan diamantes y madera; o los históricos enfrentamientos entre grupos nómadas pastorales que practican la trashumancia y comunidades sedentarias agrícolas en el norte del país, configuran las principales causas profundas de este conflicto, disintiendo con las ponencias que atribuyen el origen de este conflicto exclusivamente a las prácticas confesionales, es decir, la pugna entre cristianos y musulmanes.

La visión de dos grandes bloques, como causa de la conflictividad de los últimos años, no es más que una simplificación de un disgregado entramado de coaliciones. Por un lado, están los rebeldes del grupo armado conocido como Seleka, grupo formado por la Unión de Fuerzas Democráticas por la Unidad (UFDR), la Unión de Fuerzas Republicanas, y la Convención de Patriotas para la Justicia y la Paz. Junto a ellos combaten mercenarios de Sudán, Níger y Chad. Todos ellos fundamentalmente de religión musulmana. En el otro bando, están los Antibalaka, grupos de autodefensa cristianos cuya génesis se encuentra en la zona central del país, donde grupos tradicionales de caza fueron organizándose en la zona centro-norte del país y quienes fueron aumentando su grado de organización en oposición y protesta a las acciones de la coalición Séleka.

Si bien es cierto, las Naciones Unidas, así como otros actores regionales e internacionales, entre los que se cuentan la Comunidad Económica de los Estados de África Central (CEEAC), la Unión Africana (UA), la Unión Europea (UE) y Francia han trabajado para encontrar una solución al conflicto, es evidente que su complejidad hace muy difícil proyectar una pronta salida.

Como sucede recurrentemente en conflictos de esta naturaleza, los efectos se dejan sentir directamente en la población civil. Es así como actualmente se registran más de 450.000 refugiados que se han trasladado hacia los países vecinos de la RCA y un número similar de personas (473.000), se reconocen como desplazadas internas; un número significativo si se considera que la población estimada de RCA es de 4.6 millones. Se suma a ello, el bajo nivel sanitario del país provocando que las causas de mortalidad en la población se deben mayoritariamente a enfermedades que en otros lugares del mundo podrían curarse fácilmente.

Por otra parte, se puede apreciar el impacto devastador en la agricultura, causando gran escasez y alzas de precios de los alimentos, llegando a establecerse por parte de la FAO y el Programa Mundial de Alimentos, que la mitad de la población padece hambre. Como si esto no fuera suficiente, Naciones Unidas ha debido repatriar recientemente a más de un centenar de soldados de la República del Congo y de la República Democrática del Congo, desplegados en RCA bajo el mandato de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA), tras comprobarse abusos y explotación sexual por parte de cascos azules.

Es preciso continuar reflexionando sobre la complejidad de este conflicto -del cual nuestro país se ha hecho parte- con tal propósito, valga recalcar lo señalado por Carl von Clausewitz: la guerra es «incertidumbre, fricción y azar» y en consecuencia no permite la simplificación –ni por los militares, ni por los políticos e intelectuales– de los «complejos procesos» que se verifican en su desarrollo. (Por el Coronel Christian Bolívar Romero, Director de la Academia de Guerra del Ejército de Chile)


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