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“Podemos”, hundir la industria de Defensa española

Que las ONG protesten por la venta de fragatas españolas a Arabia Saudí entra dentro de lo que debe esperarse del ADN de estas organizaciones. Fuera del altruismo que impregna estas acciones, bajando a la arena, la vara de medir los derechos humanos y el propio concepto democrático se podría mover muy libremente arriba y abajo, desde el propio Estados Unidos, donde existe la pena capital, a China, tan poco ejemplar en este y otros sentidos y cuyo apoyo financiero se busca sin reparo alguno, sin cuestionarse en qué revertirá el país los réditos obtenidos.

Conscientes de que el control de las exportaciones de armamento es una necesidad, la línea roja, concepto tan de moda en España  en los últimos meses, que separa en cierta clase política la estupidez de la exigencia de responsabilidad “ética”  al sector de la Defensa es muy fina. Muy, muy fina.

Pendientes de la firma de un contrato para proveer a Arabia Saudí de cinco fragatas del tipo Avante 2200 fabricadas por Navantia, que se materializaría en un viaje oficial al país del Rey Felipe VI, Podemos propone el embargo de armas a Arabia Saudí y acoge con satisfacción que la casa real haya postergado la visita, lo que se ha justificado oficialmente por la complicada agenda del monarca en el actual momento. 

Sería conveniente que el partido de Pabo Iglesias pusiera sobre la mesa la lista de países con los que, atendiendo a sus criterios éticos, España sí debería tener relaciones comerciales, sean del tipo que fuere, satisfaría así la curiosidad del resto de los mortales de cuantos, más allá de Venezuela, tendrían cabida en tal recopilatorio. El aterrizaje desde la burbuja intelectual a la vida real es un duro salto, ese en el que has de cuestionarte si prefieres llevarte por delante los miles de puestos de trabajo que para los astilleros españoles y su industria auxiliar supondrían, de prosperar, los acuerdos con Arabia Saudí, en pos de la defensa de unos ideales en los que, sin embargo, tienen cabida conceptos mucho más cuestionables bajo la misma óptica. Esa óptica que llevaría, por seguir la misma línea de coherencia, a desaconsejar viajar a Egipto para no alimentar sus arcas y a su ejecutivo con ingresos provenientes del turismo, ni a Irán, a quien ahora se tiende la alfombra roja, ni a París, dado que  Francia está suministrando equipamiento militar al autoritario gobierno egipcio e incluso quiere vender aviones comerciales al Gobierno de Teherán, ni a Andalucía, Madrid, o al País vasco, cuyos polos industriales proveen al fabricante de esas aeronaves. Mientras, el Ayuntamiento de Carmena no debería dar un paso por intentar salvar la operación del Edificio España con los malvados chinos, país en el que los opositores desaparecen misteriosamente. En fin…

El pasado 13 de diciembre, en plena campaña electoral, unas 5.000 personas se manifestaban por las calles de la ciudad de Ferrol para demandar contratos que posibiliten la plena actividad de los astilleros públicos situados a ambos márgenes de la ría. “Carga de trabajo” es la máxima de buena parte de la población de la Comarca ferrolana. Según el presidente del comité de empresa de Navantia, el militante de CCOO Javier Galán, los empleos habrían pasado en cuatro años desde los 6.000 a unos 1.000 a tiempo completo. Una semana después, en dicha localidad gallega, 12.423 de sus ciudadanos un 30,62% del total, votaron a la marca electoral Podemos/En marea, lo que convirtió a la coalición de organizaciones en la indiscutible segunda fuerza electoral, pisándole los talones al PP. En fin… otra vez.

En medio del fango, para terminar de pegarnos un tiro en el pié, la prensa nacional se regodea estos días con la maldad de un sector que ha hecho de un país como Arabia Saudí el gran foco de sus exportaciones. Efectivamente, el informe sobre el asunto publicado por la Secretaría de Estado de Comercio refleja que en 2015  ese país ha sido el mayor cliente de la industria militar española con 447,3 millones de euros, lo que se explica en gran medida por la entrega de los tanqueros de Airbus, los A330 MRTT, convertidos a esta versión en Getafe. Cualquier avispado se dará cuenta que frente al valor de ventas de cualquier sistema, aun siendo por cientos de unidades, el de las plataformas, por pocas que sean, aúpan, por su coste, al país destinatario en estos rankings, como en su día ocurrió con la venta de buques a Venezuela. Así las cosas, la gran apuesta política emergente para el sector de la defensa parecería aspirar a la firma de un gran contrato de tirachinas con Suiza, modelo democrático y ejemplo de bienestar social donde los haya (eso mientras no sepan que los suizos han suministrado armas a Arabia Saudí). En fin… una vez más.

 


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