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El Homo de Puigdemont versus el Homo de Junquerdenthal

Dicen algunos rumores que en el extremo delirio de la “Escola Catetolana” hubo un día no muy lejano (allá por 2010) en que los responsables de Educación del Govern (donde, a juicio de muchos, se hace gala de una extrema mala Educación) encargaron a un famoso paleontólogo (oriundo de un pueblo de Girona) la tarea de descubrir o, en caso de necesidad, inventar el rastro y legado del Homo Catalanenis. El citado Homo debía convertirse en incuestionable justificación del supremacismo genético catalán (defendido, entre otros, por Pujol, Mas o Junqueras). Incluso antes de su existencia estaba destinado a ser el padre de la patria y fundamento de la raza; tan solo debía reunir dos requisitos:

  1. Primera condición: Ser anterior al Homo Antecesor. Con ello pasaría a ser sin trampa ni cartón la especie humana más antigua de Europa y se certificaría el conocido axioma de que la cultura nació en la RPC (Républica Pleistocénica de Catalonia), que como todo el mundo sabe y su nombre índica es muy anterior y superior a las civilizaciones mesopotámicas o egipcias.
  2. Segunda condición: Ser más sabio que el Homo Sapiens. Con lo cual quedaría demostrado que los primeros y – al parecer – únicos seres inteligentes habitaron donde lo siguen haciendo, en la ANC (Arcadia Nazional-Catalanista que no debe confundirse con la igualmente ilustre Asamblea Nacional Catetolana).

Como parece ser que el antropólogo contactado tenía una cierta reputación y quería conservarla, los trabajos no avanzaron mucho y perdió su gran oportunidad, ya que el Homo Catalensis existe. El eslabón perdido estaba más cerca de lo que se pensaba como quedará demostrado en este fabulado ensayo que esperamos sea incluido, más pronto que tarde, como enseñanza obligatoria a nivel universal.

El homo catalenensis llegó a considerarse quimera, mito o fantasía y se pensaba que de su privilegiado cráneo brotaba la sabiduría en forma de estrella o “estela” (imagen 1). Sin embargo, los más eminentes sabios y prohombres de la efímera y extinta República Catetolana tuvieron tiempo de demostrar que el homo catalanensis no solo existió sino que sigue existiendo. La cuestión es que no se conserva en su estado primigenio ya que la especie mutó (y de qué forma) para dar lugar a dos sub-especies: el Hombre de Puigdemont – en adelante HdeP (imagen 2) - y el Hombre de Junquerdenthal – en adelante HdeJ  (imagen 3) -.

Ambas especies conservan algunos rasgos comunes;  así se ha demostrado que las dos se alimentan de butifarra (el HdeJ más que el HdeP) y gustan de hacer “castellets” (si bien el HdeJ, por razones de peso, no puede pasar del nivel más inferior). Aunque las dos subespecies son anteriores a la edad del hierro les gusta, a rabiar, el vil metal (al que denominan “pela”). No obstante, su rasgo común más característico es que los especímenes “alfa” han desarrollado una especial habilidad para, mediante fantásticas e irrealizables promesas y patrañas, mantener a sus congéneres en la más absoluta inopia (en su doble acepción de ignorancia y pobreza) y llevarles felices al borde de los más imponentes precipicios.

Sin embargo también existen características y hechos muy diferenciales. En el campo de la exclusividad hay que destacar algunos rasgos interesantes que recientemente se han podido certificar. Los últimos descubrimientos han demostrado que el HdeP es migratorio (especialmente cuando huele el peligro). Cuando atisba algún riesgo – sálvese quien pueda – el HdeP hace uso de su derecho a decidir y así, no ha mucho, decidió poner pies en polvorosa y siguiendo el camino español (paradojas del destino) buscó refugio en tierras flamencos. El HdeJ tiene un carácter y rasgos más troglodíticos  y parece que gusta de vivir recluido recordando, quien sabe, ancestrales episodios en esteladas cavernas.

Lamentablemente parece que ambas especies – aún procediendo de un tronco común – luchan por la supervivencia y se enfrentan por el dominio de unos territorios de caza donde intentan atraer y subyugar al sufrido Hombre de las Urnas (del cual mejor ni hablamos)

¿Quiénes serán los elegidos? ¿Los Junquerdenthales? ¿Los descendientes del Hombre de Puigdemont? ¿Quién sobrevivirá para convertirse en luz y guía de la civilización? ¿Desaparecerán ambas especies a consecuencia de su propio disparate?

Aspiramos, con este humorístico y científico ensayo, a arrojar algo de luz sobre la inusitada, auténtica y apócrifa historia del Homo Catalanensis y sobre todo a arrancar una sonrisa de todos los Homos de buena voluntad. (Eva de Lezo)


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