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Cataluña y la raza superior: Fundamentos de la teoría catalaNA-ZI

Los postulados y procedimientos de los independentistas catalanes vienen siendo objeto de continua y acertada comparación con los que en su día emplearon los nazis alemanes. Las analogías y alegorías son cada vez más finas y abundantes, como así lo atestiguan las diversas composiciones y comentarios que circulan por la red. Hoy hemos elegido un par de imágenes en las que se compara a Carlos Picodemonte, “Führer” de la Cataluña secesionista, con Adolf Hitler, “Führer” de la Alemania nazi. Sobre esta base efectuaremos unas consideraciones sobre las afinidades que pueden apreciarse entre algunos fundamentos teóricos del nacionalcatalanismo y del nacionalsocialismo.

«La mezcla de sangre y, por consiguiente, la decadencia racial es la única causa de la desaparición de viejas culturas: pues los pueblos no mueren como consecuencia de guerras perdidas, sino debido a la anulación de aquella fuerza de resistencia que sólo es propia de la sangre incontaminada.» (P.180) Adolf Hitler . “Mein Kampf” (1925). Edición Electrónica Jusego-Chile (2003)

En el Siglo XIX, a raíz de los descubrimientos de Darwin, tuvieron gran predicamento las teorías evolutivas basadas en factores biológicos que determinaban la supervivencia y adaptación de determinadas especies. Friederich Ratzel  observó y defendió, con matizaciones, la existencia de ciertos paralelismos entre la lucha por la supervivencia que se produce en el mundo animal y la que se produce en las sociedades humanas. Posteriormente Karl Haushofer  retorció estas teorías adaptándolas a la ideología nazi para justificar el derecho de la raza aria a expandirse y ejercer un señorial dominio sobre otros pueblos genéticamente inferiores. Peligrosa idea que a la postre acabaría desencadenando la II Guerra Mundial.

El nacimiento del nacionalismo catalán, a finales del siglo XIX, se produjo en este contexto y es por tanto contemporáneo a los postulados darwinistas que, interpretados de forma tendenciosa, dieron lugar a teorías racistas de muy diversa índole. La más triste y trágicamente famosa aplicación del racismo extremo tuvo lugar en la Alemania Nazi. Hitler se hizo eco de estas ideas dejando constancia de ello en su obra “Mein Kampf” (Mi lucha) comenzada en 1925 durante su estancia en la prisión de Landsberg. 

«Es en nosotros, los arios - raza que fue y es el exponente del desarrollo cultural de la Humanidad- donde se verifica todo eso con mayor claridad. A medida que el Destino nos proyecta a situaciones especiales, las facultades que poseemos comienzan a desenvolverse y a hacerse manifiestas […] Una de las condiciones más esenciales para la formación de culturas elevadas fue siempre la existencia de elementos raciales inferiores, porque únicamente ellos podían compensar la falta de medios técnicos, sin los cuales ningún desarrollo superior sería concebible.»  (P. 179) […] «El judío es y será siempre el parásito típico, un bicho, que, como un microbio nocivo, se propaga cada vez más, cuando se encuentra en condiciones adecuadas. Su acción vital se parece a la de los parásitos de la Naturaleza» (P.185) Adolf Hitler “Mein Kampf” (1925). Edición Electrónica Jusego-Chile (2003)

¿Pudo el nacionalcatalanismo inspirarse en el nacionalsocialismo? Pues debemos contestar con un rotundo “NO” - todo lo contrario - hay un grupo de fervientes teóricos del nacionalismo catalán - muy anteriores a la fundación del partido nazi (1920) - que ya en el Siglo XIX dejaron constancia de su exacerbado, pueblerino e irracional racismo. Sin ánimo ni posibilidad de ser exhaustivos hagamos un breve repaso a los más reconocidos y celebrados ancestros decimonónicos del actual independentismo.

Valentí Almirall (1841-1904). Político, abogado y periodista puede considerarse uno de los padres del nacionalismo catalán. Este personaje se vio influido por las corrientes evolucionistas y organicistas de la época; asumió los postulados racistas y los trasladó al movimiento nacionalcatalanista. Almirall  postulaba la presunta superioridad de una inventada y fantástica raza catalana que debía preservarse pura frente a los inferiores seres humanos nacidos en la lejana Castilla.  «La raza que ha sido y sigue siendo la predominante, la castellana, es impotente para levantar la nación». «Los defectos que muestra [la raza catalana] le han sido contagiados; para regenerarse ha de deshacerse de todo lo postizo que le ha sido impuesto».

Domènec Martí i Julià (1861-1917). Psiquiatra de profesión, fue otro de los precursores del independentismo y firme defensor de las teorías racistas.  Mantenía que el hecho diferencial catalán tenía una indiscutible base biológica y animaba a poner en práctica de una especie de higiene social para mantener la pureza racial. Según el ínclito doctor Martí, el catalán puro debía evitar el contacto con otras razas ya que estas corromperían su superior genética. «Los degenerados y productos de razas inferiores - y además, decadentes - que se han introducido en Cataluña ejerciendo la acción desorganizadora que en todas partes realizan los elementos biológicos degenerados»

Pompeu Gener i Babot (1848-1920). Periodista y uno de los más “ilustres” teóricos del nacionalismo racial catalán. Este iluminado y desequilibrado individuo es uno de los que más insistentemente defendió el supremacismo racial con desfachatez y vehemencia. Sus escritos, anteriores y en desatino no inferiores a los del propio Hitler, no tienen desperdicio.  «Así somos catalanistas y no regionalistas, porque el regionalismo supone iguales derechos y por tanto iguales energías y organización en todas las regiones y eso es falso. [...]  Y soñamos en un imperio intelectual y moral mediterráneo, por nuestra influencia sobre las demás naciones latinas, sin que las durezas e ignorancias castellanas  nos desvíen […] La atmósfera de Madrid es pobre en helio y argón, y en sus aguas faltan el krypton, el neon y el xenón, de forma que en Madrid la inteligencia tiene que funcionar mal por fuerza, por la deficiente nutrición del cerebro. En breve produce una raza inferior […]

En el centro y en el Sur, exceptuando varias individualidades, hemos notado que, por desgracia, predomina demasiado el elemento semítico, y más aún el presemítico o bereber con todas sus cualidades: la morosidad, la mala administración, el desprecio del tiempo y de la vida, el caciquismo, la hipérbole en todo, la dureza y la falta de medios tonos en la expresión, la adoración del verbo […]  Nosotros que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores, ni de las tendencias, y por lo tanto tenemos un orgullo en disentir de ellos, en diferenciarnos de tales mayorías, en ser heresiarcas ante una tal ortodoxia» (Pompeu Gener i Babot)

Joaquim Lluhí i Rissech (1886-1929). Abogado y político continuador de la línea que inspira el catalanismo secesionista sobre la base de una supuesta superioridad racial.  «La autonomía es una idea simpática a los elementos de la raza aria de España (los catalanes) y es terriblemente antipática a los elementos de la raza semítica (los castellanos) […]   Los zulúes, los castellanos y los antropófagos tardarán algunos siglos en disfrutar los frutos de un positivo bienestar social, pues estas razas de espíritu regresivo son refractarias al progreso humano. […]   El nacer en tierras castellanas y ser tonto de necesidad es una misma cosa. […]  Hay demasiada sangre semítica y bereber esparcida por la península…»

Así y, visto lo visto, queda demostrado que no fueron los nacionalsocialistas alemanes los primeros en teorizar y sistematizar tan inhumanas y repugnantes ideas. Este mérito hay que atribuírselo – en el Siglo XIX - a los nacionalcatalanistas; un grupo de visionarios que, una vez más, supieron situarse a la vanguardia de la infamia y el despropósito. Pues a pesar de todo, esta caterva de perversos iluminados tienen en el momento presente el reconocimiento y admiración de los partidos independentistas y del propio Govern de la Generalitat. Así, son ensalzados como héroes y padres de la patria catalana (a ninguno falta monumento, calle o parque en la idílica y quimérica Arcadia de la sardana y la butifarra) y su pensamiento y obra son objeto  preferente de enseñanza y sólida base para el pertinente adoctrinamiento.

Los anteriores ejemplos podrían ampliarse con un buen número de otros  teóricos del supremacismo catalán que, imbuidos de las teorías darwinistas, propugnaban que su superior raza debía permanecer pura y ejercer su natural dominio sobre otras de inferior calidad y dignidad. Así, según estos autores, la naturaleza exige que el fuerte se imponga al débil, que el catalán se imponga a los seres inferiores de otras tierras. Estos descabellados pensamientos de finales del siglo XIX y principios del XX han sido superados en la mayoría de los países civilizados; lo grave es que en la comunidad autónoma de Cataluña todavía NO.

El nacionalcatalanismo – la superioridad de la raza catalana – sigue teniendo sus partidarios y defensores. No obstante, dejaremos este asunto para una segunda entrega donde nos centraremos en las brillantísimas ideas que sobre raza y genética mantienen algunos políticos catalanes contemporáneos; a saber Jordi Pujol y Oriol Junqueras (paradigmas raciales donde los haya). En principio algún mal intencionado podría pensar ¿Cómo se atreven semejantes criaturas a hablar sobre raza y genética? ¿Carecen sus cuartos de baño de espejos o tal vez los visitan en muy rara ocasión?  Pues de momento dejaremos estas cuestiones en el aire para buscar respuesta en nuestra ya anunciada segunda entrega. (Eva de Lezo)


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