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Galipoli: consecuencias de una mala planificación

El 25 de abril se cumplía un nuevo aniversario del desembarco aliado en Galipoli (Turquía) durante la Primera Guerra Mundial. En 1915, la Entente puso en marcha diversas operaciones navales y terrestres para expulsar al Imperio Otomano de la guerra, idealmente en un solo golpe decisivo. La idea original de Galipoli fue del impulsivo Primer Lord del Almirantazgo británico, Winston Churchill, y la planificación inicial buscaba explotar al máximo la superioridad naval de la Entente. Sus buques de guerra neutralizarían los fuertes que custodiaban los Dardanelos y, a continuación, quedarían en condiciones de amenazar la capital turca, Estambul.

Mientras las naves de guerra bombardeaban las baterías de costa, actuaban los barreminas, en un proceso lento, toda vez que las naves de línea se retiraban durante la oscuridad para volver al día siguiente. Con todo, la fuerza naval progresaba en forma constante, pero cuando había sobrepasado los fuertes exteriores y se acercaba a la última serie de defensas en el canal, el 18 de marzo 1915, alcanzó un campo de minas recientemente establecido y no detectado.

Resultaron hundidos, varados o gravemente dañados los barcos de guerra franceses “Bouvet” y “Gaulois” y el británico “Océano”, y los cruceros británicos “Irresistible” e “Inflexible”. El almirante británico, John De Robeck, retiró su flota y el 22 de marzo se reunió con el general Ian Hamilton, a cargo de las fuerzas terrestres, confirmando que la sola acción naval no daría resultados. De esa forma, se resolvió un asalto anfibio en la península de Galipoli.

Para tan difícil tarea, Hamilton tenía a su disposición seis divisiones de ejército: la 29º División y la Real División Naval británicas, dos divisiones del Cuerpo de Ejército de Australia y Nueva Zelanda (ANZAC, Australia New Zealand Army Corps), y dos divisiones del llamado Cuerpo Expedicionario Francés del Oriente. Del 22 de marzo al 25 de abril estas unidades se concentraron en la isla de Lemnos, mientras Hamilton estructuraba un precipitado plan de asalto a Galipoli.

Contando con mala información de inteligencia sobre los turcos, y descartando un desembarco en Bulair (al norte, en el Mar de Mármara), Hamilton resolvió un asalto principal en la punta relativamente llana de Cabo Helles, a cargo de la 29º División, que desembarcaría en cinco lugares de oeste a este, llamadas las playas Y, X, W, V y S.

Paralelamente, las fuerzas francesas harían un desembarco de distracción en Kum Kale (en Asia, enfrente de la península), y el ANZAC, por su parte, desembarcaría en el único lugar posible del lado Egeo de la península (conocido actualmente como “la Ensenada ANZAC”).

El plan de Hamilton no tenía mucho sentido. Su fuerza no era suficiente para conquistar la península, y sin ello, los fuertes turcos en tierra impedían la ruta naval a Estambul. Un desembarco en Bulair podría haber cortado la península, pero las fuerzas de Hamilton era demasiado débiles para avanzar y aislar el accidentado terreno que separa Bulair de Estambul. Sólo si los turcos resolvían no hacer nada podría haber tenido éxito el plan de Hamilton. Pero, advertidos de los preparativos para un asalto anfibio, los turcos comenzaron la construcción de obras defensivas en Gallipoli, bajo el mando de un general alemán, Otto Liman von Sanders.

El 25 de abril las fuerzas de invasión se reunieron frente a Gallipoli 

Después de un bombardeo naval, comenzó el desembarco, que consistió en que lanchas a vapor remolcaban botes atestados de tropas hacia tierra, los dejaban a la deriva cerca de la costa para que luego llegaran a las playas impulsados únicamente a remo. Sólo había un buque de desembarco especializado, con aberturas en su proa para el desembarco de tropas, el viejo carbonero “Rio Clyde”, asignado a la playa V.

El ANZAC tuvo un mal comienzo, desembarcando casi 2 kilómetros al norte del lugar previsto (por razones nunca explicadas adecuadamente) zona de abruptos y  complicados acantilados. A menos que las tropas del ANZAC pudieran llegar a la cima de la alta elevación, corrían el riesgo de ser cercados y destruidos por el enemigo, que dominaba las alturas.

No obstante, las tropas del ANZAC fueron incapaces de conquistar el terreno elevado y se vieron obligados a establecer un perímetro defensivo de poca profundidad, siempre bajo la vista y el fuego del enemigo.

Mientras que los desembarcos en Kum Kale y en las playas Y, X y S de cabo Helles encontraron en general poca oposición, en las playas W y V los pocos turcos presentes opusieron tenaz resistencia, barriendo las playas de desembarco con fuego de ametralladora, con resultados devastadores. Con todo, en la tarde del 25 de abril, los aliados estaban en tierra en todas las playas.

Los turcos lanzaron su 19º División al contrataque, bajo el mando del general Mustafá Kemal (el futuro Ataturk), para tomar posiciones en los terrenos elevados.

Ayudado por falta de impulso ofensivo de Hamilton, los hombres de Kemal contuvieron a las tropas del ANZAC, pero no fueron capaces de expulsarlos de su cabeza de playa. En el cabo Helles, la 29º División, reforzada por los franceses y la Real División Naval, atacaron el poblado de Krithia, 6 kilómetros tierra adentro. Muy luego los combates llegaron a un estancamiento al igual que las trincheras del Frente Occidental (Francia), mientras los británicos se esforzaban, sin éxito, en tomar Krithia.

Para salir de la paralización, Hamilton ideó un nuevo asalto anfibio en la Bahía Suvla, los días 6 y 7 de agosto, que debía enlazarse con un ataque desde la Ensenada de ANZAC. Pero el nuevo desembarco en la Bahía Suvla logró muy poco, ya que rápidamente una fuerza al mando de Kemal bloqueó el avance británico.

Después del fiasco de Bahía Suvla, el general Hamilton fue destituido y reemplazado por el general Charles Monro, quien recomendó retirarse de una batalla perdida hacía tiempo. Entre el 10 de diciembre de 1915 hasta el 8 de enero de 1916 los británicos evacuaron Bahía Suvla, Ensenada ANZAC y Cabo Helles, sin una sola baja, el único éxito de tan nefasta campaña. Las bajas turcas alcanzaron los 300.000 y las pérdidas de la Entente fueron de 265.000. Es decir, casi 700.000 muertos por una mala decisión y una peor planificación.

Para Australia y Nueva Zelanda Gallipoli fue su bautismo de fuego y se convirtió en el símbolo de su mayoría de edad como naciones. De hecho, se celebra con gran solemnidad cada año. Para los turcos, Galipoli fue un triunfo material que salvó a su país y llevó a la fama a Kemal, que llegaría a ser el primer Presidente de la República Turca. Y para los británicos, fue una de las operaciones peor concebidas y ejecutadas de toda su historia militar moderna. Cabe agregar que en mayo de 1915, Churchill fue reemplazado y enviado a un puesto menor en el gabinete. Sin embargo, este episodio le persiguió durante décadas. Cuando Churchill se ponía de pie para hablar en la Cámara de los Comunes sus oponentes políticos le enrostraban “Recordad los Dardanelos”. (Dr. Hugo Harvey P.)


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