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Política de Defensa: amenazas y consenso

Si se logra ir más allá de coyunturas de partido y equilibrios electorales, la búsqueda de un consenso parlamentario en España a favor de las cuestiones de Defensa será posible. Los riesgos en materia de seguridad, nuestros intereses estratégicos y la delicada realidad geopolítica deberían fomentar un debate serio sobre estas cuestiones.

Teniendo en cuenta la actual situación parlamentaria, la política de Defensa –que va más allá de lo referente a los ejércitos- puede suponer un espacio para lograr acuerdos. Por su alcance e impacto, al ser una cuestión de Estado, los aspectos que hacen referencia a la seguridad nacional y a la protección de nuestros intereses, sí que pueden facilitar acuerdos. Nuestra realidad geopolítica y lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, implica unidad de acción y capacidad de respuesta, al margen de las disputas internas, muy sensibles en este momento. Los conflictos están muy cerca.

Los hechos ocurridos recientemente en París y en varias ciudades de la costa Mediterránea norteafricana han requerido una respuesta de Estado. Francia, Argelia, Túnez y Marruecos se han visto obligados a tomar medidas políticas, modificar la legislación y asumir su vulnerabilidad. No todas ellas ha sido bienvenidas y, de nuevo, surge el debate entre seguridad- privacidad-libertad. La imagen de tropas del ejército, como apoyo a las fuerzas de seguridad, empieza a ser parte del escenario de las calles, espacios turísticos, aeropuertos y edificios emblemáticos.

Los nuevos riesgos asimétricos en materia de seguridad, nuestros intereses estratégicos y la realidad de la comunidad internacional en que estamos inmersos, deberían fomentar un debate serio sobre estas cuestiones. En este sentido, adaptar el presupuesto, que es una necesidad señalada en los programas electorales de los principales partidos, debería transformarse en una decisión parlamentaria de consenso, orientada a buscar los medios adecuados para afrontar dichas incertidumbres.

La delicadísima situación de la región del Sahel, la amplia franja geográfica que abarca el sur del Sahara y la costa atlántica, es la frontera sur de la Unión Europea y de la OTAN. Esto hace que España tenga un protagonismo obligado, lo que implicará costes y nuevas medidas en el ámbito de defensa y seguridad. Si los riesgos son compartidos también lo serán las medidas para abordarlos. La cooperación entre instituciones políticas y agencias de seguridad e inteligencia, tanto nacionales como internacionales, aparece como la herramienta más necesaria y efectiva.

En la nueva realidad parlamentaria, tres factores decidirán el modelo a seguir para la política de defensa: la realidad geoestratégica de España, la voluntad política y social, y las capacidades económicas que se dispongan. Los medios para logarlo se expresarán en los sistemas terrestres, navales y aéreos, a los que habrá que sumar el del ciberespacio. Pero esas capacidades materiales y técnicas que se van a utilizar necesitarán de un presupuesto estable para su mantenimiento y mejora.

La Estrategia de Seguridad Nacional –documento de referencia- no puede ser más clara en sus diagnósticos, pero necesita de una voluntad mantenida en el tiempo, sin que las medidas aprobadas se vean afectadas sustancialmente por las diferencias entre sus protagonistas. Por todo ello creemos que, si se logra ir más allá de las coyunturas de partido y los equilibrios electorales, será posible buscar un consenso parlamentario a favor de las cuestiones de la Defensa.

Por Gabriel Cortina (*Analista de defensa y política exterior, dirige el think-tank “Artículo 30”)


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